(Enero 2010) La necesidad insatisfecha de planificación familiar, los embarazos no planeados y la realización de abortos en condiciones malsanas son cosas relacionadas entre sí. Más de 200 millones de mujeres en todo el mundo que desean dejar de tener hijos o posponer su próximo embarazo se enfrentan generalmente a embarazos no deseados, por no utilizar métodos anticonceptivos efectivos. Dicha razón es asimismo un factor importante en los 46 millones de abortos en condiciones de riesgo que ocurren mundialmente todos los años. Más de la mitad de los embarazos no intencionados acaban en abortos, y casi la mitad de todos los abortos se realizan en condiciones de riesgo o no sanitarias1.

El aborto en esas condiciones, crea un riesgo mortal que pone fin a la vida a 68.000 niñas y mujeres cada año, y deja a millones con lesiones duraderas por las consecuencias generalmente letales del procedimiento. En muchos países pobres, el tratamiento de esas secuelas absorbe hasta la mitad del presupuesto de ginecología y obstetricia de los hospitales. Las estimaciones basadas en cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) llevan a concluir que, al ritmo actual, una de cada cinco mujeres en los países en desarrollo será hospitalizada en algún momento de su vida por dichas complicaciones2.

Cada año las mujeres en los países menos desarrollados tienen 75 millones de embarazos no planeados (lo que se estima representa una tercera parte del total de los mismos). Muchas de esas mujeres siguen sin tener acceso a métodos anticonceptivos modernos (la esterilización femenina y masculina, las píldoras orales hormonales, el dispositivo intrauterino o DIU, el condón masculino, los métodos inyectables y de implantes, los métodos vaginales de barrera, el condón femenino y los anticonceptivos de emergencia), o no los usan por diversas razones. Las mujeres que no deseaban quedar embarazadas suelen recurrir al aborto, típicamente realizado fuera del contexto de los servicios y el personal de sanidad. El 97% de los abortos en esa situación, y el 99% de las muertes maternas, ocurren en los países menos desarrollados, por lo que está claro que mejorar el conocimiento de los métodos anticonceptivos, y el acceso a los mismos, es esencial para impedir los embarazos no deseados, que llevan a las mujeres a someterse a abortos en condiciones de riesgo3.

Los abortos en condiciones insalubres son algo extendido, especialmente donde el aborto es ilegal.

Casi uno de cada 10 embarazos en todo el mundo acaba con un aborto en condiciones de riesgo, lo que define la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el "procedimiento para terminar un embarazo no deseado practicado por personas que carecen de las calificaciones necesarias, o practicado en un ambiente sin las mínimas condiciones de seguridad médicas, o ambos". La OMS calcula que una de cada ocho muertes relacionadas con el embarazo a nivel mundial son consecuencia de un aborto en tales circunstancias. La carga a nivel de país es más devastadora; en África subsahariana hasta el 50% de las muertes maternas se deben a dicha causa.



En los países donde el aborto es ilegal, las mujeres que pueden costearlo suelen encontrar un médico privado, una enfermera o partera, dispuestos a realizar un aborto sin riesgo; las que no tienen dinero o acceso a dichos servicios puede que recurran a prácticas malsanas o a personal sin calificaciones. Sin embargo, la legalización tampoco garantiza suficientes servicios. En países como la India, donde el aborto ha sido legalizado desde hace décadas, existen otros factores (como la pobreza, la falta de acceso y la presión social) que impiden que las mujeres sean asistidas por personal capacitado.

El mayor acceso a los métodos anticonceptivos y su uso reduciría la incidencia del aborto, con lo que las mujeres correrían menor riesgo de morir o sufrir lesiones de por vida; pero existen obstáculos que impiden el uso de dichos métodos por las mujeres que no desean quedar embarazadas.

Obstáculos en el uso de los anticonceptivos

Las mujeres en los países en desarrollo que desean evitar el embarazo no utilizan métodos anticonceptivos, primordialmente por falta de conocimiento sobre su existencia, temor a la crítica social, por suponer que su esposo se opondría, temor a los efectos secundarios y preocupación por su salud, o porque no pueden costearlos, o acceder a los mismos.

El nivel de educación y alfabetización de la mujer, y su acceso a los medios de comunicación y los servicios de salud también influyen en su uso de métodos anticonceptivos. Las mujeres con menores niveles de educación y alfabetización, y las pobres tienen menores probabilidades de utilizar dichos métodos, si bien la falta de información ya no es la razón principal. En las últimas décadas las mujeres han adquirido conocimiento de los diferentes métodos, por lo que una razón más común en la actualidad es el temor por su salud y los efectos secundarios. En algunas sociedades que continúan valorando tener un gran número de hijos, el uso de anticonceptivos conlleva un estigma social y quizás cree desacuerdos en la relación de pareja. El estigma social puede superarse movilizando el apoyo de líderes políticos y religiosos, y logrando mayor consenso popular a nivel comunitario para promover familias más pequeñas y saludables. Bangladesh logró un alto índice de uso de métodos anticonceptivos mediante dicho apoyo, mientras que Pakistán, con una cultura similar, no apoyó fuertemente la planificación familiar sino hasta décadas después. Aunque la natalidad ha disminuido, los abortos en condiciones de riesgo continúan siendo una forma de controlar la fecundidad en Pakistán, país que tiene más del doble de mujeres que Bangladesh hospitalizadas por complicaciones debidas a ese procedimiento. Asimismo el índice de abortos en condiciones malsanas en Pakistán probablemente se subestima considerablemente, debido al estigma social en torno al aborto4.

El acceso y el costo también continúan presentando dificultades. Las mujeres más pobres son aquellas con menores posibilidades de costear los servicios de planificación familiar, por lo que tiene mayor sentido utilizar los fondos públicos de planificación familiar para ayudar a las poblaciones más pobres, que suelen tener acceso limitado a los proveedores de servicios. Asimismo, si bien los programas de planificación familiar han podido educar a las mujeres sobre la existencia de métodos anticonceptivos, se necesita mayor esfuerzo para abordar la impresión de que conllevan riesgos de salud, combatir la presión social y ampliar el acceso a los mismos. Muchos de estos obstáculos pueden superarse con información y asesoría para la población de ambos sexos.

Los varones pueden jugar un gran papel en combatir la presión y el estigma social que impiden el uso generalizado de la planificación familiar. La interpretación errónea por parte de las mujeres de la opinión de sus esposos al respecto, y la falta de comunicación entre la pareja sobre planificación familiar son obstáculos que pueden superarse. Si bien algunos hombres se oponen a que sus esposas usen métodos anticonceptivos, otros apoyan la planificación familiar o pueden ser aconsejados para ello en programas que alientan la participación masculina, como los de consejería de la pareja y los que promueven el conocimiento de los beneficios de salud, para la madre y el bebé, resultantes de poner mayor espacio entre los hijos. En un repaso reciente de la OMS sobre los programas de salud reproductiva que incluyen la participación de los varones, se ha obtenido considerable evidencia de que su presencia incluso en una sola sesión, individual o en pareja, puede elevar el apoyo del uso de los métodos anticonceptivos5.

Mayor uso de anticonceptivos, menor aborto

Dos terceras partes de todos los embarazos no deseados en los países en desarrollo tienen lugar entre mujeres que no usan ningún método. A simple vista parece obvio que si se eleva el uso de los anticonceptivos se reducirán los embarazos no deseados, disminuyendo así el índice de abortos; lamentablemente la relación entre dicho uso y los niveles del aborto no queda clara, por la escasez y la baja calidad de los datos sobre el aborto. El aborto es un tema complejo en términos sociales, políticos y éticos, y los abortos fuera del sistema de atención sanitaria pública generalmente no se reportan. También es difícil medir el uso de anticonceptivos, especialmente entre las mujeres solteras con actividad sexual. La mayor parte de los sondeos son de mujeres casadas o en unión libre, pero hay otros que indican que las adolescentes no están tan bien informadas, y que tienen menor acceso a métodos anticonceptivos que las mujeres adultas y las casadas. Las adolescentes no se sienten aceptadas en los centros de planificación familiar que no ponen interés en atraer a los jóvenes, y temen que su visita no será confidencial. Estos factores contribuyen al alto nivel de embarazos no planeados y abortos en condiciones de riesgo entre las niñas de 15 a 19 años en África, que representan el 25% de todos los abortos en dicha situación, y es un porcentaje muy superior al existente en otras regiones menos desarrolladas6.

La experiencia de las repúblicas ex-soviéticas de Kazajstán, Uzbekistán, y Kirguistán a mediados de la década de los 90 pone de relieve la relación entre el incremento en el uso de los anticonceptivos y la disminución del aborto. Los estudios sobre Asia Central son singulares e importantes por la disponibilidad de datos sobre los índices del aborto, ya que en dicha región el aborto se ofrecía extensamente y con menor estigma social que en otras partes del mundo. La amplia disponibilidad de servicios gratuitos de aborto y la falta de anticonceptivos hizo que se registraran altos índices de abortos durante la era soviética. En 1990, la tasa anual del aborto era de 181 por cada 1.000 mujeres en edad reproductiva, y se calculaba que la mujer tenía un promedio de cinco abortos en su vida. Después de la era soviética, los programas de los servicios de salud reproductiva se ampliaron para suministrar y promover el uso de anticonceptivos; y los datos de los estudios de demografía y salud, así como los procedentes de los ministerios de salud de estos tres países, mostraron notables reducciones en la incidencia del aborto con el incremento en el uso de anticonceptivos que tuvo lugar a mediados de la década de los 90.

Otro ejemplo es Bangladesh. Los investigadores consideraron los embarazos que tuvieron lugar entre 1979 y 1998 en dos áreas rurales similares, y descubrieron que el mayor acceso a servicios de planificación familiar resultó en menos abortos7.

Sin embargo la correlación entre el uso de métodos anticonceptivos y el aborto no siempre es tan clara. En un estudio realizado en 2003 por el Instituto Guttmacher se descubrió que el aumento en el uso de anticonceptivos va ligado a una reducción en el número de abortos cuando el índice de fecundidad es constante; pero si la fecundidad disminuye, la proporción de abortos y el uso de anticonceptivos generalmente se eleva de forma simultánea, ya sea porque el suministro de los anticonceptivos no es suficiente para satisfacer la demanda, o porque las campañas de educación pública no alcanzan a la población en general. Por ejemplo, en Corea del Sur, el uso de anticonceptivos y el índice de abortos ascendieron simultáneamente hasta que el aborto llegó a su mayor nivel a finales de la década de los 70. Después, los índices del aborto disminuyeron mientras que el uso de los anticonceptivos siguió en aumento. En ese período Corea del Sur estaba pasando por la transición de altos a bajos niveles de fecundidad, y parte de la demanda de la población para tener familias pequeñas se satisfacía mediante el aborto8.

Necesidad de responder a la mayor demanda de anticonceptivos

La muerte de decenas de miles de mujeres cada año como consecuencia del aborto en condiciones de riesgo es algo que puede corregirse. La necesidad de métodos anticonceptivos efectivos seguirá creciendo, a medida que los países en desarrollo continúen en su transición hacia familias de menor tamaño. Para evitar un incremento en el número de abortos que tienen lugar en condiciones malsanas, el gasto público y la inversión privada que permiten el acceso universal a los métodos anticonceptivos tienen que satisfacer la mayor cantidad de demanda, y con ello garantizar los derechos de reproducción y sanidad de la mujer. El aborto en condiciones de riesgo logrará combatirse si se eleva el uso de los métodos anticonceptivos modernos, al responder a las inquietudes de los hombres y las mujeres respecto a su uso, y ampliar la disponibilidad de los anticonceptivos, con mayor variedad de métodos, mayor acceso y menores precios.


Eric Zuehlke es un editor en Population Reference Bureau.


Referencias

  1. Deborah Mesce y Erin Sines, Unsafe Abortion: Facts and Figures 2006 (Washington, DC: Population Reference Bureau, 2006).
  2. Susheela Singh, "Hospital Admissions Resulting From Unsafe Abortion: Estimates From 13 Developing Countries," The Lancet 368, no. 9550 (2006): 1887-92.
  3. Organización Mundial de la Salud, Maternal Mortality in 2006: Estimates Developed by WHO, UNICEF, UNFPA and the World Bank (Ginebra: OMS, 2008).
  4. Singh, "Hospital Admissions Resulting From Unsafe Abortion: Estimates From 13 Developing Countries."
  5. Organización Mundial de la Salud, Engaging Men in Changing Gender-Based Inequity in Health: Evidence From Programme Interventions (Ginebra: OMS, 2007).
  6. David Grimes y colaboradores, "Unsafe Abortion: The Preventable Pandemic," The Lancet 368, no. 9550 (2006): 1908-19.
  7. Mizanur Rahman y colaboradores, "Do Better Family Planning Services Reduce Abortion in Bangladesh?"The Lancet 358, no. 9287 (2001): 1051-56.
  8. Guttmacher Institute, "Relationship Between Contraception and Abortion: A Review of the Evidence," visto en Internet en www.guttmacher.org/pubs/journals/2900603.html, el 13 de agosto, 2009.