(Marzo 2001) Las bases de datos internacionales más recientes sobre las normas de la población han minimizado la importancia del crecimiento mundial de la población, aunque ésta continúa creciendo rápidamente en muchas partes del mundo. Las primeras normas sobre la población fueron impulsadas principalmente por el temor de que el crecimiento rápido de la población pudiera impedir el progreso socioeconómico. Estas inquietudes salieron a relucir durante un período de crecimiento en la población sin precedentes que comenzó en la década de 1950 en países menos desarrollados, comenzando lo que con frecuencia se le llamó la "explosión de la población". En estos países, la disponibilidad de métodos modernos de atención de salud, mejoras en la nutrición y la expansión de redes de transportación, entre otros factores, contribuyeron a descensos rápidos en la mortalidad. El índice de fertilidad permaneció relativamente alto. A medida que el número de nacimientos excedía el número de muertes por márgenes cada vez mayores, la población de países menos desarrollados se incrementó de 1.7 mil millones en 1950 a 4.9 mil millones en 2000. La población en países más desarrollados aumentó de 0.8 mil millones a 1.2 mil millones durante el mismo período de tiempo. Aunque se espera que el total en países más desarrollados disminuya levemente para 2050, el número continúa creciendo en países menos desarrollados y se proyecta que sobrepasará los 8 mil millones para 2050. La población mundial se incrementará de 6 mil millones en 2000 a 9 mil millones para 2050.

El índice de crecimiento de la población alcanzó su punto más alto en la década de 1960 y luego comenzó a disminuir lentamente a medida que los niveles de fertilidad decrecieron en muchas regiones del mundo. Entre 1960 y 1990, los avances económicos y sociales reforzaron la idea de que las parejas podían controlar el tamaño de sus familias y de que era preferible tener familias más pequeñas. La expansión en la educación y en las oportunidades de empleo para las mujeres animó el establecimiento tardío de matrimonios y demoró la procreación. Esto a su vez hizo lento el paso del crecimiento en la población.

Las políticas de las poblaciones y los programas de planificación familiar fueron contribuyentes importantes de los amplios descensos de la fertilidad. Estos programas fomentaron un mayor acceso a anticonceptivos modernos y les permitieron a las parejas controlar el momento de la procreación con más eficacia que nunca antes.


Figura
La población mundial y el índice de crecimiento en la población, 1950–2050

Fuente: Naciones Unidas, World population prospects: the 2000 revision (próximamente año 2001).


Algunos países en el este y sudeste de Asia y en Latinoamérica experimentaron desarrollos económicos robustos durante este período. Los gobiernos en algunos de los países más grandes, inclusive China, Indonesia, Tailandia y México, también contaban con normas explícitas para el crecimiento en la población al promover la creación de familias más pequeñas. La fertilidad bajó rápidamente en muchos de estos países.

La marcada disminución en la fertilidad en algunos países de Asia y Latinoamérica, así como en países más desarrollados, ha llevado a algunos observadores a declarar que la "explosión en la población ha finalizdo".1 Sin embargo, existen dos mundos paralelos: uno en donde la fertilidad es baja y disminuye a medida que avanza el desarrollo económico, y otro en donde la fertilidad permanece alta y la mayoría de la población está sumergida en la pobreza.

El promedio de hijos en las parejas en los Estados Unidos es de alrededor de dos niños por cada una, el número requerido para simplemente reemplazar a cada pareja en la población y evitar el crecimiento a largo plazo. La mayor parte de las sociedades industrializadas ahora tiene un promedio de menos de dos hijos por pareja y algunos países van en camino a una disminución en la población. Algunos de los países más grandes y menos desarrollados, por ejemplo, China, Corea del Sur, Tailandia y Brasil, también tienen índices promedios de fertilidad de alrededor de dos hijos o menos. En la década de 1990, las revisiones de las Naciones Unidas con respecto a las proyecciones del crecimiento en la población en dos ocasiones fueron más bajas. Esto se hizo a fin de tomar en cuenta las disminuciones rápidas e inesperadas de fertilidad en varias regiones. Este crecimiento retrasado ha contribuido a comentarios tales como "demasiados pocos bebés están emergiendo como una preocupación mayor en muchos países, no todos ellos ricos, sino demasiados de ellos".2

Esta perspectiva ignora la población del "segundo mundo" que consiste de países en la región subsahariana de África, el sur de Asia y otros lugares, en donde la fertilidad (y la mortalidad) todavía permanecen relativamente altas. Tampoco considera el efecto del ímpetu en la población. Las décadas de crecimiento acelerado han dado lugar ahora más que nunca a un número mayor de hombres y mujeres jóvenes en edad de tener hijos, y justamente detrás de ellos hay otra generación de niños que entrarán en la edad de tener hijos en la próxima década. Esta enorme generación de jóvenes proporciona el ímpetu para un crecimiento de población continuo a lo largo del siglo XXI, aunque es más probable que las parejas tengan menos hijos que las generaciones anteriores. La población mundial alcanzó los 6 mil millones de habitantes en 1999 y puede exceder los 9 mil millones para el 2050, si se da por sentado que el tamaño de la familia promedio se reduce del número actual de 2,8 hijos por mujer, a 2,1 para el 2050.

El crecimiento en la población se detendrá posteriormente si la fertilidad se reduce mundialmente a un promedio de dos hijos ("fertilidad a nivel de reemplazo"). Los nacimientos compensarían el número de muertes, lo que da lugar a un tamaño estable de la población. Pero para alcanzar la fertilidad a nivel de reemplazo se requiere un acceso amplio a métodos de planificación familiar y transformaciones sociales mayores en algunos países. En las regiones de más pobreza, las mujeres tienen en promedio cinco o seis hijos. En India, el segundo país más grande del mundo, la fertilidad se redujo sustancialmente durante las décadas pasadas, pero permanece en 3,2 hijos por pareja, un nivel mucho más alto que el nivel de reemplazo. Aun cuando los países alcanzan el nivel de reemplazo, el ímpetu en la población garantiza un crecimiento futuro. Por ejemplo, China ha tenido un promedio de dos hijos o menos por alrededor de una década, sin embargo el ímpetu proporcionado por la estructura de edades significa que nacieron 11 millones más de personas de las que fallecieron cada año en la década de 1990. A los niveles actuales de fertilidad, la población de China continuará creciendo hasta alrededor del 2030, según las proyecciones de las Naciones Unidas.

Cuando los artículos en los medios de comunicación alternan entre "la explosión en la población" y "la escasez de nacimientos" es más probable que el público se confunda y las personas encargadas de formular normas podrían cuestionar la necesidad del establecimiento de normas y programas para la población. Las conferencias recientes de las Naciones Unidas han echado a un lado el problema del rápido crecimiento en la población (y el ímpetu de la población) y lo exponen como un problema de mejoramiento de salud y bienestar individual. La pregunta que queda es si aquéllos encargados de formular normas invertirán las sumas necesarias para mejorar la salud y el bienestar individual si perciben o no una crisis en la población.


Lori Ashford es analista superior de normas del Population Reference Bureau.


Referencias

  1. Ben Wattenberg, "The population explosion is over", New York Times Magazine, 25 noviembre 1997.
  2. "The empty nursery", The Economist, 23 diciembre 2000. consultado en línea en www.economist.com, 26 enero 2001.