(Abril 2004) Los seres humanos se han convertido en una fuerza ambiental considerable en los últimos 10.000 años. Con la llegada de la agricultura hace 8.000 años, comenzamos a cambiar la faz de la tierra1, y con la revolución industrial comenzamos a afectar la atmósfera. Asimismo, el reciente incremento en la población mundial ha ampliado los efectos de nuestras actividades agrícolas y económicas, pero el crecimiento demográfico oculta lo que puede ser una interacción todavía más importante entre los seres humanos y el medio ambiente. Si bien la población mundial se está duplicando, la población urbana se está triplicando en todo el mundo. En los próximos años más de la mitad de la población del planeta vivirá en áreas urbanas.2

El nivel y crecimiento de la urbanización difiere considerablemente según la región (ver el Gráfico). Los países latinoamericanos tienen la mayor proporción de su población en áreas urbanas, pero Asia Meridional y Oriental probablemente registrarán el más rápido crecimiento urbano en los próximos 30 años. Casi todo el crecimiento demográfico futuro tendrá lugar en las ciudades y las capitales, y es de esperar que tanto el incremento de la población mundial como su redistribución afecten los sistemas naturales terrestres y la interacción entre la población y el medio ambiente urbano.


Gráfico
Población que vive en zonas urbanas

Fuente: Naciones Unidas, World Urbanization Prospects: The 2003 Revision (2004).


Las mejores cifras sobre las tendencias de urbanización mundial tienden a proceder de la División de Población de las Naciones Unidas y del Banco Mundial3, pero las Naciones Unidas advierte a los usuarios que los datos son generalmente inexactos debido a que la definición de "urbano" varía de un país a otro. Asimismo, en el pasado, las proyecciones de urbanización con frecuencia sobreestimaron los índices futuros de crecimiento, por lo que es importante manejar los datos con cuidado al derivar conclusiones definitivas.

La dinámica de la urbanización

En 1800 sólo alrededor del 2% de la población mundial vivía en áreas urbanas y eso en sí era algo sorprendente. Hasta hace un siglo las áreas urbanas se encontraban entre los lugares más insalubres para vivir. El incremento en la densidad de la población en áreas urbanas dio lugar a la rápida propagación de enfermedades infecciosas, por lo que los índices de mortalidad han sido históricamente más altos en las ciudades que en zonas rurales. La única forma en que las áreas urbanas continuaban en existencia hasta hace poco era por la continua inmigración de población rural hacia las mismas.4

En tan sólo 200 años, la población urbana mundial ha pasado del 2% a casi el 50% de la población mundial. Los ejemplos más sorprendentes de urbanización en el mundo los constituyen las superciudades de 10 o más millones de personas. En 1975 sólo había cuatro, pero hoy en el 2000 había 18 y, para el año 2015, las Naciones Unidas estiman que habrán 225, si bien mucho del crecimiento futuro no tendrá lugar en estas inmensas aglomeraciones de población, sino en las ciudades de pequeño y mediano tamaño en todo el mundo.6

El crecimiento en las áreas urbanas se debe tanto al incremento en la inmigración a las ciudades como a la fecundidad de la población urbana. Mucho del desplazamiento a las ciudades tiene lugar por el deseo de las poblaciones rurales de aprovechar las ventajas que las zonas urbanas ofrecen, como mayores oportunidades de educación, atención a la salud y servicios como los recreativos. Los pobres en zonas urbanas tienen menos oportunidades de educación que quienes no son pobres, pero aún así tienen más oportunidades que la población rural.7

Las tasas de fecundidad urbanas, si bien son inferiores a las del contexto rural en todas las regiones del mundo, también contribuyen al crecimiento de la población urbana. En áreas urbanas las mujeres emigrantes de zonas rurales tienen más hijos que las nacidas en la ciudad.8 Por supuesto que la inmigración rural a las zonas urbanas no está formada por un conjunto aleatorio de población rural, sino por personas que probablemente hubieran deseado menos hijos, incluso si se hubieran quedado en el campo, por lo que probablemente se exagera el efecto de la migración en la fecundidad al observar la diferencia en la fecundidad de las mujeres rurales y las que emigran a zonas urbanas.

En el África subsahariana las tasas de fecundidad urbana son de alrededor de 1,5 niños menos que en las zonas rurales, y en América latina la diferencia es de casi 2 niños.9 Es decir, que la urbanización mundial probablemente reduce el crecimiento de la población, al mismo tiempo que concentra algunos de sus efectos ambientales en ciertas áreas geográficas.

Efectos ambientales de la urbanización

Existe una interacción entre las poblaciones urbanas y su medio ambiente. La gente cambia el medio ambiente a través del consumo de alimentos, energía, agua y el uso de la tierra, y a su vez la contaminación ecológica urbana afecta la salud y la calidad de vida de las poblaciones en las ciudades.

Las personas que viven en zonas urbanas tienen un perfil de consumo muy diferente al de los residentes de áreas rurales.10 Por ejemplo, las poblaciones urbanas consumen mucha más comida, energía y bienes duraderos que las poblaciones rurales. En la China, durante la década de 1970, las poblaciones urbanas consumieron más del doble de carne de cerdo que las poblaciones rurales que criaban los puercos.11 A medida que progresó el desarrollo económico, la diferencia en el consumo se redujo al mejorar la dieta rural, pero incluso así una década más tarde las poblaciones urbanas comían un 60% más de cerdo que las rurales. El crecimiento en el consumo de carne es señal de mayor afluencia en Pekín. En la India, donde muchos de los residentes urbanos son vegetarianos, el aumento en el consumo de leche es un símbolo de mayor prosperidad.

Las poblaciones urbanas no sólo consumen más alimentos sino también más bienes duraderos. A principios de la década de 1990, los hogares chinos en áreas urbanas tenían más del doble de probabilidades de tener una televisión, ocho veces más de tener una lavadora y 25 veces más de tener un refrigerador que los hogares rurales.12 Este incremento en el consumo es el resultado del mercado laboral, los salarios y la estructura de los hogares urbanos.

Los bienes duraderos generalmente los utiliza la totalidad del hogar, en vez de una sola persona, y los hogares urbanos son más pequeños que los rurales, en parte porque las tasas de fecundidad urbanas son menores, y con el tiempo continúan reduciéndose en tamaño a medida que se eleva su ingreso y educación. Ello sugiere que el índice de consumo de bienes duraderos en áreas urbanas probablemente se eleve por encima del índice del incremento de la población, y la mayor parte de los bienes duraderos requieren energía eléctrica para funcionar.

El consumo de energía para proporcionar electricidad, transporte, la capacidad de cocinar y calefacción es mucho más alto en áreas urbanas que en las aldeas rurales. Por ejemplo, las poblaciones urbanas tienen muchos más automóviles por habitante que las rurales. Casi todos los automóviles en el mundo entero en la década de 1930 estaban en los Estados Unidos. Hoy en día existe un automóvil por cada dos personas en los Estados Unidos. Si fuera así en otros lugares, para 2050 tendríamos 5.300 millones de automóviles en todo el mundo consumiendo energía.13

En China el consumo de carbón por habitante en las ciudades y pueblos es más de tres veces el que existe en áreas rurales.14 Las comparaciones entre el producto nacional bruto (PNB) y del cambio en el consumo de energía mundial por habitante muestran que existe una relación directa entre ambos, pero no necesariamente aumentan al mismo ritmo.15 A medida que los países pasan de usar modalidades no comerciales de energía a modalidades comerciales, el precio relativo de los productos energéticos aumenta. Las economías por tanto, se vuelven más eficientes a medida que se desarrollan debido a adelantos en la tecnología y cambios en el consumo. Sin embargo y a pesar de dicha eficacia y nuevas tecnologías, la urbanización de la población mundial elevará el consumo agregado de energía. Y probablemente el aumento en el consumo de energía tendrá efectos ambientales negativos.

El consumo urbano de energía contribuye a crear núcleos de calor que pueden cambiar el perfil meteorológico local en las zonas hacia donde sopla el viento después de pasar por las ciudades. Este fenómeno se crea porque las ciudades irradian calor a la atmósfera a razón del 15% al 30% menos que las áreas rurales. La combinación del incremento del consumo de energía y la diferencia de radiación significa que las ciudades son más calientes que las áreas rurales (entre 0,6ºC y 1,3ºC)16 y estos núcleos de calor atrapan los contaminantes atmosféricos. La neblina y niebla son más frecuentes. La precipitación es entre el 5% y el 10% mayor en las ciudades, las tormentas de agua y granizo mucho más frecuentes, y las nevadas menos comunes.

La urbanización también afecta la ecología regional en mayor extensión. Las regiones que reciben el viento después de pasar por grandes complejos industriales también registran mayor precipitación, contaminación atmosférica y número de días con tormentas.17 Las áreas urbanas no sólo afectan el perfil meteorológico sino también la escorrentía superficial de agua. Las áreas urbanas generalmente generan más lluvia, pero reducen la filtración de agua y el nivel de la capa freática, lo que significa que la escorrentía ocurre más rápidamente y hay mayores inundaciones. El volumen de inundación se eleva, al igual que el número de inundaciones y la contaminación del agua que corre río abajo.

Muchos de los efectos de las áreas urbanas sobre el medio ambiente no son necesariamente lineales. Las áreas urbanas de mayor extensión no siempre crean más problemas ambientales; a veces son las áreas urbanas pequeñas las que pueden causar mayores problemas. Mucho de lo que determina la magnitud del impacto ambiental es la conducta de la población urbana, su perfil de consumo y forma de vida, y no tan sólo su tamaño.

Efectos de la degradación ambiental en la salud

El medio ambiente urbano es un factor importante para determinar la calidad de vida en zonas urbanas y el impacto ecológico de dichas zonas. Entre los problemas ambientales urbanos se encuentran la insuficiencia de agua y saneamiento, la acumulación de basura y la contaminación industrial.18 Desafortunadamente, es caro reducir dichos problemas y aliviar sus efectos sobre la población urbana.

Entre las implicaciones de salud de estos problemas ambientales se encuentran las infecciones respiratorias, y otras infecciones y enfermedades parasitarias. Los costos de capital para construir una infraestructura ecológicamente más sana (por ejemplo, la inversión en el transporte menos contaminante, como un metro) y para construir más clínicas y hospitales son superiores en las ciudades, donde se pagan jornales más altos que en las áreas rurales, y el terreno es mucho más caro en las ciudades por la competición por el espacio. Pero no todas las áreas urbanas tienen el mismo tipo de problemas de salud o situación ecológica; algunos investigadores sugieren que los indicadores de problemas de salud, como los índices de mortalidad infantil son más altos en las ciudades que están en rápido crecimiento que en otras donde en crecimiento es más lento.19

Problemas en la política ambiental urbana

Comenzando con la década de 1950, muchas ciudades en los países desarrollados han hecho frente a sus dificultades ambientales. Los Ángeles ha reducido drásticamente su polución atmosférica. Muchas ciudades que se expandieron cerca de ríos han logrado limpiar las aguas de los mismos que se contaminaron con el desarrollo industrial. Pero al comienzo de su desarrollo, las ciudades generalmente no tienen tanta riqueza para asignarla a mitigar el impacto urbano sobre el medio ambiente, y si la falta de recursos va acompañada de gobiernos ineficaces, puede que la ciudad en desarrollo tarde muchos años en reducir ese daño. Es esencial tener un gobierno urbano fuerte para avanzar en este aspecto, y con frecuencia eso es lo que menos hay.20 El solapamiento de jurisdicciones respecto al agua, el aire, las carreteras, las viviendas y el desarrollo industrial es una frustración para el manejo eficaz de los recursos ambientales vitales. La falta de buenos sistemas de información geográfica significa que muchos funcionarios públicos funcionan a ciegas. La falta de buenas estadísticas significa que muchos indicadores urbanos que servirían para tomar decisiones ecológicas con conocimiento no existen.21

Cuando no existe un gobierno urbano fuerte, las asociaciones público-privadas se vuelven más importantes22 y pueden servir para establecer prioridades que son ampliamente compartidas y por lo tanto llegan a implementarse. Algunas de dichas asociaciones público-privadas han propugnado hacer frente primero a los peligros ambientales que amenazan la salud humana. Los asistentes a una conferencia del Banco Mundial sobre el desarrollo ecológicamente sostenible en 1994 concluyeron que "La reducción del hollín, el polvo, el plomo, las enfermedades microbianas ofrece oportunidades de lograr un progreso tangible a un costo relativamente bajo en relativamente cortos períodos de tiempo."23 Pero en último término existen muchas otras prioridades ambientales urbanas que producen problemas crónicos para las personas y el ambiente a largo plazo, y que también tienen que abordarse.

Mucha de la investigación que hay que hacer sobre el impacto ambiental de las áreas urbanas todavía no se ha realizado por falta de datos y financiamiento. La mayor parte de la información que existe es a nivel nacional, pero la investigación nacional es demasiado poco detallada para mejorar las condiciones ambientales de las áreas urbanas, por lo que hay que hacer investigación y obtener datos a nivel local que proporcionen a los gobiernos locales la información que necesitan para tomar decisiones. Ciertamente los miembros de la próxima generación, que en su mayoría vivirán en áreas urbanas, nos juzgarán basándose en si estamos haciendo las preguntas acertadas para proteger su ecología urbana. También van a querer saber si financiamos la investigación apropiada para abordar esas cuestiones, y si utilizamos los resultados de la investigación de manera sabia.


Barbara Boyle Torrey es una escritora y consultora que forma parte del Consejo de Administración del PRB.


Referencias

  1. M. Gordon Wolman, "Population, Land Use, and Environment: A Long History" en Population and Land Use in Developing Countries, ed. Carole L. Jolly y Barbara Boyle Torrey, Committee on Population, Commission on Behavioral and Social Sciences and Education, National Research Council (Washington, DC: National Academy Press, 1993).
  2. Naciones Unidas, World Urbanization Prospects: The 2001 Revision (Nueva York: ONU 2002).
  3. Banco Mundial (2002). World Development Report 2002: Building Institutions for Markets (Nueva York: Oxford University Press para el Banco Mundial).
  4. Nathan Keyfitz, "Impact of Trends in Resources, Environment and Development on Demographic Prospects" en Population and Resources in a Changing World, ed. Kingsley Davis (Stanford, California: Morrison Institute for Population and Resource Studies, 1989).
  5. Naciones Unidas, World Urbanization Prospects.
  6. National Research Council, Cities Transformed: Demographic Change and Its Implications in the Developing World, ed. Mark R. Montgomery et al., Panel on Urban Population Dynamics, Committee on Population, Commission on Behavioral and Social Sciences and Education, National Research Council (Washington, DC: National Academies Press, 2003).
  7. Naciones Unidas, World Urbanization Prospects: 193.
  8. Martin Brockerhoff, "Fertility and Family Planning in African Cities: The Impact of Female Migration " en Journal of Biosocial Science 27, no. 3 (1995): 347-58; y Robert Gardner y Richard Blackburn, "People Who Move: New Reproductive Health Focus " en Population Reports , Serie J, no. 45 (Baltimore, MD: Johns Hopkins School of Public Health, Population Information Program, noviembre 1996).
  9. Cifras estimadas calculadas de 90 Encuestas demográficas y de salud, según se indica en National Research Council, Cities Transformed: Demographic Change and Its Implications in the Developing World.
  10. Jyoti K. Parikh et al., Instituto Indira Gandhi de Investigación sobre el Desarrollo, "Consumption Patterns: The Driving Force of Environmental Stress", presentado en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, agosto 1991.
  11. Jeffrey R. Taylor y Karen A. Hardee, Consumer Demand in China: A Statistical Factbook (Boulder, CO: Westview Press, 1986): 112.
  12. Taylor and Hardee, Consumer Demand in China: 148.
  13. U.S. Census Bureau, 2001 Statistical Abstract.
  14. Taylor y Hardee, Consumer Demand in China: 125.
  15. Gretchen Kolsrud y Barbara Boyle Torrey, "The Importance of Population Growth in Future Commercial Energy Consumption" en Global Climate Change: Linking Energy, Environment, Economy and Equity, ed. James C. White (Nueva York: Plenum Press, 1992): 127-42.
  16. Andrew S. Goudie, The Human Impact on the Natural Environment, 2d ed. (Cambridge, Massachusetts: MIT Press, 1987): 263.
  17. Goudie, The Human Impact on the Natural Environment: 265.
  18. Kolsrud and Torrey, "The Importance of Population Growth in Future Commercial Energy Consumption": 268.
  19. Martin Brockerhoff y Ellen Brennan Ellen, "The Poverty of Cities in Developing Regions" en Population and Development Review, 24, no. 1 (Marzo 1998): 75-114.
  20. Eugene Linden, "The Exploding Cities of the Developing World," Foreign Affairs 75, no. 1 (1996): 52-65.
  21. Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, Better Understanding Our Cities, The Role of UrbanIndicators (Paris: OCDE, 1997).
  22. Ismail Serageldin, Richard Barrett, y Joan Martin-Brown, "The Business of Sustainable Cities" en Environmentally Sustainable Development Proceedings Series, no. 7 (Washington, DC: Banco Mundial, 1994).
  23. Serageldin, Barrett, y Martin-Brown, "The Business of Sustainable Cities": 33.