(Enero 2001) Recientemente, PRB entrevistó al Dr. Thomas Homer-Dixon, Director del Programa de Estudios sobre la Paz y los Conflictos de la Universidad de Toronto. Las investigaciones del Dr. Homer-Dixon han alcanzado reconocimiento a nivel internacional porque plantean la relación entre la escasez ambiental, la población y la violencia civil en los países menos desarrollados. Él es autor de Environment, Scarcity, and Violence (El ambiente, la escasez y la violencia) (1999) y es coredactor (con Jessica Blitt) de Ecoviolence: Links among Environment, Population, and Security (La Ecoviolencia: La relación entre el ambiente, la población y la seguridad) (1998). También ha publicado numerosos artículos sobre el tema, incluso "Environmental Scarcities and Violent Conflict: Evidence from Cases" (La escasez ambiental y el conflicto violento: Prueba de casos) en la revista International Security (Verano 1994) y "The Ingenuity Gap: Can Poor Countries Adapt to Resource Scarcity?" (La brecha de ingenuidad: ¿Pueden los países pobres adaptarse a la escasez de recursos?) en la revista Population and Development Review (septiembre 1995). Su libro más reciente, The Ingenuity Gap (La brecha de ingenuidad), examina cómo las sociedades lidian con el estrés complejo, incluso con los cambios ambientales rápidos.

En colaboración con varios colegas, el Dr. Homer-Dixon ha desarrollado un modelo de la relación entre la escasez de recursos renovables como el agua y el terreno por un lado, y, por otro lado, el estallido de conflictos violentos dentro de los países. Esencialmente, el modelo plantea cómo la escasez ambiental contribuye a ciertos efectos sociales desestabilizadores que incrementan la probabilidad de conflictos violentos.

PRB: ¿Qué lo impulsó a hacer de la relación entre la escasez ambiental y los conflictos violentos el enfoque de sus investigaciones durante la mayor parte de la década de los 90?

Homer-Dixon: Siempre me habían interesado los asuntos ambientales por un lado, y, por otro, el estudio de conflictos, así que naturalmente me atrajo la coincidencia de estas dos áreas. Además, me estaba adentrando en ello justo después de la caída de la Unión Soviética, así que había oportunidad de pensar en nuevos planteamientos de seguridad. Eso no quiere decir que el tipo de conflicto que estamos contemplando sea nuevo; de hecho, ha existido durante bastante tiempo. De hecho, algunos de los estudios de caso que realizamos estudiaron conflictos —por ejemplo la "Guerra del Fútbol" en El Salvador— que antecedieron al fin de la Guerra Fría.

PRB: ¿Tiene usted una definición funcional del término "seguridad ambiental"?

Homer-Dixon: No. Yo evito usar ese término porque me parece que se presta demasiado a malas interpretaciones. Mis investigaciones se han concentrado en la relación entre el estrés ambiental y tipos específicos de violencia —particularmente insurrecciones, contiendas étnicas y rebeliones. Definimos el estrés ambiental en términos de la escasez ambiental que resulta del deterioro ecológico, el crecimiento de la población o el acceso desigual a los recursos naturales. Pero me he mantenido alejado de tratar de definir la "seguridad ambiental". La seguridad puede definirse de cualquier manera que se desee, y yo encuentro que nuestros intentos de redefinir o expandir el concepto de seguridad a menudo resultan en un término que es tan abarcador que no es muy útil.

PRB: Usted ha participado en muchos estudios de casos distintos que han examinado las maneras en que la escasez de recursos naturales vitales, como las tierras de labranza, pueden conducir a conflictos violentos dentro de los países. En su opinión, ¿dónde han surgido las conexiones más claras entre la escasez y la violencia?

Homer-Dixon: Pienso que hay muchos casos que podrían señalarse y no me gustaría resaltar uno sobre los demás. También depende de qué tipo de violencia civil estemos hablando. Si hablamos de conflictos étnicos, entonces, uno de los casos más claros es el movimiento en masa de personas de Bangladesh hacia el estado de Assam en India durante la década de los 70 y principios de la década de los 80, que subsiguientemente condujo a una violencia horrible durante la década de los 80. En cuanto a un ejemplo más reciente, se ha vuelto evidente que las presiones de población y la escasez de terreno fueron factores agravantes que contribuyeron al genocidio en Ruanda a mediados de la década de los 90. Sin embargo, estos no son ejemplos aislados, yo no quiero resaltar uno a expensas de los demás. La intención es ilustrar una tendencia más amplia. Podría hablar igual de fácilmente acerca de cómo la escasez ambiental ha contribuido a la violencia civil en Perú, las Filipinas, Kenia, El Salvador, Paquistán o muchos otros países.

PRB: ¿Es el modelo de conflicto relacionado con la escasez elaborado por usted el único modelo disponible para hablar acerca de cómo se relacionan los asuntos ambientales con los conflictos violentos?

Homer-Dixon: Gunther Baechel en Alemania también ha hecho algunos trabajos interesantes. Pero su trabajo no es muy distinto al nuestro —se trata mayormente de distintos enfoques para clasificar cosas. No hay muchas otras personas que hayan contemplado este problema desde un punto de vista teorético. Por supuesto, otros científicos sociales han criticado nuestro modelo, pero los críticos no han presentado sus propios modelos.

PRB: ¿Qué significa su modelo para las personas encargadas de formular políticas? ¿Dónde se encuentran las oportunidades de intervención en la progresión de la escasez ambiental hacia la violencia?

Homer-Dixon: Cada caso es distinto, pero hay unos cuantos puntos generales que deben tenerse en mente. Primero, es mejor intervenir lo más temprano que sea posible. Si se espera hasta que haya estallado el conflicto, el problema ya estará demasiado arraigado para poder resolverse fácilmente. Los conflictos que surgen de la escasez ambiental tienden a ser crónicos y difundidos, y ese es precisamente el tipo de conflicto que tenemos dificultades para administrar. Estos conflictos prolongados también pueden socavar la habilidad de los gobiernos de administrar la sociedad, lo que por supuesto empeora la situación.

No hay una "solución mágica" particular que resolverá estos problemas. Las causas subyacentes de estos conflictos son complejas, y pueden incluir problemas como cargas financieras debilitadoras, desigualdad social, crecimiento rápido de la población y prácticas agrícolas no sustentables. Por lo tanto, los encargados de formular políticas tienen que responder mediante un conjunto de respuestas amplias e integradas a todo nivel, desde las relaciones internacionales hasta la comunidad local.

Tercero, los gobiernos no tienen que lanzar programas de gran intensidad económica para lidiar con estos problemas. En lugar de ello, los funcionarios pueden incrementar su apoyo a organizaciones no gubernamentales que estén ayudando a rehabilitar los recursos ambientales, o dedicar más recursos a actividades como la realización de investigaciones de cosechas que puedan cultivarse en suelos erosionados.

Cuarto, hay otros motivos por los que vale la pena establecer muchas de las soluciones que alivian la escasez ambiental. Las medidas como el alivio de la carga de deudas y el desarrollo del capital humano se pregonan ampliamente como medidas importantes para fomentar el crecimiento económico en las comunidades pobres en todo el mundo.

También vale la pena recordar que la escasez ambiental, por sí sola, nunca crea la violencia. Interactúa con lo que yo denomino factores contextuales, y algunos de ellos están sujetos a influencias. Por ejemplo, los encargados de formular políticas deben intentar garantizar que los precios reflejen de manera exacta el costo del uso del recurso. Los precios demasiado bajos no generan el tipo de innovación que puede contribuir a aliviar la escasez del recurso, y también pueden fomentar el sobreconsumo del recurso. Otra pregunta clave es el grado al que el gobierno está bajo el dominio de elites poderosas que dependen del control de los recursos naturales. Si dichos grupos elitistas son dominantes y disfrutan de un privilegio de acceso a los recursos vitales, es muy difícil lidiar con la escasez ambiental.

PRB: ¿Piensa usted que los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales están mejorando en cuanto a sacarle partido a las observaciones de su modelo?

Homer-Dixon: Definitivamente ha habido interés en nuestro trabajo. Si se hubiera planteado la idea de que los problemas ambientales podrían ser un factor desestabilizador a principios de la década de 1990, las personas la hubieran descartado. Yo pienso que de hecho ahora se ha convertido en parte de los conocimientos adquiridos, y que si se menciona, las personas dirán "Yo estoy al tanto de eso —no es nada nuevo". Me parece curioso, yo pienso que es una señal de éxito.


Bingham Kennedy, Jr., es ayudante de redacción del Population Reference Bureau.


Cuadro
Cómo detener la progresión de escasez a conflicto

  • Intervenir en el proceso tan temprano como sea posible
  • No buscar una solución mágica —las soluciones deben ser polifacéticas
  • Las soluciones no tienen que tener gran intensidad de capital
  • Vale la pena implementar muchas posibles soluciones por otros motivos