(Febrero 2001) Generalmente, la desertificación se considera una etapa avanzada de la degradación de tierras. La ONU ha definido la desertificación como una "disminución o destrucción del potencial biológico de la tierra que puede conducir finalmente a condiciones desérticas". La desertificación ocurre cuando tienen lugar en áreas de tierras secas —áridas, semiáridas o semihúmedas— períodos extensos de sequía que desgastan la capacidad productiva del suelo hasta que éste se convierte en terreno "muerto". Además, a menudo las actividades humanas contribuyen a agravar este proceso. A pesar de que los seres humanos han logrado administrar de forma sustentable regiones de tierras secas durante miles de años, la presión que las poblaciones humanas ejercen sobre estas tierras hoy en día es mucho mayor: se calcula que el total de personas que habitan regiones de tierras secas en todo el mundo alcanza los 2 mil millones.

Las actividades humanas que contribuyen a la desertificación incluyen la expansión y el uso intensivo de tierras agrícolas, las prácticas de irrigación ineficaces, la deforestación y el apacentamiento excesivo. Estos usos no sustenables de la tierra ejercen una presión enorme sobre la misma porque alteran las propiedades químicas del terreno, así como su hidrología. Con el tiempo, las tierras secas explotadas excesivamente sufren de erosión, salinización, pérdida de la productividad y una disminución de su resistencia a las variaciones del clima. La administración del terreno desempeña un papel particularmente importante en las regiones densamente pobladas de los países menos desarrollados, donde el crecimiento de la población ejerce presiones cada vez más grandes sobre las tierras marginales. El calentamiento mundial debido a la acumulación en la atmósfera de dióxido de carbono y otros gases que emanan de la combustión de combustibles fósiles amenaza con complicar este panorama en un futuro. Es posible que un aumento de las temperaturas mundiales acelere el proceso de desertificación a medida que aumentan las tasas de evaporación.

A pesar de que se han identificado varios factores causales, hay poco entendimiento del proceso de desertificación en sí. Por ejemplo, es difícil señalar precisamente cuándo la sequía, que se ve impulsada por cambios temporales en los patrones de circulación atmosférica, podría convertirse en una condición permanente. Algunos meteorólogos y científicos que estudian el terreno miden los impactos y la duración de una sequía para determinar si la misma constituye un ejemplo de desertificación. Las sequías pueden durar meses o años, pero eventualmente terminan; en cambio, los suelos que están sufriendo un proceso de desertificación nunca vuelven a recuperar su productividad original. Por ejemplo, en la década de 1930 el 65 por ciento del territorio norteamericano se vio afectado por sequías, pero la Gran Cuenca terminó recuperándose y hoy en día las sequías no afectan a más del 10 por ciento.

A medida que las fuerzas sociales y políticas intensifican las presiones sobre la tierra que conducen a la desertificación, la degradación del terreno en sí puede traer como consecuenia trastornos aún mayores a la estabilidad social y política de la región en cuestión. La pérdida de terrenos fértiles, agua y otros recursos, tanto para la subsistencia como para usos comerciales, ocasiona que muchas personas en áreas de tierras secas carezcan los medios para mantenerse a sí mismos y a sus hijos. Estas poblaciones terminan desplazándose hacia regiones urbanas o emigrando hacia otros países, lo cual aumenta las presiones de población y contribuyen en algunos casos a aumentar la probabilidad de conflictos sociales y políticos. Según el Natural Heritage Institute (Instituto del Patrimonio Natural), la causa por muchos de los inmigrantes ilegales que llegan cada año a los Estados Unidos desde México dejan su país es la grave degradación de suelo que affecta actualmente al 60 por ciento del territorio mexicano. A nivel mundial, el Comité Internacional de la Cruz Roja calcula que 25 millones de refugiados —el 58 por ciento del total de todo el mundo— se ha visto obligado a abandonar su región o país debido a la degradación del suelo.


April Reese es periodista y se especializa en temas de medio ambiente. Reside actualmente en Washington, D.C.