Este artículo es el tercero en una serie de artículos acerca de la salud ambiental de los niños publicados en el sitio web de PRB dedicado a “La salud ambiental de los niños II: un foro global para la acción”. Este congreso, que tuvo lugar entre el 8 y el 11 de septiembre de 2001 en la Universidad de Georgetown en Washington, D.C., recibió el apoyo de la Red de Salud Ambiental Infantil y el Instituto Canadiense de Salud Infantil. Para más información, puede enviar un e-mail a scall@magma.ca o visitar el sitio web del congreso en www.cich.ca/global.htm.

(Septiembre 2001) Los pesticidas representan una amenaza para las personas de todas las edades, pero son los niños quienes enfrentan el mayor peligro. No solamente por el hecho de que la conducta infantil (por ejemplo, el acto de llevarse la mano a la boca) aumenta las probabilidades de exposición a estos químicos, sino que su desarrollo fisiológico crea vulnerabilidades específicas tras esta exposición. Y si bien es cierto que los niños de todo el mundo se ven amenazados por estas sustancias, esta amenaza es más seria en Centroamérica que ningún otro lugar del planeta.

Los niños de una región, en riesgo

Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Centroamérica utiliza más pesticidas per capita —un kilogramo y medio de pesticidas por persona por año— que cualquier otra región del mundo.

Las importaciones de pesticidas aumentaron de 20 millones de kilogramos por año en 1992 a cerca de 50 millones de kilogramos en 1998, un récord sin precedentes. Y, notablemente, algunos de los pesticidas utilizados en Centroamérica han sido considerados lo suficientemente peligrosos como para ser prohibidos en los Estados Unidos y Europa. Como consecuencia, una cifra que alcanza a 5 millones de trabajadores agrícolas de Centroamérica —muchos de los cuales son niños— corren el riesgo de estar expuestos a pesticidas, de acuerdo a datos de las Naciones Unidas (ONU).

Si bien resulta muy difícil obtener la cifra exacta de niños bajo riesgo en Centroamérica, es posible hacer estimaciones aproximadas. Según un cálculo aproximado llevado a cabo por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en 1998, unos 17,5 millones de niños de entre 5 y 14 años de edad en toda Latinoamérica —uno de cada seis niños— se encontraban participando en actividades económicas. Si ese total estuviera distribuido de forma pareja por toda Latinoamérica, en América Central habría 4,6 niños que trabajan. Dado que aproximadamente el 70 por ciento del trabajo infantil considerado por la OIT consiste en labor forestal o agrícola, América Central podría llegar a tener 3,2 millones de niños trabajando en estos dos sectores que pueden acarrear el contacto con pesticidas. Dada la importancia para América Central de sus actividades agrícolas, el número de niños en riesgo podría ser incluso más alto.

La demografía de América Central es también notable. En total, el 36 por ciento de la población de la región consiste en menores de 15 años, lo cual evidencia una potencial oferta importante de mano de obra infantil (ver Tabla 1). Esta cifra contrasta fuertemente con la cifra correspondiente que tienen países más desarrollados (18 por ciento) y excede incluso el promedio para países menos desarrollados (33 por ciento).


Tabla 1
La población joven de Centroamérica

 

Pa’s Población total, mediados de 2001 % de población menor de 15
Belize 300.000 41
Costa Rica 3,7 millones 32
El Salvador 6,4 millones 36
Guatemala 13 millones 44
Honduras 6,7 millones 43
México 99,6 millones 34
Nicaragua 5,2 millones 43
Panamá 2,9 millones 31

Fuente: Carl Haub y Diana Cornelius, Cuadro de la población mundial 2001 (Washington, D.C.: Population Reference Bureau, 2001).


Por supuesto, no es necesario que los niños trabajen en el campo para que entren en contacto con pesticidas. Se han conocido casos de niños que se intoxicaron luego de jugar con envases de pesticidas o después de haber estado en contacto con pesticidas utilizados en jardines o áreas agrícolas cerca de sus hogares o escuelas. El uso de pesticidas está además muy extendido en la industria floral de América Central, en general dentro de invernaderos.

Más grave aún es el hecho de que los desastres naturales pueden esparcir pesticidas por regiones enteras, exponiendo a miles de niños a un tiempo. En Honduras, las inundaciones causadas por el huracán Mitch en 1998 arrasaron a varios cobertizos en los que se almacenaban cantidades significativas de pesticidas. El derrame resultante afectó un área muy amplia cerca de la boca de los ríos Choluteca y Nacaome, en el Golfo de Fonseca, en la región sur del país. Un estudio subsiguiente llevado a cabo por la Organización Mundial de la Salud (OMS) encontró que los adolescentes que vivían en ese área habían estado expuestos a un pesticida llamado parathion y señaló que la exposición parecía haber continuado aún después del huracán. El mismo estudio halló también evidencias de contacto durante períodos largos de tiempo con otro pesticida, dieldrin, a pesar de que éste ha estado prohibido en Honduras desde el año 1984. (Véase la Tabla 2 para más datos acerca de los efectos de éste y otros pesticidas.)


Tabla 2
Algunos pesticidas y sus efectos sobre la salud

 

Pesticida Síntomas de la exposición
DDT, heptachlor Dolor decabeza, excitabilidad, erupción cutánea, desorientación,debilidad, ataques parox’sticos
Aldrin, dieldrin Mareos, vómitos, irritabilidad, movimientos musculares involuntarios, convulsiones y daño a los ri–ones en dosisaltas
Methomyl Transpiración, doloresabdominales, vómitos, visión borrosa, s’ntomas similares a lagripe
Paraquat Irritaciones de losojos, la piel y el tracto respiratorio superior, vómitos y dolor abdominal luego deingerir
Parathion Mareos, visión borrosa, dolor de cabeza, transpiración, vómitos, erupciones cut‡neas, falta de coordinación, malestares abdominales

Fuente: James L. Weeks, Barry S. Levy y Gregory R. Wagner (eds.), Preventing occupational disease and injury (Washington, D.C.: American Public Health Association, 1991): 480-481.


Los datos acerca de niños son escasos y preocupantes

La OPS repotó que en 1999 ocurrieron cerca de 6.500 casos de envenenamiento agudo (es decir, a corto plazo) con pesticidas, un incremento de 1.500 casos con respecto a 1992. De estos, el 60 de los casos se trató de situaciones asociadas con el trabajo, mientras que el resto fueron el resultado de accidentes o intentos de suicidio. Las cifras reales son, sin embargo, probablemente mucho más altas. En muchos casos, no se reporta a los envenenamientos debido a diagnósticos incorrectos, errores en los registros médicos, y la falta de acceso a instalaciones médicas en áreas rurales. Solamente en Guatemala, donde la guerra civil y la falta de personal han dañado significativamente al sistema oficial de informes, algunos informes independientes calculan que la cantidad anual de casos de envenenamiento oscila entre 10.000 y 30.000.

Una vez más, los datos que corresponden a niños son escasos, pero aquellos que están disponibles son preocupantes. En el año 2000, el proyecto de Aspectos Ocupacionales y Ambientales de la Exposición a Plaguicidas en el Istmo Centroamericano (PLAGSALUD) de la OPS documentó 247 casos de niños menores de 15 años que sufrieron envenenamiento por pesticidas en El Salvador. PLAGSALUD documentó también 142 casos de niños que padecieron envenenamiento en Honduras durante ese año, como también 101 en Costa Rica y 60 en Guatemala. En 1998, el programa documentó 193 casos de envenenamiento de niños en Nicaragua y Panamá, y 16 de esos casos llevaron a la muerte de la víctima. En 1997, el programa reportó 214 envenenamientos en dos países, con 13 fallecimientos. (Para más información véase el recuadro "OPS toma medidas contra los pesticidas".)

Si bien los niños sobreviven, en la mayoría de los casos, al envenenamiento por pesticidas, la fisiología de su desarrollo permite que la exposición cause daños serios y perdurables. Tanto en el útero como durante los primeros años de la vida de un niño, el cerebro, el sistema endocrino, los órganos reproductivos y los órganos respiratorios se desarrollan rápidamente. Si estos procesos sufren trastornos causados por sustancias químicas tales como pesticidas, existe un riesgo significativo de lesiones irreversibles. De acuerdo al conocido estudio de 1993 publicado por la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, Pesticidas en la dieta de infantes y niños, "la exposición a compuestos neurotóxicos a niveles considerados seguros para adultos puede resultar en la pérdida de la función cerebral si ocurre durante los períodos prenatal o de infancia temprana del desarrollo cerebral". E incluso si se evitan daños a largo plazo, los efectos a corto plazo de los pesticidas pueden llegar a ser serios, y van desde mareos y jaquecas a náuseas o ataques paroxísticos. (Véase la Tabla 2).

Los gobiernos se dedican más a regular a los pesticidas que a proteger a los niños

A la fecha, los esfuerzos relacionados con los pesticidas en América Central han estado más enfocados a su regulación que a tomar medidas para proteger a los niños. En septiembre de 2000, por ejemplo, durante la 16 Reunión del Sector de Salud de América Central y la República Dominicana, que tuvo lugar en Tegucigalpa, Honduras, los ministros de salud de América Central alcanzaron un acuerdo unánime para restringir el uso de 12 pesticidas altamente tóxicos. Las 12 sustancias elegidas fueron aquellas responsables de la mayor cantidad de envenenamientos y muertes en la región. Los ministros llamaron además a tomar las primeras medidas necesarias para la prohibición de 107 pesticidas más. Esta lista abarca a muchas sustancias que son legales dentro de América Central pero que están prohibidas en muchos países fuera de la región.

Los gobiernos nacionales están incrementando también el control del uso de pesticidas dentro de sus propias fronteras. En El Salvador, el gobierno lanzó un decreto en junio de 2000 que prohibió el uso de 35 pesticidas. En Belize, un nuevo programa de licencias exige a los usuarios de pesticidas que participen de un taller de entrenamiento de un día de duración. Honduras ha creado una Comisión de Pesticidas que está reforzando el cumplimiento de los controles existentes y coordinando la labor de los ministerios de medio ambiente, agricultura y ganadería, salud y trabajo en este sentido.

Pero a pesar de que los pesticidas representan una clara amenaza en América Central, no resulta fácil controlar este problema en una región en la que el uso de estas sustancias es tán intensivo. Los granjeros centroamericanos comenzaron a utilizar pesticidas en la década de 1960 para aumentar su producción de cultivos de exportación, en especial café, azúcar, algodón, frutas y verduras. Una vez iniciado, el uso de pesticidas es con frecuencia difícil de revertir ya que estas sustancias exterminan también a los predadores naturales de las plagas que se pretende erradicar.

Se utilizan pesticidas en muchos de los países menos desarrollados para controlar el avance de enfermedades, en especial la malaria. De acuerdo el Informe de la Salud Mundial 2000, publicado por la OMS, la malaria mata a más de un millón de personas por año en todo el mundo. El DDT se utiliza para controlar las poblaciones de mosquitos que causan la malaria, de manera que el prohibir el DDT sin reemplazarlo por algún otro método que permita controlar la enfermedad equivaldría simplemente a cambiar un problema por otro. Sudáfrica y Sri Lanka han prohibido el uso de DDT en años recientes, lo que ha traído como consecuencia un aumento vertiginoso en la cantidad de casos de malaria.

Una señal esperanzadora es el uso más frecuente de métodos de agricultura orgánica en América Central. Si bien Costa Rica hace un fuerte uso de pesticidas, se ha convertido también en un importante promotor de agricultura orgánica en los últimos años. Como resultado, el país tiene ahora 135 asociaciones de productores orgánicos, cuyos miembros cultivan más de 30 productos utilizando métodos orgánicos. Para continuar avanzando en esta dirección, la OPS se encuentra trabajando con gobiernos y ONG de América Central para fomentar la utilización de alternativas agrícolas sustentables.

A largo plazo, si bien resultará extremadamente difícil eliminar por completo el uso de pesticidas, es esencial instrumentar programas de educación acerca del uso apropiado de estas sustancias. Si bien queda mucho por hacer en este sentido, hay signos evidentes de progreso. Guatemala ha creado un programa educacional sobre pesticidas para diferentes grupos indígenas de áreas rurales que se encuentran expuestos a niveles particularmente altos de pesticidas. En Nicaragua, 55 grupos llamados Comisiones Locales Intersectoriales de Plaguicidas (CLIP) entrenan a los usuarios de pesticidas y a la población en general acerca del uso seguro de pesticidas, e incorporan a todos los sectores de la sociedad en tareas de protección del medio ambiente. En el futuro, se deberá extender estas campañas públicas y deberán realizarse más esfuerzos para llegar a aquellos que constituyen el grupo más vulnerable: los niños.


César Chelala, M.D., trabaja de consultor médico para varias organizaciones internacionales y es autor de la publicación de la OPS titulada “Environmental impact on child health” (El impacto ambiental sobre la salud de los niños).


Recuadro
OPS toma medidas contra los pesticidas

A través de PLAGSALUD –el Proyecto sobre Aspectos Ocupationales y Ambientales de Exposición a Plaguicidas en el Istmo Centroamericano– la Organización Panamericana de la Salud está ayudando a los países de la región a reducir el envenenamiento causado por pesticidas, y fomentando iniciativas educacionales y el uso de métodos alternativos de agricultura. Los objetivos de este proyecto, iniciado en 1994, incluyen la reducción de los trastornos causados por pesticidas en un 50 por ciento para el 2005 y el apoyo a la implentación de alternativas de agricultura sustentable. Sus actividades incluyen el intentar prohibir pesticidas que no están permitidos en su país de origen, el fomentar la educación para el uso apropiado de sustancias químicas, y el reforzar el control y seguimiento epidemiológico de casos de envenenamiento. Para lograr estos objetivos, el proyecto PLAGSALUD trabaja conjuntamente con los ministerios de salud, educación, medio ambiente y trabajo, como también con organizaciones comunitarias y no gubernamentales en todos los países de América Central. Se calcula que para mediados del año 2001, el proyecto y sus homólogos habrán invertido casi 11 millones de dólares en reducir los problemas causados por pesticidas y en mejorar la salud de la población de América Central. Un resultado inmediato ha sido una mayor conciencia, en los países de América Central, acerca de los riesgos que implica el uso de pesticidas.