(Enero 2001) ¿De qué manera pueden contribuir los problemas ambientales a los disturbios civiles y la violencia? Es una conexión complicada y que conlleva varios pasos y procesos. Las investigaciones bajo la dirección de Thomas Homer-Dixon en la Universidad de Toronto se han concentrado en determinar cómo la escasez ambiental conduce a ciertos efectos sociales desestabilizadores que aumentan las probabilidades de violencia.

La escasez ambiental se refiere a la disminución de los recursos naturales renovables que están disponibles, como el agua fresca o el terreno. Hay tres maneras básicas en las cuales dicha escasez puede suscitarse:

  • Escasez provocada por la demanda: El crecimiento de la población o el aumento en los niveles de consumo disminuyen la cantidad de recursos naturales limitados que están a la disposición de cada persona. Por ejemplo, la población del África subsahariana aumentó de 177 millones en 1950 a 657 millones en 2000, disminuyendo la cantidad de terreno y agua fresca disponible para una persona promedio. En el caso de Ruanda, las presiones demográficas crearon una escasez ambiental extrema que desempeñó un papel en el genocidio de 1994.
  • Escasez provocada por la oferta: El deterioro ambiental disminuye la cantidad general de un recurso natural limitado, disminuyendo así la cantidad disponible para cada persona. En el oeste de China, el pastoreo excesivo en partes del Altiplano de Qinghai-Tibet se ha combinado con la sequía para degradar la valiosa capa fértil del suelo durante varios años pasados. Los científicos chinos calculan que 900 millas cuadradas de terreno de la región se degradan a tierra desértica cada año. Como resultado, los pastores y agricultores encuentran que ganarse la vida en el área es cada vez más difícil.
  • Escasez estructural: El acceso desigual a los recursos naturales en una sociedad particular hace que grandes segmentos de la población carezcan de los mismos. En Sudáfrica, el sistema de apartheid hizo que los blancos tuvieran control del 87 por ciento del terreno, mientras que los negros (casi el 75 por ciento de la población del país) vivían en áreas restringidas que representaban sólo el 13 por ciento del terreno. Además, los recursos estaban distribuidos desigualmente dentro de las áreas restringidas, ya que las elites locales controlaban el acceso a las tierras productivas para el cultivo y el pastoreo.

En algunos casos, es posible que fuentes de escasez ambiental distintas interactúen, empeorando el problema:

  • Captura de recursos: Cuando un recurso se vuelve relativamente escaso; digamos, a causa del crecimiento de la población, a menudo se vuelve más valioso. Es posible que este aumento de valor motive a grupos poderosos dentro de la sociedad a acaparar más el recurso, haciendo que el mismo escasee aún más. De esta manera, la escasez inducida por la demanda resultante de un aumento de la población podría conducir a que aumente la escasez estructural como resultado de los esfuerzos por monopolizar el recurso.
  • Marginalización ecológica: Cuando escasean recursos vitales como el terreno fértil debido al crecimiento de la población al acceso desigual, las personas que sufren a causa de la carencia a menudo se mudan a áreas ecológicamente sensibles como laderas, selvas tropicales húmedas y áreas que corren el riesgo de tornarse desérticas. El aumento de la población en esas áreas, en combinación con prácticas no sustentables de uso de terrenos, conduce al deterioro ambiental y a mayor escasez.

Las Filipinas es uno de muchos países donde la marginalización ecológica ha tenido lugar. Las altas tasas de crecimiento de la población —más del 2 por ciento por año— han hecho que los terrenos de labranza de las fértiles tierras bajas estén relativamente escasos. Esto ha forzado a muchos agricultores a mudarse a las tierras altas que son menos productivas. Esta migración también se ha visto fomentada por el hecho de que la tenencia de terrenos en las tierras bajas se encuentra en manos de una elite compuesta de unos cuantos latifundistas. A medida que procedió la migración de las tierras bajas a las tierras altas, el aumento del cultivo de tierras altas, que eran frágiles desde el punto de vista ecológico, condujo a la erosión y al deterioro ecológico, disminuyendo aún más la disponibilidad de tierras de labranza.

Estas variadas formas de escasez ambiental pueden conducir a un número de efectos sociales posiblemente desestabilizadores, específicamente:

  • producción agrícola más baja
  • estancamiento o decadencia económica
  • migraciones de áreas donde escasean los recursos a áreas donde se percibe una oportunidad
  • instituciones gubernamentales debilitadas

A pesar de que el proceso específico varía según el caso, la experiencia de Paquistán durante las últimas dos décadas lo ilustra. El rápido crecimiento de la población, el deterioro ambiental y las prácticas ineficaces condujeron a una gran escasez de tierras de labranza y agua a principios de la década de los 90. Esta escasez, en combinación con la propagación de tecnologías agrícolas que favorecían a los latifundistas, ayudó a concentrar el terreno valioso en las manos de la elite económica y militar del país (es decir, captura de recursos). Como resultado, a pesar de que la producción agrícola y la economía nacional continuaron creciendo, los beneficios de este crecimiento no se distribuyeron equitativamente y la desigualdad de ingresos ha aumentado. Los residentes de áreas rurales afectadas por la pobreza han invadido las ciudades en búsqueda de trabajo, uniéndose a refugiados de Afganistán y trabajadores que regresan del extranjero. El flujo de inmigrantes ha inundado los servicios municipales en ciudades como Karachi, donde las tasas de crecimiento de la población sobrepasaron el seis por ciento a mediados de la década de los 90. A principios de esa misma década, se estimaba que el 41 por ciento de la población de Karachi residía en arrabales y la escasez frecuente de agua y electricidad empeoraba las tensiones entre esas comunidades y otras más establecidas de la ciudad.

Los efectos sociales perturbadores como estos, a su vez, pueden conducir a la violencia dadas ciertas condiciones. Si las tensiones entre los grupos de una sociedad son altas, la migración y la privación relativa pueden ser una mezcla bastante explosiva. En Paquistán, los conflictos étnicos se convirtieron en un problema urbano bastante grave a medida que el flujo de inmigrantes alteraba el balance étnico de las ciudades. El resultado ha sido una violencia urbana inveterada pero difundida que ha estado hirviendo desde mediados de la década de los 80. Por ejemplo, la tasa de homicidios en Karachi aumentó a más del doble entre 1990 y 1994, y los ataques a las oficinas municipales —particularmente a los servicios públicos de suministro de electricidad y agua— se convirtieron en algo común.

En resumen, la relación entre la escasez ambiental y la violencia civil es indirecta pero importante. La escasez ambiental nunca es la única causa de los conflictos, pero a menudo es un factor que los empeora o que contribuye a los mismos. Los esfuerzos futuros de prevención y resolución de conflictos deben tomar en consideración el papel que desempeña la escasez ambiental, y deben perseguirse intervenciones adecuadas para evitar la escasez inducida por la demanda, la oferta o la estructura.


Bingham Kennedy, Jr. es ayudante de redacción del Population Reference Bureau.