(Junio 2010) Numerosos estudios han demostrado los efectos positivos de la educación de las niñas en la mortalidad materna, la salud, las tasas de fecundidad, la pobreza y el crecimiento económico, pero menos de 2 centavos de cada dólar invertido en el desarrollo internacional va dirigido a las niñas adolescentes, quienes continúan al margen de los programas de desarrollo internacional1. Sin embargo, una declaración conjunta de las Naciones Unidas de marzo del 2010 indica que la comunidad internacional está comenzando a reconocer el gran efecto catalizador que las niñas tienen para lograr cambios2.

La inversión en las condición de las niñas adolescentes redunda en amplios beneficios

Para reducir el ciclo de la pobreza es esencial tener una población educada, sana y productiva, que pueda sustentar a la próxima generación. Las niñas adolescentes representan considerable potencial que no se aprovecha para acelerar el crecimiento nacional; y sus logros académicos, nivel de participación en la población activa y capacidad como personas que cuidan de la próxima generación tienen un gran impacto en las comunidades en su totalidad. Los países en desarrollo cuentan con alrededor de 600 millones de niñas adolescentes, y el grupo de 10 a 24 años de edad es el segmento de población en más rápido crecimiento. Esta tendencia demográfica puede servir para mejorar las perspectivas económicas de los países en desarrollo, si se proporcionan oportunidades a estas jóvenes.

Por término medio es más probable que las niñas con mayores niveles de educación formen parte de la población activa, reciban remuneración por su trabajo, ganen más para sus familias en el transcurso de sus vidas y tengan hijos más sanos que asistan a la escuela por más tiempo3. Las niñas representan una inversión más rentable en educación que los niños, y los beneficios cuando adquieren educación secundaria son especialmente altos. El rendimiento de la inversión en la educación secundaria de las niñas es un incremento del 18% en términos de su salario futuro, comparado con el 14% para los niños. Asimismo las niñas que reciben educación secundaria tienen seis veces menos probabilidades de casarse a edades tempranas, que las que reciben poca o ninguna educación4. Los logros educativos de los adultos en el hogar también tienen un efecto positivo sobre la infancia. En muchos países, los niveles de educación materna tienen mayor influencia sobre la inscripción escolar infantil que los niveles de educación paterna.

Los efectos positivos de recibir años adicionales de escolaridad van más allá del impacto salarial y su participación en la población activa. Las tasas de fecundidad y de mortalidad infantil también van estrechamente ligadas a la educación materna. Una niña que recibe educación secundaria y superior (por encima del séptimo grado), tiene 2,2 hijos menos por término medio. Los efectos positivos de la educación materna también se transmiten a la siguiente generación. Cada año adicional de escolaridad reduce la mortalidad infantil hasta en un 10%5. Por otra parte el efecto reverberante de mejorar las vidas de las jóvenes es más patente en la comunidad local, por la tendencia de las mujeres a invertir su ingreso en el hogar. Las niñas y las mujeres gastan el 90% de su sueldo en sus familias, comparado con entre el 30-40% de los hombres6. Estas características en su conjunto hacen que las jóvenes sean importantes blancos de las estrategias de crecimiento en los países en desarrollo y revelan su gran potencial con vistas a promover el desarrollo de la comunidad.

Las niñas adolescentes suelen estar desatendidas

Existen varias tendencias en el mundo en desarrollo reconocidas como negativas para el futuro de las niñas. La alta deserción escolar, el matrimonio y la maternidad a edades tempranas, y el gran riesgo de contraer enfermedades limitantes hacen difícil que las niñas salgan del ciclo de la pobreza. Los objetivos de desarrollo del milenio han llevado a prestar mayor atención a la disparidad de genero en la inscripción escolar en el mundo en desarrollo, pero la mayoría (el 54%) de los menores que no asisten a la escuela a nivel mundial siguen siendo niñas. En 28 países la inscripción en la escuela primaria es de 9 hembras, o menos, por cada 10 varones7.

Existe una alta relación entre lo extendido de la práctica de los matrimonios infantiles y la condición social de la mujer. El casamiento de las niñas es especialmente común en el Sur de Asia, el África subsahariana y algunas partes de América Latina, donde una de cada siete niñas se casan antes de los 15 años de edad y hasta el 38% lo hacen antes de cumplir los 18. El matrimonio y la maternidad a edades jóvenes son obstáculos que impiden que las niñas adquieran educación y destrezas para la vida, y que lleguen a formar parte de la población activa. Las tasas de mortalidad de los bebés que nacen de estas jóvenes menores de 20 años de edad, son 73% superiores a las de los que nacen de madres mayores. Igualmente alarmante es el grado de exposición al VIH: en 2005 el 75% de las personas de 15 a 24 años que vivían con el VIH en África eran mujeres8. Las niñas son especialmente susceptibles a la infección debido a su menor poder en la relación, su limitado acceso a información y su vulnerabilidad física, pero a pesar de estas circunstancias sobradamente documentadas, las adolescentes en la actualidad no se benefician proporcionalmente de los programas de desarrollo concebidos para la mujer. Las adolescentes quizás son uno de los grupos de población más difíciles de atender en el mundo en desarrollo, simplemente porque con frecuencia pasan desapercibidas en sus comunidades.

Declaración Conjunta de la ONU y objetivos para el futuro

Las organizaciones internacionales han empezado a incluir a las adolescentes en sus programas más amplios y están intensificando sus esfuerzos por diseñar nuevas iniciativas que atiendan mejor las necesidades de las jóvenes. En marzo del 2010, seis organizaciones de la ONU (OIT, UNESCO, FNUAP, UNICEF, UNIFEM y OMS) declararon lo siguiente: "aumentaremos el apoyo de nuestros organismos a los países en desarrollo para promover políticas y programas cruciales destinados al empoderamiento de las adolescentes a quienes resulta más difícil acceder9."

Los principales objetivos de la Declaración Conjunta de las Naciones Unidas son contar a las adolescentes, invertir en su futuro y reconocer que son una parte importante de su comunidad. La declaración incluye estas prioridades estratégicas:

  • Estudiar y cuantificar el estado actual de las niñas adolescentes en todo el mundo, para hacerlas visibles ante las autoridades que establecen las políticas. La recopilación de información correcta sobre su educación, salud y otras estadísticas relativas a la calidad de vida es crucial para identificar las áreas en que los programas tendrán el mayor impacto en su porvenir. Al obtener esta información que tanto se necesita será más fácil para las organizaciones y los gobiernos invertir en las jóvenes, y diseñar programas y políticas directamente concebidos para su bienestar.
  • Educar a las adolescentes y garantizar que tengan acceso a una educación de calidad, y facilitar su transición de la educación y formación primaria a la post-primaria, aumenta sus perspectivas de mejor vida.
  • Asegurar el acceso de las adolescentes a información de salud y nutrición adecuada para su edad, las ayudará convertirse en miembros más activos y productivos de sus comunidades.
  • Mantener a las adolescentes protegidas y libres de violencia; reconocer sus derechos humanos y darles acceso a la justicia si son víctimas de abuso y explotación.
  • Se necesitan modelos de niñas adolescentes líderes. Las niñas deben tener oportunidades para hacer amistades, recibir apoyo de mentores y no verse aisladas sin poder relacionarse socialmente. Las iniciativas deben tratar de empoderar a las adolescentes y las mujeres, promoviendo fuertes redes de contacto, para que se beneficien de la orientación tanto de adultos como de personas de su edad, y cuenten con espacios seguros donde recibir apoyo.

Mediante estos objetivos ambiciosos, la ONU adopta un papel de liderazgo en mejorar el futuro de las niñas adolescentes en todo el mundo.


Kata Fustos es una pasante en el departamento de Comunicaciones del Population Reference Bureau.


Referencias

  1. Nike Foundation, The Girl Effect, visto en www.girleffect.org, el 21 de abril, 2010.
  2. Accelerating Efforts to Advance the Rights of Adolescent Girls–A UN Joint Statement, visto en www.unfpa.org/webdav/site/global/shared/documents/news/2010/joint_statement_adolescentgirls.pdf, el 20 de abril, 2010.
  3. UN Millennium Project, Taking Action: Achieving Gender Equality and Empowering Women (Sterling, VA: Task Force on Education and Gender Equality, 2005).
  4. Ruth Levine et al., Girls Count: A Global Investment & Action Agenda Reprint (Washington, DC: Center for Global Development, 2009).
  5. T. Paul Schultz, "Health and Schooling Investments in Africa," The Journal of Economic Perspectives 13, no. 3 (1999).
  6. Nike Foundation, The Girl Effect.
  7. UNESCO, EFA Global Monitoring Report: Reaching the Marginalized (Paris/Oxford: UNESCO/Oxford University Press, 2010).
  8. Ruth Levine et al., Girls Count.
  9. Accelerating Efforts to Advance the Rights of Adolescent Girls–A UN Joint Statement.