(Junio 2010) Los índices de obesidad han aumentado drásticamente en todos los niveles socioeconómicos y grupos raciales y étnicos en los Estados Unidos. El índice general aumentó en 37% entre 1998 y 2006, lo que puso la salud familiar en riesgo y elevó el costo de la atención médica. A diferencia de los países en desarrollo, donde las personas de altos niveles socioeconómicos tienen mayor tendencia a la obesidad que quienes viven en pobreza extrema (aunque esto está cambiando), en los Estados Unidos existe una fuerte relación entre el menor ingreso y los mayores índices de obesidad, especialmente en las mujeres. Mucho de ello se debe al tipo de alimentación a que tienen acceso las personas con bajo ingreso.

Costo personal y social

La obesidad es uno de los mayores problemas de salud pública en los Estados Unidos, y tiene amplias repercusiones en el bienestar personal, familiar y de las comunidades, y el costo social de la atención sanitaria. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, la prevalencia de la obesidad se ha más que duplicado en los últimos 30 años. Uno de cada tres adultos en los Estados Unidos es obeso. La obesidad se mide usando el peso y la altura para calcular el Índice de Masa Corporal (IMC), que indica la cantidad de grasa acumulada en el cuerpo. Se considera que existe obesidad cuando el IMC es de 30 ó más.

Las consecuencias de la creciente obesidad se sienten en toda la sociedad y contribuyen al tremendo aumento en el costo de la atención médica. Los cálculos recientes indican que el costo médico directamente relacionado con la obesidad asciende a $147.000 millones (casi el 10% del costo médico total en los Estados Unidos). La carga de enfermedades relacionadas con la obesidad, como la diabetes de tipo 2, recae en mayor proporción en los estratos de menor ingreso. La mitad del costo médico debido a la obesidad lo paga Medicaid y Medicare, por lo que el presupuesto gubernamental sufre1. Pero, aparte del costo sanitario directo en medicina preventiva, diagnóstico y tratamiento, existen incluso mayores costos indirectos, como la pérdida de ingreso por menor productividad, ausencia laboral y muertes prematuras.

Correlación entre el bajo ingreso y la alta incidencia de obesidad entre las mujeres

Existe una fuerte correlación entre el menor ingreso y los altos índices de obesidad entre las mujeres de raza negra y blanca (ver la figura), si bien los índices de obesidad son relativamente estables a diferentes niveles diferentes de ingreso entre los hombres y las mujeres hispanas. Mientras que el 26,5 por ciento de los hombres con un ingreso familiar anual de menos de $10.000 son obesos, comparado con 24,6 de los hombres con ingresos de más de $75.000, la diferencia entre las mujeres es drástica –35,6% de las mujeres en el grupo de menor ingreso son obesas, comparado con el 15,5% de las mujeres en el de mayor ingreso.


Prevalencia de la obesidad, por ingreso familiar anual, entre personas de 18 a 64 años de edad

Fuente: Maximilian D. Schmeiser, Expanding Wallets and Waistlines (Madison, WI: Institute for Research on Poverty, 2008).


No hay una explicación clara de esta disparidad por sexo e ingreso, pero algunos especulan que los hombres de menor ingreso tienen trabajos más físicos y las mujeres de menor ingreso tienden a ser madres solteras con menos tiempo que las mujeres más afluentes para concentrarse en mantener una buena nutrición y salud. "El impacto del nivel socioeconómico en el peso de la mujer es una incógnita. En las naciones en desarrollo, donde el exceso de peso se observa en los niveles socio-económicos más altos, no los más bajos, también son las mujeres [quienes se ven más afectadas]. Es como si las circunstancias socio-económicas tuvieran más impacto en el cuerpo y la salud de las mujeres que de los hombres," dice , Adam Drewnoski, Director del Centro para Investigación sobre Obesidad, de la Universidad de Wisconsin.

La relación entre el bajo nivel socio-económico y la obesidad no queda del todo clara. Es algo complejo en lo que hay que examinar muchos aspectos, como las características hereditarias y el nivel de educación, lo que a su vez puede afectar tanto los factores socioeconómicos como la obesidad2. Por otra parte, si bien la relación entre el nivel socio-económico y la obesidad es importante, no es el único elemento para explicar la creciente obesidad en los Estados Unidos. Los índices de obesidad están creciendo con mayor rapidez entre las mujeres negras de ingreso medio y los hombres negros de ingreso alto3. De cualquier forma, existe un factor que claramente explica la correlación entre la obesidad y el bajo ingreso: la disponibilidad de alimentos procesados de bajo precio con alto contenido calórico.

Comida barata, comida insalubre

¿Qué hace que los índices de obesidad sean tan altos entre la población de menor ingreso? Gran parte de la investigación se ha concentrado en examinar las decisiones alimentarias y la disponibilidad de alimentos entre dicha población. Los alimentos más baratos contienen un alto nivel de cereales refinados, y azúcares y grasa adicional, y tienden a incluir ingredientes procesados y jarabe de maíz alto en fructosa, que se ha comprobado causa obesidad4. También se ha vuelto más común el consumo de refrescos y bebidas azucaradas, lo que añade calorías a la dieta diaria.

Según Max Schmeiser, del Centro de Seguridad Financiera, en la Universidad de Wisconsin en Madison, "En los Estados Unidos existe una preponderancia de alimentos baratos, procesados, con alto contenido de grasa y calorías, que son el principal sustento diario de las personas con menores recursos financieros, lo que crea un desequilibrio calórico en su dieta y lleva a la obesidad." Estos alimentos con alto contenido de azúcares y grasas pueden constituir una opción atractiva para la población de bajo ingreso, por ser apetecibles y dar mucha energía; mientras que las dietas en las que predominan alimentos de baja densidad calórica y alta densidad nutritiva son más comunes en los niveles de mayor ingreso.

"Si bien, a simple vista el nivel de ingreso parece ser un factor importante en la obesidad, la conducta personal y la posibilidad de adoptar hábitos saludables son lo que determina principalmente la relación entre el ingreso y el peso," en opinión de Schmeiser. "Creo que la existencia de mayor obesidad entre las familias de bajo ingreso, en comparación con las de alto ingreso, se debe principalmente a falta de información, buenos hábitos de nutrición, conocimiento sobre la preparación de los alimentos y el acceso a alimentos saludables o la disponibilidad de los mismos. Las familias de mayor ingreso ... tienden a vivir en vecindarios con buenas tiendas de comestibles, o tienen automóviles para llegar a las mismas." Es decir, los niveles de ingreso van ligados a distintos hábitos alimentarios y conductas que pueden causar obesidad.

Los tipos de alimentos disponibles y las opciones alimentarias nos llevan al tema de la conducta de las personas, pero este es sólo un elemento entre otros muchos, como son los factores biológicos, las normas sociales, el lugar de residencia (urbana, suburbana o rural) y los aspectos culturales.

¿Qué podemos esperar en un futuro próximo? ¿Cómo afectará la mayor inseguridad económica a los estadounidenses y su línea? ¿Ocasionará el creciente desempleo un aumento en el consumo de alimentos baratos e insalubres? Aunque parezca ilógico, algunos estudios indican que la recesión puede que reduzca los índices de obesidad, porque la gente tiende a hacer mayor ejercicio físico y comer más en casa cuando está sin empleo o pasa por penurias económicas. Cuando se recupera la economía, baja la actividad física y la dieta se vuelve menos sana, con lo que aumenta la obesidad5.


Eric Zuehlke es un editor en Population Reference Bureau.


Referencias

  1. CDC, "Overweight and Obesity: Economic Consequences," visto en www.cdc.gov/obesity/causes/economics.html, el 30 de marzo, 2010.
  2. Albert J. Stunkard y Thorkild I.A. Sorensen, "Obesity and Socioeconomic Status: A Complex Relation," New England Journal of Medicine 329, no. 14 (1993): 1036-37.
  3. Virginia W. Chang y Diane S. Lauderdale, "Income Disparities in Body Mass Index and Obesity in the United States, 1971-2002," Archives of Internal Medicine 165, no. 18 (2005): 2122-78.
  4. News at Princeton, "A Sweet Problem: Princeton Researchers Find That High-Fructose Corn Syrup Prompts Considerably More Weight Gain," visto en www.princeton.edu/main/news/archive/S26/91/22K07/, el 31 de marzo, 2010.
  5. Christopher J. Ruhm, "Are Recessions Good for Your Health?"The Quarterly Journal of Economics 115, no. 2 (2000): 617-50.