(Julio 2007) Las mujeres que han sido objeto de la trata de personas y se han visto obligadas a someterse a otros, haciendo trabajo sexual entre otras cosas, tienen mayores probabilidades de sufrir múltiples problemas físicos y de salud mental que la población femenina en general, según un estudio reciente. Pero una vez liberadas de dichas situaciones pueden mostrar considerables mejoras tan sólo después de un mes de recibir atención profesional.

Charlotte Watts, la co-autora del informe titulado Stolen Smiles: A Summary Report on the Physical and Psychological Health Consequences of Women and Adolescents Trafficked in Europe abordó las consecuencias para la salud de dicho tráfico de personas y lo que puede hacerse para ayudar a estas mujeres a recuperarse. La co-autora habló en una presentación que tuvo lugar el 28 de junio en Washington, D.C., patrocinada por el Grupo de Trabajo Interinstitucional de Género (IGWG) del equipo para combatir la violencia de género (Gender-Based Violence Task Force). La Dra. Watts ostenta la cátedra Sigrid Rausing sobre Violencia de Género y Salud, y es la directora del multidisciplinario Centro sobre Género, Violencia y Salud recientemente creado en la Facultad de Higiene y Medicina Tropical de Londres.

El estudio incluyó 207 mujeres de 14 países que habían sido liberadas recientemente de una situación de este tipo. Los investigadores incluyeron en la muestra del estudio a mujeres de las cuatro “esferas de marginalización y vulnerabilidad” en el tráfico de personas: las emigrantes, las víctimas de la explotación laboral, las trabajadoras sexuales y las que son torturadas.

Según el informe, el 60% de las mujeres entrevistadas había sido objeto de abuso físico o sexual antes de ser vendidas. La cifra ascendía al 95% si se contaba su experiencia como víctimas de la trata de personas.

Al quedar en libertad muchas mujeres tenían graves problemas de salud física. En las primeras dos semanas el 57% reportó entre 12 y 23 síntomas, siendo los más frecuentes los dolores de cabeza, fatiga, mareos, dolor de espalda, dolores estomacales y abdominales, y fallas en la memoria. Después de ocho semanas de tratamiento, los problemas se redujeron considerablemente, al 7%.

“Las mejoras sugieren que conviene dar a las mujeres el tiempo, el apoyo y la atención sanitaria que es de esperarse necesitan, antes de realizar entrevistas en profundidad e interrogatorios para recabar información penal, y antes de pedirles que tomen decisiones bien pensadas”, dice Catherine Zimmerman, la otra autora del informe2.

Las mujeres que han sido víctimas de dicho tráfico también corren riesgo de sufrir trastornos psicológicos. Al llegar a unas instalaciones de atención sanitaria el 56% reportó síntomas indicativos de estés postraumático y el 95% de ellas dijeron sentirse deprimidas. Estos problemas parecen ser más duraderos, ya que la mayoría de las mujeres no mostró mejoría hasta después de haber recibido atención médica por lo menos durante 90 días.

Aunque es de sorprender que las víctimas de la trata de mujeres sufran considerables problemas de salud, sigue siendo importante reconocer la condición física y mental de las que llegan al sistema judicial, una vez liberadas de dicha subyugación. En su presentación la Dra. Watts advirtió que la víctima “puede acabar siendo tratada como delincuente, en vez de como alguien que ha pasado por terrible abuso físico y mental”.

El informe ofrece varias recomendaciones sobre la salud de estas mujeres, y va dirigido a los estados, a las autoridades normativas, a los proveedores de los servicios sanitarios y a las organizaciones no gubernamentales. La Dra. Watts y sus colegas quieren que antes que nada dichos grupos reconozcan las consecuencias de este delito para la salud de las mujeres.

También piden que existan leyes que asignen a estas mujeres la total variedad de servicios de sanidad, independientemente de su estado migratorio legal en el país. Las autoras opinan que, una vez que las mujeres son liberadas, es necesario un período de reflexión de 90 días durante el cual reciban tratamiento y se recuperen lo suficiente para decidir si desean cooperar con las autoridades o volver a su hogar de origen.

Finalmente, las autoras tratan de mejorar la actuación del sistema legal mediante talleres de sensibilización y distribuyendo panfletos sobre la forma apropiada de tratar a las víctimas de este delito. Entre los consejos prácticos que se ofrecen están la toma de conciencia del estado de salud de las mujeres, la necesidad de proporcionarles atención médica esencial antes de interrogares, y de granjearse su confianza dándoles acceso a oficiales masculinos o femeninos, según su preferencia, y utilizar intérpretes fiables que no alteren ni manipulen la respuesta de las mujeres.


Sara Maki hizo una pasantía en el PRB durante el verano del 2007 auspiciada por la Fundación Bixby.


Referencias

  1. Charlotte Watts, "Stolen Smiles: The Physical and Mental Health of Women and Adolescents Trafficked in Europe," presentación auspiciada por el Grupo de Trabajo Interinstitucional de Género (IGWG) del equipo para combatir la violencia de género (Gender-Based Violence Task Force)., Washington, D.C., 28 de junio, 2007; y Cathy Zimmerman y colaboradores, Stolen Smiles: the Physical and Psychological Health Consequences of Women and Adolescents Trafficked in Europe (Londres: Escuela de Higiene y Medicina Tropical, 2006).
  2. Cathy Zimmerman, presentación sobre las consecuencias sobre la salud de las mujeres que han sido víctimas de la trata de personas, y las implicaciones en términos de servicios y políticas (Londres: Escuela de Higiene y Medicina Tropical, 2006), visto en Internet en www.lshtm.ac.uk, el 29 de junio, 2007.