Este es el segundo de una serie de tres ensayos publicados en Internet por Bill Butz, presidente del Population Reference Bureau. Los ensayos se refieren a los complejos problemas actuales de población y la forma en que el PRB está respondiendo a ellos. El primer ensayo se tituló "El doble cisma: Los implosionistas y explosionistas ponen en peligro los avances logrados desde la conferencia de El Cairo."

(Marzo 2005) Pregunten cuál es “el problema de población” a gente de cierta edad y la primera, y quizás la única cosa que les venga a la mente, será la “explosión demográfica”.

Y estarán en lo cierto, si se refieren a su época. En la segunda mitad del siglo XX, el rápido crecimiento demográfico, especialmente, aunque no exclusivamente, en los países en desarrollo, resultó en un incremento sin precedentes en el número de habitantes del planeta; y dicho crecimiento causó hacinamiento, malnutrición, enfermedad y pobreza. De hecho, para muchos estadounidenses, la “explosión demográfica”, junto con la Guerra Fría, fue el factor más preocupante de nuestros días.

Pero “los problemas de población” han sido tema de conversación en este país por más de 100 años. En las décadas de 1930 y 1940, por ejemplo, muchos observadores de los Estados Unidos temían que la erosión demográfica debida a la reducción en los índices de natalidad ocasionara una depresión económica crónica, por la consiguiente baja en el número de consumidores y trabajadores en el país.

En la década de 1920, el “problema” estadounidense de población era la rápida urbanización, como lo indicó el censo de 1920, según el cual por primera vez más de la mitad de la población vivía en zonas urbanas. Los miembros de la Cámara de diputados que provenían de zonas rurales, temiendo ser suplantados por candidatos de áreas urbanas, lograron impedir la redistribución de los escaños de dicho cuerpo legislativo, basándose en los datos censales, como lo exige la Constitución estadounidense.

El primer “problema de población” del siglo fue la xenofobia en masa contra la inmigración. A partir de 1880, llegaron al país una oleada tras otra de inmigrantes europeos, que crearon congestión y cambio social a un ritmo inusitado, y en 1924 el Congreso, en respuesta a la ira y ansiedad generalizada, aprobó la ley de inmigración más restrictiva que se había visto.

Es decir que, por lo menos durante un siglo, todas las generaciones de estadounidenses han considerado preocupante algún aspecto demográfico, y todas las inquietudes han estado avaladas con datos sólidos, y han generado posturas emotivas a nivel privado y temores públicos. Cada problema ha sido objeto de exageración y manipulación, y ha acaparado la atención de los líderes de opinión y de las autoridades elegidas por el pueblo.

En qué fue diferente la “explosión” demográfica

El rápido crecimiento demográfico es diferente de los problemas anteriores, en términos cualitativos y cuantitativos. Su alcance es mundial. Ha recibido intensa atención pública en todo el mundo. Ha persistido por mucho más tiempo como tema normativo, y las respuestas normativas a dicho crecimiento (que principalmente se han centrando en la planificación familiar, la escolarización y potenciación de la mujer y el desarrollo económico en general) han envuelto a veintenas de gobiernos nacionales y docenas de organizaciones internacionales.

La eficacia de estas políticas para reducir la fecundidad y ralentizar el crecimiento demográfico ha sido clara, aunque desesperantemente lenta en aparecer. Menos de 40 años después de la aparición del término “explosión demográfica”, los índices de fecundidad están disminuyendo en casi todos los países. De hecho, en más de la tercera parte de las naciones de la Tierra (inclusive la China, Japón y toda Europa) que representan la mitad de la población mundial, la tasa de fecundidad está por debajo del nivel de reemplazo de la población. Entre los países desarrollados, los Estados Unidos es el único en el que se puede esperar algo de crecimiento, como consecuencia de la inmigración y de que su tasa de fecundidad es superior a la de otras naciones industrializadas.

Y entonces qué, ¿están ahora bien las cosas?

Ni mucho menos. En la mayoría de los países con tasas de fecundidad por debajo de los niveles de reemplazo, la población sigue creciendo debido al gran número de mujeres en edad de procrear. Por otra parte, la fecundidad en la mayor parte del mundo en desarrollo continúa superando los niveles de reemplazo demográfico; y esos países, en África y Asia, representarán casi la totalidad del incremento demográfico mundial desde el presente hasta 2050. Asimismo, si la fecundidad continúa por encima de los niveles de reemplazo, la población mundial no llegará a estabilizarse (y mucho menos contraerse) por sí misma. Las tremendas reducciones que tuvieron lugar en la fecundidad en los últimos 40 años en gran parte del mundo cesarán si no se sigue invirtiendo en la mujer, la planificación familiar y el desarrollo, como se indicó anteriormente.

El mundo ya no está en la situación en que un paradigma o “problema” podía abarcar una multitud de dinámicas y temas enmarcados todos ellos bajo el rubro de “población”. Las presiones de la globalización y las disparidades en las tasas de fecundidad entre países vecinos hacen que la relación de la población con el medio ambiente, la salud, las cuestiones de género, la pobreza, la migración, la urbanización, el envejecimiento y la juventud generen nuevos y complejos problemas económicos y de establecimiento de políticas.

Sin embargo, las autoridades normativas, los analistas y el público frecuentemente son incapaces de entender esta complejidad y continúan buscando explicaciones simplistas (como la monotématica desfasada de la explosión demográfica mundial, o la postura contraria que ahora se ha puesto de moda, la implosión demográfica). En vez de aferrarse a uno u otro lado de este “cisma”, los interesados necesitan información fiable y nuevas formas de pensar para entender en toda su dimensión la transversalidad y la naturaleza sumamente dinámica de los problemas demográficos del siglo XXI.

Nuevos temas centrales del PRB, como respuesta a la confusión

En medio de tal complejidad y malentendidos, el PRB ha identificado una serie de temas centrales que describen y consideran los problemas de población, y las oportunidades que conllevan, de cara a las próximas décadas.

Estos temas centrales no se restringen a un enfoque erróneo sobre un sólo problema de población, ni se pronuncian a favor de los Estados Unidos o del mundo en desarrollo, sino que tratan el problema como un fenómeno que cada a vez es más transnacional. También se abordan las oportunidades (no sólo los problemas) que puede surgir del cambio demográfico, y ponen de relieve el gran valor de los datos sobre población en la búsqueda de soluciones normativas.

Los temas son los siguientes:

Salud reproductiva y fecundidad. Más de medio millón de mujeres siguen muriendo cada año por causas relacionadas con el embarazo. Casi la mitad de las mujeres en todo el mundo (inclusive el 85% de las que viven en el África subsahariana y el 28% de las de los Estados Unidos) siguen sin usar métodos anticonceptivos modernos. La situación respecto al VIH es igual de deprimente: casi 20 millones de mujeres en todo el mundo tienen la infección, y los índices de infección entre las mujeres africanas de 15 a 19 años son entre cinco y seis veces superiores a los de los varones de la misma edad. El SIDA es también la principal causa de muerte entre las mujeres estadounidenses de origen africano, de 25 y 34 años de edad. Para poder continuar mejorando a este respecto hay que seguir invirtiendo en planificación familiar y salud reproductiva, y dirigirse a las mujeres y las parejas que generalmente son las más difíciles de contactar.

Niños y familias. La reducción en las tasas de mortalidad infantil y de lactantes en casi todo el mundo obedeció al conocimiento científico del siglo XX, la salud pública y el desarrollo económico, pero tanto en los Estados Unidos como a nivel internacional sigue sin dedicarse suficiente inversión y atención a la política dirigida a estas poblaciones cruciales. Por ejemplo, los fallecimientos entre los niños adolescentes de los Estados Unidos llegan hasta 236 por cada 100.000 en el Distrito de Columbia; en el África subsahariana el VIH y el SIDA han dejado a 14 millones de niños huérfanos; y si bien la menor fecundidad en los países en desarrollo ofrece una oportunidad para elevar la inversión en salud, nutrición, y la escolaridad de cada niño (lo que los demógrafos denominan “la ganancia demográfica”) pocos gobiernos nacionales están listos para aprovechar esta oportunidad.

Población y medio ambiente. Alrededor del 70% de la población más pobre del mundo depende de la tierra para su ingreso y sustento, pero cada vez con más frecuencia las familias rurales en todo el mundo residen en zonas de vulnerabilidad ecológica, sobreviven con la agricultura de roza y quema, y usan productos forestales (como combustible, comida para animales y materiales de construcción) de bosques sobre explotados. La pobreza extrema puede llevar a los residentes rurales a destruir los recursos de los que dependen para su sustento, y dejarlos imposibilitados para satisfacer sus necesidades básicas cuando suben los precios de los bienes ambientales, como el agua, la tierra o la vida marina. Paralelamente, el mayor ingreso y el nivel de vida elevan la demanda mundial de los bienes de consumo, lo que también causa deforestación y degradación ambiental; y los factores demográficos contribuyen inexorablemente a la gravedad de la situación, incluso en el mundo en desarrollo, con problemas como costas densamente pobladas, expuestas a tormentas, y los bajos niveles de la capa freática en la región sudoccidental de los Estados Unidos. Todo lo anterior puede mejorarse considerablemente mediante una política pública basada en datos probados.

Envejecimiento de la población. La reducción demográfica que se espera en muchos países desarrollados irá acompañada de proporciones muy bajas de gente joven y un alto número de personas mayores, lo que crea la dificultad (que ya se está viviendo en la Unión Europea y Japón, y en un futuro afectará a los Estados Unidos al igual que a muchos países en desarrollo) de cómo mantener al creciente número de jubilados y mantener la economía productiva. En Tailandia, por ejemplo, el 23% de la población es menor de 15 años de edad, una proporción mucho más cercana a la de los Estados Unidos (21%) que la que tiene el África subsahariana (44%).

Migración y urbanización. La fuga de cerebros, la globalización, el hacinamiento costero, la xenofobia y la discriminación, así como la desaparición de las ciudades rurales son una o varias de las manifestaciones de la migración y la urbanización que afectan la vida de todos los países del planeta y los conectan entre sí de forma inusitada. La globalización económica está creando movimientos masivos de personal, puestos de trabajo e ingreso, y eleva el nivel de vida de muchas personas en los países en desarrollo, al tiempo que amenaza el sustento de otras. Los países en desarrollo están perdiendo personal capacitado (especialmente en las profesiones de la salud) que se traslada a Europa o Norte América. Los emigrantes y los países que los reciben salen beneficiados, pero los lugares de procedencia acaban con escasez laboral. Estas y otras presiones surgirán muy pronto en los países en desarrollo, entre sí, cuando existan diferentes tendencias de población y fecundidad en sociedades vecinas (como es el caso de Chad y la República Centroafricana). Asimismo hay que considerar que la proporción de la población mundial en áreas urbanas superará el 50% en el año 2005.

La pobreza y la desigualdad. La pobreza y la desigualdad son las principales causas de la mala salud, los altos índices de mortalidad y la falta de acceso a la educación; y estos factores en sí mismos perpetúan y agravan la pobreza individual y nacional, y la desigualdad a nivel mundial. En los países menos desarrollados, el gasto en salud es de alrededor de $11 por persona, por año (muy inferior a los $30 por persona que recomienda la Organización Mundial de la Salud, para cubrir las necesidades esenciales de sanidad). Asimismo, la gente que vive en pobreza tiende a tener menor acceso a métodos anticonceptivos modernos, a vivir en áreas de degradación ambiental, y a emigrar “por necesidad” en vez de “atraídos” por la oportunidad. En los Estados Unidos los índices de pobreza infantil oscilan entre el 7% y el 26% entre los diferentes estados, lo que demuestra que incluso algunas sociedades altamente industrializadas no han resuelto este problema.

Temas de género. La mayor alfabetización de las mujeres en los países en desarrollo ha sido un factor indiscutible en la reducción de la fecundidad y las mejoras en salud reproductiva. Al elevar la condición de la mujer en el hogar y en el lugar de trabajo, así como en la vida política y social (y fomentar la participación por igual de los hombres y las mujeres en la decisión de procrear) también se esperan mejoras en las áreas de salud y en el crecimiento económico en general. La disparidad entre la realidad actual y los cambios que se necesitan es sin duda mayor en este área que en cualquier otro de los temas centrales de PRB. Se necesitan cambios legislativos, económicos y culturales, pero los resultados tendrán efectos positivos en la mayoría de los temas centrales de PRB.

Los anteriores temas presentan dificultades y oportunidades que están sumamente relacionadas entre sí. Por ejemplo, al mejorar la planificación familiar se reduce el número de niños que hay que atender, con lo que se elevan los recursos disponibles para la salud y educación de cada niño en particular. La menor natalidad también alivia las presiones demográficas sobre el medio ambiente; pero la escasez de jóvenes significa asimismo una reducción en la población activa que lleva a preocuparse por el sustento de una sociedad de avanzada edad. La migración y la urbanización hacen que el hacinamiento en un país o región se traslade a otros lugares, nos guste o no. Y la actuación, con pruebas fundadas, en temas de género (especialmente en lo referente al papel de la mujer en la vida familiar y de la comunidad) puede conllevar logros en casi todos los aspectos indicados anteriormente.

Mi último ensayo de esta serie versará sobre las contribuciones y las responsabilidades particulares del PRB para aliviar los nuevos “problemas de población” del mundo actual.


Bill Butz es el presidente del Population Reference Bureau.