(Abril 2005) Este año el lema del Día mundial de la salud, "Hacer que toda madre y niño cuenten", es una excelente oportunidad para repasar algunos de los principales indicadores de salud sobre las mujeres en edad fértil, y reconsiderar las diferencias en salud materno infantil entre los países ricos y los pobres. Durante la última década se han logrado avances paulatinos en una serie de áreas de salud referentes a las mujeres y las niñas, como el mayor uso de anticonceptivos modernos y el menor número de partos por mujer.

Sin embargo, las mujeres y los niños en todo el mundo siguen enfrentándose a tremendos obstáculos, que les impiden disfrutar de buena salud. Demasiadas mujeres siguen sin tener acceso a planificación familiar, o se enfrentan a barreras sociales o culturales que les impiden su uso. Las muertes relacionadas con el embarazo y el parto no dan señales de reducirse en los países en desarrollo; y el 98% de los 4 millones de niños que fallecen en el primer mes de vida se encuentran en los dichos países1.

Las mujeres también representan la mitad de todas las nuevas infecciones del VIH a nivel mundial, proporción que ha venido elevándose sistemáticamente al ser ahora más común la transmisión heterosexual del virus. Y las mujeres y los niños más pobres del mundo son quienes corren el mayor riesgo de salud y tienen menores probabilidades de usar los servicios de salud que aquellos que disfrutan de mejores medios económicos.

Alto nivel de necesidad insatisfecha de anticonceptivos y partos entre adolescentes

Desde hace décadas los datos de los estudios realizados muestran que las mujeres en los países en desarrollo tienen más hijos de los que desean, si bien el número de hijos por mujer es menor que hace 10 años (3 en 2005, comparado con 3,4 en 1995) en todo el mundo en desarrollo.

Esta reducción en términos generales es buena, porque refleja la mayor capacidad de las mujeres y las parejas para hacer valer sus preferencias reproductivas.

Con la excepción de unos pocos países en el África central y occidental (como Angola, Chad, Guinea, Malí y Níger), la reducción en la fecundidad es un fenómeno mundial que resulta de las diferentes aspiraciones actuales sobre el tamaño familiar y la disponibilidad de anticonceptivos modernos. De hecho las tendencias en el uso de anticonceptivos se han elevado; se estima que el 57% de las mujeres en los países en desarrollo (excluyendo a la China) utilizan algún método anticonceptivo en 2005, comparado con un 51% en 1995.

De todas formas sigue existiendo una alta necesidad insatisfecha de anticonceptivos, puesto que más de 120 millones de mujeres en todo el mundo no los usan y dicen que preferirían no quedar embarazadas2.

La necesitad insatisfecha tiende a ser superior en los países más pobres (como los del África subsahariana), y entre las mujeres más pobres en el seno de los mismos. En los países del África subsahariana donde se han realizado encuestas de demografía y salud se ha descubierto que hasta una tercera parte de las mujeres casadas acusan una necesidad insatisfecha.

Las razones son muchas: el temor a los efectos secundarios de los anticonceptivos, el que la familia o el marido no aprueban su uso, objeciones religiosas, la dificultad para obtener insumos anticonceptivos y la falta de personal sanitario capacitado. Los estudios muestran que al ofrecer una variedad de métodos anticonceptivos, mejorar la relación entre los proveedores de los mismos y sus clientes, e informar a los posibles usuarios sobre los riesgos y beneficios puede ayudar a las parejas a lograr sus metas reproductivas.

El parto entre adolescentes también es más alto entre las mujeres más pobres. En la India alrededor de 1 de cada 10 adolescentes entre las edades de 15 a 19 años da a luz cada año; en Somalia y Liberia la proporción es de una de cada cinco. En la mayoría de los países, la fecundidad entre adolescentes es menor que hace una década porque las mujeres se casan más tarde, pero las grandes disparidades de partos entre adolescentes, tanto entre países como en el seno de los mismos, son fuente de inquietudes normativas. Las mujeres más pobres tienen muchas más probabilidades de dar a luz en su adolescencia que las que se encuentran en mejores condiciones económicas3.

Estos partos entre adolescentes tienen serias repercusiones para la salud de las madres y sus hijos, y para la calidad de vida de ambos. Las adolescentes tienen menos experiencia, recursos y conocimientos sobre la atención prenatal y el parto. También pueden estar más propensas físicamente a ciertas complicaciones durante el parto; y los niños de las madres jóvenes también tienen mayores probabilidades de nacer prematuros y con poco peso, por lo que promover la planificación familiar entre las mujeres jóvenes para retrasar el primer parto puede tener beneficios tanto económicos como de salud para las familias.

Las muertes maternas siguen siendo altas

Aunque en los países desarrollados se considera normal la buena salud durante el embarazo y el parto, en gran parte del resto de mundo son estados que pueden presentar peligro de muerte. Más de 500.000 mujeres mueren todos los años, predominantemente en los países en desarrollo, de causas relacionadas con el embarazo, el parto, o el aborto; y por cada mujer que muere alrededor de 30 (un mínimo de 15 millones anualmente) sufren problemas de salud debilitantes, como la infertilidad o daños en el sistema reproductivo.

Si bien la probabilidad de que una mujer en un país desarrollado muera de causas relacionadas con el embarazo es de 1 en 2.800, en los países en desarrollo se eleva a 1 de cada 61. La gran mayoría de las muertes maternas tienen lugar en tan sólo dos regiones: el África subsahariana y Asia meridional central (ver el cuadro).


Cuadro
Muertes relacionadas con el embarazo

Número de muertes maternas Probabilidad de morir de causas relacionadas con la maternidad durante toda la vida
Total mundial 529.000 74
Países menos desarrollados 527.000 61
Países más desarrollados 2.500 2,800
África 251.000 20
África subsahariana 247.000 16
África septentrional 4.600 210
Asia 253.000 94
Asia meridional central 207.000 46
Sudeste asiático 25.000 140
Sudeste asiático 11.000 840
Asia occidental 9.800 190
América Latina y El Caribe 22.000 160

Observación: Los países más desarrollados son Europa, Canadá, los Estados Unidos, Japón, Australia y Nueva Zelanda, y dichos países han sido excluidos de los totales regionales correspondientes.
Fuente : OMS/UNICEF/UNFPA, Maternal Mortality in 2000, 2004.


Las tendencias en las muertes maternas son difíciles de evaluar. La medida de la mortalidad materna es problemática y compleja, lo que deja un gran margen de incertidumbre en las estimaciones que se hacen. En general parece que las tasas de mortalidad no se redujeron en la década de 1990, y que el número de muertes puede de hecho haber incrementado, debido al crecimiento de la población (que conlleva un mayor número de mujeres en edad de procrear )4.

El porcentaje de nacimientos asistidos por personal capacitado es un indicador clave que se utiliza para seguir el progreso en la reducción de la mortalidad materna. Si una mujer embarazada cuenta con la asistencia de una persona con capacitación médica (un médico, una enfermera o partera) desde el comienzo hasta el final del parto, tiene mayores probabilidades de recibir la atención médica adecuada en caso de que exista alguna complicación que ponga en riesgo su vida.


Gráfico 1
Tendencias en la asistencia por personal capacitado durante el parto

Observación: Personal capacitado son los médicos y las enfermeras o parteras
Fuente: PRB, Las mujeres de nuestro mundo 2005.


Pero las mejoras en este área, desde mediados de la década de 1990 hasta alrededor del 2000, fueron pocas, y en algunos países los datos de sondeos reflejan una reducción en dicha asistencia capacitada (ver el Gráfico 1).

Desgraciadamente la reducción en la asistencia de personal capacitado durante el parto tuvo lugar en países con índices de mortalidad materna sumamente altos. Se necesitará mayor compromiso político y financiamiento para superar problemas como la deficiente infraestructura sanitaria y la escasez de personal capacitado.

Las mujeres tienen mayor riesgo de contraer el VIH/SIDA

Una de las muchas consecuencias trágicas de la epidemia del SIDA ha sido su efecto sobre las mujeres, quienes representan más de la mitad de las infecciones del VIH en todo el mundo, y el 58% de las del África subsahariana, donde el virus se propaga principalmente por transmisión heterosexual y ha llegado a la población en general. En el África subsahariana las mujeres jóvenes tienen entre el doble y el séxtuple de probabilidades que los varones de su edad de contraer el virus.

Las mujeres, que en muchas culturas dependen económicamente de los hombres y tienen baja condición social, se encuentran por ello con mayor riesgo de contraer la enfermedad y se ven imposibilitadas para negociar medidas preventivas. Con frecuencia desconocen que sus esposos tienen otras compañeras sexuales, o que están infectados, y quizás no puedan rehusar tener relaciones con ellos, o persuadirlos para que usen condones. El riesgo es especialmente alto entre las mujeres jóvenes, que tienen mayor propensión biológica a contraer el virus y suelen tener relaciones con hombres mayores previamente expuestos a la infección.

Las mujeres también constituyen la mitad de las infecciones del VIH en El Caribe, si bien representan porcentajes menores en otras regiones donde la infección se concentra entre las poblaciones de alto riesgo, como los usuarios de drogas inyectadas y los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres. De cualquier forma, las autoridades normativas están prestando cuidadosa atención a la pandemia en Asia y Europa Oriental, donde el número de infecciones de transmisión heterosexual crece rápidamente5. En todos los países se necesita la presencia de dirigentes firmes que pongan fin al silencio y combatan el estigma del VIH y el SIDA, además de inversión en buenos programas de prevención que promuevan conductas sexuales sin riesgo.


La disparidad en la salud materno infantil según la riqueza

Gráfico 2
Vacunación infantil total, por clasificación de riqueza

Fuente: D. Gwatkin et al., Initial Country-Level Information About Socio-Economic Differences in Health, Nuturition, and Population (2003).


A pesar de las mejoras en salud pública del último medio siglo, siguen existiendo grandes disparidades en la salud y la carga materno infantil entre países y en el seno de los mismos, lo que muestra una desigualdad persistente e insidiosa. Según se indica en La disparidad de la riqueza en salud, un cuadro de datos del Population Reference Bureau sobre las mujeres y los niños de 53 países en desarrollo:

  • Las mujeres más pobres generalmente tienen más hijos que las de mejores niveles económicos, y los tienen más pronto en su vida. Las adolescentes (de 15 a 19 años) más pobres tienen un promedio del triple de probabilidades de dar a luz que las adolescentes más ricas.
  • Los hijos de las madres más pobres tienen el triple de probabilidades de sufrir retraso en el crecimiento (bajo peso para su edad), y el doble de probabilidades de morir que los de las madres más ricas.
  • Las mujeres más ricas tienen la mitad de probabilidades de estar malnutridas, cuatro veces más probabilidades de usar métodos anticonceptivos modernos, y cinco veces más probabilidades de recibir asistencia de personal médico capacitado durante el parto, en comparación con las más pobres. En Camboya el 57% de la quinta parte más rica de las mujeres embarazadas recibe tres o más consultas prenatales, mientras que sólo el 9% de la quinta parte más pobre tiene la misma atención.
  • La cobertura de vacunación infantil varía tremendamente entre los diferentes grupos de ingreso en muchos países en desarrollo (ver el Gráfico 2).

Estas diferencias fácilmente pasan desapercibidas, por no quedar reflejadas en las cifras nacionales que se utilizan para dar seguimiento y notificar los avances. A no ser que las metas nacionales traten específicamente de mejorar la equidad, los países pueden hacer logros de salud en términos generales sin hacer llegar beneficios tangibles a los grupos más pobres y vulnerables. Los programas de salud tienen que explorar diferentes formas de asignar recursos y redirigir sus esfuerzos, para que las personas más necesitadas reciban los servicios.


Lori S. Ashford es directora técnica del PRB para información sobre política pública.


Información adicional

Elizabeth I. Ransom y Nancy V. Yinger, Por una maternidad sin riesgos: Cómo superar los obstáculos en la atención a la salud materna (Washington, DC: Population Reference Bureau, 2002).

Lori Ashford y Donna Clifton, Las mujeres de nuestro mundo 2005 (Washington, DC: Population Reference Bureau, 2005).

Lori Ashford y Haruna Kashiwase, La disparidad de la riqueza en salud: Datos sobre mujeres y niños en 53 países en desarrollo (Washington, DC: Population Reference Bureau, 2003).


Referencias

  1. Save the Children, State of the World's Newborns (Washington, DC: Save the Children, 2001), visto en Internet, en www.savethechildren.org, el 24 de marzo, 2005.
  2. John Ross y William Winfrey, "Unmet Need for Contraception in the Developing World and the Former Soviet Union: An Updated Estimate," International Family Planning Perspectives 28, no. 3 (2002).
  3. Lori Ashford y Haruna Kashiwase, La disparidad de la riqueza en salud: Datos sobre mujeres y niños en 53 países en desarrollo (Washington, DC: Population Reference Bureau, 2004).
  4. OMS/UNICEF/UNFPA, Maternal Mortality in 2000: Estimates Developed by WHO, UNICEF, and UNFPA (Ginebra: Departamento de Salud Reproductiva e Investigación, Organización Mundial de la Salud, 2004): 12.
  5. ONUSIDA, Informe sobre la epidemia mundial de SIDA 2004 (Ginebra: ONUSIDA, 2004): 3-10.