(Noviembre 2000) La mayor parte de la radiación solar atraviesa la atmósfera terrestre para calentar el planeta. La superficie de la Tierra, a su vez, refleja esta energía de regreso al espacio en forma de radiación infrarroja (calor). Ciertos gases presentes en la atmósfera, como el dióxido de carbono y el vapor de agua, absorben y vuelven a emitir esta energía, lo que hace más lento el proceso de liberar la energía solar de vuelta al espacio. Este proceso natural que atrapa el calor hace que la superficie del planeta se mantenga más caliente de lo que se mantendría de otro modo, haciendo que la misma provea un mejor ambiente para la vida.

Durante los últimos dos siglos, todo tipo de actividad humana, desde el impulso de motores de vapor hasta la navegación por la "red mundial de informática", ha contribuido a este efecto de "invernadero". La revolución industrial, particularmente el amplio uso de combustibles fósiles como petróleo y carbón, ha conducido a la liberación de enormes cantidades de gases que absorben el calor hacia la atmósfera. Los cuatro gases de invernadero cuyas concentraciones en la atmósfera se ven más afectadas por actividades humanas son:

  • Dióxido de carbono o CO2 (generado por la incineración de desechos sólidos, madera y productos de madera, así como de combustibles fósiles como petróleo, gas natural y carbón)
  • Metano o CH4 (emitido por el ganado o por la descomposición de materias orgánicas en los rellenos municipales para desechos sólidos)
  • Óxido nitroso o N2O (generado por la combustión de combustibles fósiles y desechos sólidos)
  • Clorofluorocarbonos (denominados también CFC, fabricados por la industria para su uso en refrigerantes materiales de aislamiento).

Las emisiones mundiales de dióxido de carbono de actividades humanas han aumentado por un factor de más de 1000, de 660 millones a 931 mil millones de toneladas métricas entre 1795 y 1995, según el Centro de Análisis de Información sobre el Dióxido de Carbono (CDIAC, por sus siglas en inglés) del Departamento de Energía de EE.UU. Como resultado, las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera han aumentado sustancialmente durante los últimos dos siglos.

Las implicaciones del aumento en los niveles de gases de invernadero en la atmósfera han recibido una gran cantidad de atención científica durante la última década. Para evaluar la cantidad creciente de material de investigaciones científicas, técnicas y socioeconómicas acerca de los efectos que tiene el aumento de las concentraciones de gases de invernadero en el clima, la Asociación Meteorológica Mundial y el Programa Ambiental de las Naciones Unidas crearon conjuntamente el Panel Intergubernamental sobre Cambios del Clima (IPCC, por sus siglas en inglés) en 1988. En 1995, el IPCC concluyó en su Segundo informe de evaluación que "el balance de la prueba sugería una influencia humana notable sobre el clima mundial", una determinación que ayudó a conducir al establecimiento de metas de emisiones en el Protocolo de Kioto.

El Tercer informe de evaluación del IPCC —completado en octubre de 2000— citó "evidencia más pronunciada" que nunca de la relación entre actividades humanas y cambios del clima. También planteó que los gases de invernadero de manufactura humana probablemente ya han "contribuido sustancialmente al calentamiento observado durante los últimos 50 años". El IPCC también revisó su estimado de la cantidad de calentamiento mundial que es posible en el futuro: Si no se reducen las emisiones de gases de invernadero, puede esperarse que las temperaturas promedio de la superficie de la tierra aumenten en 1,5 a 6,1 grados centígrados (2,7 a 11 grados Fahrenheit) para 2100, sustancialmente más de lo que estimó el panel en su informe de 1995.

Aunque es posible que esta cantidad de cambio en la temperatura no suene catastrófica, el impacto en las poblaciones humanas y en los ecosistemas naturales sería de gran significado. Tal aumento en la temperatura mundial probablemente conduciría a un aumento de 15 a 95 centímetros (casi 7 a 37 pulgadas) en el nivel del mar o aún más, ocasionando daños a muchas comunidades costeras. El calentamiento mundial también estaría acompañado de patrones de clima más severos, olas de calor y sequías más graves. Según indicó la evaluación más reciente, es posible que los cambios ya estén en marcha: La Administración Oceanográfica y Atmosférica Nacional de EE.UU. informó en 1998 que cada uno de los primeros ocho meses de ese año fue el más caliente desde 1880, cuando primero se registraron las temperaturas promedio mundiales.


Bingham Kennedy, Jr. es ayudante de redacción, Population Reference Bureau.