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A los 10 años de la Conferencia de El Cairo sobre la Población y el Desarrollo, las conclusiones son mixtas y queda mucho por hacer

por Sanjay Suri

(Septiembre 2004) Diez años después de que 179 países emprendieran un plan de 20 años para mejorar la salud reproductiva y otros servicios que afectan a la población y el desarrollo en todo el mundo, los analistas difieren en si la opinión de lo logrado debe ser optimista o pesimista.

El plan que se acordó en la conferencia de El Cairo en 1994 proponía integrar la planificación familiar, en su momento principal objetivo de los programas de población, en un conjunto más amplio de servicios de salud reproductiva, para mejorar la salud materno-infantil, elevar la condición y los derechos de la mujer, y prevenir la propagación de la infección del VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS).

Hoy, a mitad de camino del año 2015, fecha establecida para alcanzar los objetivos del plan, la opinión es mixta. Muchas personas disfrutan de mejor salud reproductiva, pero sigue habiendo un gran número de servicios que no pueden ser costeados por los pobres. Existe un mayor énfasis en la atención materna, pero no se observa la reducción correspondiente en su mortalidad en los países más pobres. Mayor número de niños sobreviven los primeros años de vida, pero más se quedan huérfanos a causa del VIH y del SIDA. Hay más niñas que asisten a la escuela, pero un mayor número no recibe educación debido al creciente costo escolar.

Según el informe del Estado de la Población Mundial 2004 expedido por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), los avances en los países en desarrollo se ven obstaculizados por recursos insuficientes, desigualdad persistente entre hombres y mujeres, e insuficiencia de servicios para los pobres y los adolescentes.

Existen nuevas políticas

Algunas noticias son positivas. La mayoría de los países han establecido políticas y programas de salud reproductiva (o ampliado los que tenían). Muchos también han reorientado los servicios de atención materno-infantil y planificación familiar, para mejorar la calidad y satisfacer las necesidades de los clientes. Asimismo, los derechos de reproducción (el derecho de la mujer a elegir la cantidad de hijos que desea tener y el espacio entre uno y otro) han recibido mayor atención en las leyes y las políticas.

El Estado de la Población Mundial 2004 muestra que desde 1994 un total de 46 países han promulgado leyes para elevar el acceso de ambos sexos a los servicios de salud reproductiva y garantizar que los adolescentes y las mujeres embarazadas no sufran discriminación en el ingreso escolar ni en la búsqueda de empleo. Algunos de los países de menor tamaño han adoptado nuevas políticas:

  • En Papua Nueva Guinea las mujeres ya no necesitan el permiso de sus maridos para usar anticonceptivos, y los adolescentes mayores de 16 años ya no necesitan el permiso de sus padres para tener acceso a los servicios de salud reproductiva.
  • En contraposición a su política pronatalista anterior, Laos ahora proporciona métodos anticonceptivos gratuitos a parejas.
  • La política nacional de salud de Belice incluye asistencia psicológica y pruebas del VIH voluntarias para la población y exención fiscal para las organizaciones no gubernamentales que proporcionan servicios de salud.
  • Las estudiantes embarazadas en las islas de Micronesia, en el Pacífico, pueden continuar asistiendo a la escuela, y los adolescentes no necesitan permiso de sus padres para utilizar métodos anticonceptivos.

Acceso limitado a los métodos anticonceptivos entre los pobres

A pesar de estos logros normativos, siguen existiendo grandes disparidades en la capacidad de las parejas para obtener servicios e información de salud reproductiva. Se estima que el 53% de las mujeres casadas en todo el mundo usan métodos anticonceptivos modernos (Cuadro de la población mundial 2004 del Population Reference Bureau), pero la situación varía de una región a otra. Se calcula que tan sólo el 14% de las mujeres casadas usan métodos modernos en el África subsahariana, comparado con alrededor del 43% en Asia (excluyendo China, que tiene un gran número de población y también un alto índice de uso de métodos anticonceptivos).

Un asunto de gran preocupación son las casi 201 millones de mujeres (especialmente en los países más pobres) que no están utilizando ningún método anticonceptivo y que sostienen que les gustaría espaciar o reducir sus partos. Si bien la conferencia de El Cairo puso prioridad en reducir la necesidad insatisfecha de dichos métodos, las deficiencias de financiamiento continúan representando un gran obstáculo para lograr dicho objetivo, que costaría 3.900 millones de dólares anuales, según indica el informe del Estado de la Población Mundial.

Esta necesidad insatisfecha se debe en parte a problemas en la prestación de servicios, falta de apoyo de los cónyuges y las comunidades, falta de información, limitaciones financieras y una mayor demanda. Se espera que entre los años 2000 y 2015 los usuarios de anticonceptivos en los países en desarrollo aumenten en un 40%, ya que el número de parejas en edad de procrear aumentará en 23%.

Las ONG están tratando de cubrir estas deficiencias

Las organizaciones no gubernamentales (ONG) participan cada vez más en las labores de proporcionar métodos anticonceptivos y otros servicios de salud reproductiva en los países en desarrollo. "A los gobiernos les es difícil ofrecer estos servicios porque se trata de la vida sexual de la gente", explica Patricia Hindmarsh, directora de relaciones externas de Marie Stopes International, una organización que proporciona servicios e información sobre salud sexual y reproductiva en todo el mundo.

Algunos organismos dicen que las restricciones que tuvieron lugar a partir de 2001 en los fondos asignados por los Estados Unidos a las actividades de población han creado lagunas en el financiamiento de dichos servicios. En la actualidad, Estados Unidos no puede proporcionar ayuda de planificación familiar a entidades ONG extranjeras que usen otro tipo de fondos para ofrecer información y servicios relativos al aborto (como remisiones de pacientes, etc.) en el seno de un país, excepto en casos en que la mujer sea una víctima de violación o incesto, o que su vida esté en peligro. Estas restricciones han afectado a organizaciones como el UNFPA y la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF).

Hay diversas opiniones sobre el impacto de dichas restricciones. Las autoridades de los Estados Unidos dicen que el financiamiento ha sido desviado a otros programas. Otros, como el presidente de la IPPF, Steven Sinding, afirman que el resultado ha sido el "cierre de clínicas, menores compras de anticonceptivos, un incremento en el número de embarazos no deseados, y obviamente mayores abortos en condiciones peligrosas".

Por otra parte, Thoraya Ahmed Obaid, la Directora Ejecutiva del UNFPA, sugiere que la tendencia menguante en el financiamiento proveniente de donantes puede cambiar, y que el dinero procedente de otros países ha servido para cubrir la deficiencia de financiamiento en el propio UNFPA. "En 2004 el UNFPA tendrá el presupuesto más alto desde su fundación". Obaid dijo al PRB: "Si esto es indicativo de las tendencias futuras, vamos por buen camino. En los próximos 10 años lo principal será fortalecer las respuestas nacionales para que formen parte del presupuesto de los países".

Las muertes maternas son comunes entre los pobres

Un área que requiere mayor inversión en todo el mundo es la de salud materna. A pesar del progreso realizado en algunos países, la muerte por complicaciones obstétricas sigue siendo un problema que perdura. Aproximadamente medio millón de mujeres murieron por causas relacionadas con el embarazo y el parto en 2000, y alrededor del 95% de ellas fueron en Asia (253.000) y en el África subsahariana (251.000), según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el UNFPA. También hay millones de mujeres que sobreviven el embarazo y el parto pero quedan enfermas o discapacitadas como resultado.

La conferencia de El Cairo estableció el objetivo de reducir la mortalidad materna para el año 2000 a la mitad de los niveles del decenio de 1990, y lograr otra reducción adicional del 50% para 2015. Las metas de desarrollo del milenio establecidas por los dirigentes de los países en 2000 proponen una reducción del 75% en el índice de mortalidad materna (las defunciones por cada 100.000 nacidos vivos) entre 1990 y 2015.

Dicha reducción presenta una importante dificultad. El Estado de la Población Mundial indica que, si bien se esperan algunos avances en la reducción de la morbomortalidad materna durante los próximos 10 años, los enfoques que se toman en la actualidad requieren mayores recursos y habrá que ampliarlos para proteger mejor la vida y la salud femenina.

El informe añade que para reducir dichas muertes se necesitará mayor acceso a la atención obstétrica de emergencia para las mujeres con complicaciones, así como atención capacitada durante el parto, y remisiones y transporte de pacientes para que las mujeres puedan ser atendidas sin demora. Según el UNFPA, apenas poco más de la mitad de todos los partos ocurridos en países en vías de desarrollo son asistidos por personal capacitado, pero el porcentaje es de tan sólo 35% en Asia Meridional, y 41% en el África subsahariana.

El informe del UNFPA también indica que todos los países que han logrado reducir las muertes maternas (lugares tan diversos como la China, Egipto, Honduras, Indonesia, Jamaica, Jordania y México) han abordado las cuestiones relacionadas con la existencia y el acceso a parteras capacitadas, la remisión de pacientes y los servicios obstétricos de emergencia.

De cara al provenir: Los próximos 10 años

El informe sobre el Estado de la Población Mundial dice que las prioridades normativas en los próximos 10 años deben incluir la ampliación de los programas (para satisfacer las necesidades de los más pobres), fortalecer la planificación urbana (para ofrecer servicios en las comunidades marginales), invertir en el desarrollo rural , y reformar las leyes y políticas para acabar con la discriminación contra la mujer.

Sin embargo 10 años después de la conferencia de El Cairo sigue siendo difícil medir el progreso realizado en dichos objetivos. El plan de El Cairo carece de indicadores para determinar el progreso realizado en una variedad de temas de salud y desarrollo, por lo que los propugnadores de los derechos y los servicios de salud reproductiva están procurando establecer redes más amplias de conexión con los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Afortunadamente, según muchos, el plazo de 20 años establecido en El Cairo encaja con la fecha de 2015 establecida para la mayoría de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, entre los que se encuentran el poner fin al hambre y la pobreza extremas, promover la igualdad entre los sexos y la educación primaria universal, reducir la mortalidad materno-infantil, combatir el VIH y el SIDA y preservar el medio ambiente.

"El progreso en salud reproductiva deberá ir estrechamente ligado al que se realice en los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, especialmente en lo relativo a la reducción de la pobreza, ya que influye sobre el logro de la mayoría, sino la totalidad, de los ocho objetivos", afirma Amy Tsui, profesora de ciencias demográficas y de salud familiar de la Unversidad John Hopkins, Facultad Bloomberg de salud pública.


Sanjay Suri es corresponsal de la agencia de noticias Inter Press Service en Londres.


Materiales de consulta

Carl Haub, Cuadro de la población mundial 2004 (Washington, DC: Population Reference Bureau, 2004).

Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), Estado de la Población Mundial 2004 (Nueva York: UNFPA, 2004).

Organización Mundial de la Salud (OMS), Maternal Mortality in 2000: Estimates Developed by WHO, UNICEF, and UNFPA (Ginebra: OMS, 2003), consultado en Internet en www.who.int/reproductive-health/publications/maternal_mortality_2000, el 15 de septiembre de 2004.

 



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