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El doble cisma: Los implosionistas y explosionistas ponen en peligro los avances logrados desde la conferencia de El Cairo

por William P. Butz

(Septiembre 2004) Este verano se cumplió el décimo aniversario desde que representantes de 179 países, muchísimas entidades internacionales y alrededor de 1.200 organizaciones no gubernamentales (ONG) se reunieran en El Cairo en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo, evento decisivo para la salud y la población mundial.

La Conferencia estableció metas ambiciosas en cinco áreas: planificación familiar, salud reproductiva, mortalidad infantil, educación de la mujer y esperanza de vida. Al llegar a su décimo aniversario, debemos celebrar el progreso realizado en muchas partes del mundo en las siguientes áreas:

  • La prevalencia de métodos anticonceptivos modernos (es decir, la proporción de mujeres en edad reproductiva que usan métodos anticonceptivos modernos) se ha elevado considerablemente en la mayoría de los países en desarrollo.
  • Los índices de mortalidad infantil se han reducido en la mayoría de los países en desarrollo.
  • Las niñas en todo el mundo han logrado increíbles avances en cuanto a su participación escolar
  • La esperanza de vida ha aumentado en muchos lugares

Dicho progreso (que ya estaba realizándose cuando se celebró la conferencia, aunque difícilmente se reconocía en aquel entonces) no ocurre de forma espontánea. El desarrollo socioeconómico y los merecidos avances en la promoción de la igualdad y los derechos de la mujer han sido factores esenciales. Los programas de planificación familiar y las iniciativas de salud materno-infantil también han permitido que millones de parejas puedan elegir el número de hijos que tienen y el espacio entre uno y otro, y mejorar así la salud de sus familias.

Asimismo, el apoyo financiero internacional y la asistencia técnica, las inversiones de fundaciones privadas y las nuevas prioridades de los gobiernos nacionales han sido cruciales para alcanzar los avances mundiales en salud y desarrollo propuestos en esa primera conferencia.

La división demográfica continúa

Estas mejoras en los países en desarrollo también han impulsado dos tendencias demográficas afines, que diferencian a los últimos 40 años del resto de la mayor parte del siglo XX.

  • Las tasas de fecundidad se han ido reduciendo en casi todos los países.
  • En más de una tercera parte de los países (lo que representa el 43% de la población mundial), las mujeres ahora tienen un promedio de 2 hijos. Si se mantiene este reducido nivel de fecundidad, la población en dichos países se estabilizará o incluso reducirá con el tiempo.

Mientras tanto, una tercera tendencia relacionada con las anteriores se está afianzando en los países desarrollados:

  • En Japón y en gran parte de Europa, las tasas de fecundidad se han reducido a niveles muy por debajo de los que se necesitan para mantener un nivel constante de población. Pero estas tasas no sólo han disminuido, sino que se mantienen en niveles bajos.

Estos cambios demográficos producidos desde la conferencia de El Cairo han reducido las diferencias entre países respecto a ciertos indicadores clave de población y salud. Pero la "división demográfica" (la disparidad entre las tasas de fecundidad en los países en desarrollo y los desarrollados) continúa siendo enorme.

Por ejemplo, mientras que las mujeres en Níger tienen un promedio de 8,0 hijos a lo largo de su vida, el promedio en Bulgaria es de tan sólo 1,2. No es de sorprender, por lo tanto, que las proyecciones sobre la población de Níger indiquen un crecimiento del 327% para el año 2050, mientras que en Bulgaria se espera una reducción del 38%.

Y, si bien una de cada 16 madres muere en el parto en la región del África subsahariana, solamente una de cada 2.800 pierde la vida en los países industrializados en las mismas circunstancias. El Cuadro de la población mundial 2004 muestra a simple vista muchas otras sorprendentes disparidades entre ambos grupos de países.

La división en defensa de la causa: Dos mitades que no llegan a formar un todo

Pero hoy en día existe otra división muy distinta, esta vez no entre países sino entre dos tipos diferentes de defensa de causas, que pone en riesgo incluso el progreso realizado en pos de reducir la disparidad demográfica. Estas dos partes constituyen lo que denomino "la división en defensa de la causa":

  • Los implosionistas. Esta postura sugiere que la extensa reducción en las tasas de fecundidad es más importante que cualquier otra tendencia demográfica. Los analistas y las organizaciones que adoptan esta postura vaticinan que los nuevos problemas que aquejan a Europa y Japón debido a la reducción en la fecundidad (que van desde el envejecimiento de la población, a la reducción en la población activa, la presión de la inmigración y la insuficiente demanda agregada de bienes y servicios, así como el conflicto intergeneracional) también amenazan a los países en desarrollo donde el promedio del tamaño familiar está por debajo de los dos hijos. Los implosionistas advierten que dichos problemas se extenderán con el tiempo a países cuyas tasas de fecundidad siguen siendo altas pero van en descenso.

    Los implosionistas alegan que la explosión demográfica mundial es algo del pasado, y sugieren que los gobiernos, las organizaciones internacionales y los investigadores deben concentrarse en cómo hacer frente a un futuro de tasas de fecundidad bajas y una reducción progresiva de la población.

  • Los explosionistas. Los explosionistas están del otro lado de la división en defensa de la causa demográfica. Se concentran en el considerable crecimiento que todavía seguirá existiendo en la mayoría de los países en desarrollo. Dicen que incluso los países en desarrollo con tasas de fecundidad relativamente bajas continuarán teniendo un gran número de niños y jóvenes durante los años venideros, que pasarán a formar parte de la población en edad de procrear. Este grupo también pone de relieve el hecho de que siguen existiendo millones de mujeres con insuficiente acceso a los servicios de salud reproductiva y métodos anticonceptivos modernos, y que muchos países todavía sufren un alto índice de mortalidad femenina por causas relacionadas con el embarazo y el parto.

    Los explosionistas alegan que la explosión demográfica mundial es una tendencia que perdura. En su opinión, la concentración de la población en zonas urbanas y costeras, y la propagación de las pautas occidentales de consumo continuarán degradando el medio ambiente y exacerbando el calentamiento del planeta. También advierten que la creciente cantidad de jóvenes en los países en desarrollo ocasionará crisis humanitarias, guerras y otros conflictos. ¿Pero qué solución proponen para estos problemas? Que los gobiernos y las organizaciones internacionales amplíen su inversión en planificación familiar, salud reproductiva e infantil, e igualdad entre los sexos, ahora que todavía podemos evitar una catástrofe humana y ambiental.

Pero las diferencias entre estas dos posturas no son sólo cuestión de interpretación, opinión o imposición, sino una guerra cultural, con disputas frecuentes y algún que otro grito. Y como las guerras culturales de mayor envergadura en la sociedad estadounidense y otros lugares, esta división entre los defensores de la causa tiene implicaciones normativas.

Si uno escucha exclusivamente a los implosionistas, puede que pase por alto estos tres importantes factores sobre el mundo en que vivimos:

  • El crecimiento de la población continuará por décadas.
  • Dicho crecimiento creará serios problemas.
  • Habrá que continuar haciendo grandes inversiones nacionales e internacionales para desacelerar el crecimiento.

Si uno escucha sólo a los explosionistas, puede perder de vista otros tres hechos importantes:

  • Las tasas de fecundidad en todo el mundo se han reducido más rápidamente en las últimas décadas que quizás en cualquier otro período de la historia de la humanidad, al tiempo que el bienestar de las mujeres y los niños han mejorado de forma más amplia.
  • Si continúan las tendencias recientes, la población mundial dejará de crecer mucho antes del final del siglo.
  • Las dificultadas que se perfilan como resultado del cambio demográfico son graves, sin precedentes y no se entienden bien.

¿Quién puede considerar estos seis factores a la vez? ¿Qué miembro de uno u otro campo, al presentar sus puntos de vista reconoce lo que hay de cierto en la postura ajena? A juzgar por mucho de lo que he leído y escuchado, es difícil hacer planteamientos fuera de las limitaciones que se han autoimpuesto los implosionistas y los explosionistas.

El riesgo en el debate actual

El surgimiento de dos posturas opuestas sobre el futuro de la población mundial era de esperar. La perspectiva geográfica, las orientaciones políticas y los intereses institucionales tienden a ir en un sentido o en otro.

Pero si bien puede entenderse esta discrepancia entre los activistas, hay que reconocer su riesgo. Algunos de los implosionistas y explosionistas adoptan posturas extremas que acaban rezagando las mejoras de salud en los países en desarrollo, y se crea una tendencia que retrasa la eliminación de la división demográfica.

Por ejemplo, cuando los implosionistas resaltan los problemas de la reducción en la fecundidad, están distrayendo (conscientemente o inconscientemente) la atención de los donantes y las autoridades normativas de la inversión que se seguirá necesitando durante los próximos 50 años para mejorar la salud y reducir la fecundidad en los países menos desarrollados. ¿Cómo podemos mejorar los avances realizados sin continuar las inversiones que los han hecho posibles? Pero los implosionistas están convencidos de que el mundo ya ha sorteado el problema demográfico y desalientan dicha inversión. Irónicamente, el retraso en la inversión difiere la atención que se necesita para reducir la fecundidad.

De igual manera, cuando los explosionistas niegan o subestiman los extraordinarios logros de los últimos 40 años en planificación familiar, salud materno-infantil e igualdad entre los sexos están de hecho desalentando mayor inversión en dichas áreas. Después de todo, si nada funciona, si continúa habiendo una explosión demográfica mundial, ¿qué sentido tiene continuar echando dinero en saco roto? El pesimismo de los explosionistas, que frecuentemente culmina en desesperación e ira, acaba por socavar las posibilidades de éxito.

Ninguna de las dos posturas es una guía absoluta en temas de población y salud reproductiva, pero en la actualidad ambas afectan las políticas al respecto. Los implosionistas y los explosionistas sin querer se han conjugado para crear dudas entre los gobiernos, las entidades donantes internacionales y las fundaciones sobre la importancia de la inversión en cuestiones de población y salud reproductiva en los países en desarrollo. Dicha inversión sigue siendo muy importante pero no está recibiendo hoy en día alta prioridad en muchos círculos normativos.

En qué forma sigue sirviendo de guía la conferencia de El Cairo

El verdadero espíritu de la conferencia de El Cairo (promover la igualdad entre los sexos y permitir a mujeres y parejas tener mayores oportunidades y opciones) es la solución para esta división irreconciliable entre las posturas de ambos activistas. Hay que recordar a las autoridades encargadas del establecimiento de políticas que el Programa de Acción de dicha conferencia hace mucho por resolver las dificultades creadas tanto por los altos como por los bajos niveles de fecundidad. Por ejemplo:

  • Las mujeres en muchos países de baja fecundidad se ven obligadas a trabajar en vez de tener hijos, debido a la falta de servicios de guardería y a un contexto laboral que no promueve la vida familiar. Las políticas gubernamentales que sigan el espíritu de la conferencia de El Cairo podrían ampliar las opciones de dichas mujeres y alentar con ello mayores tasas de fecundidad, algo que ya está ocurriendo, por ejemplo, en Francia y Suecia.
  • Y muchas mujeres en los países en desarrollo carecen de escolaridad, oportunidades de empleo, acceso a métodos anticonceptivos modernos y reconocimiento dentro de sus propias familias. Las políticas gubernamentales que sigan el espíritu de El Cairo podrían mejorar dichas condiciones, lo que llevará a reducir las altas tasas de fecundidad en el mundo en desarrollo.

La revitalización de los objetivos de El Cairo, así como el reconocimiento de los puntos legítimos propugnados por ambos grupos de activistas, puede permitirnos salvar las disparidades demográficas y las dificultades del doble reto del crecimiento y falta de crecimiento de la población. En ensayos posteriores trataré de la naturaleza de estos retos y del importante papel del Population Reference Bureau para hacerles frente.


William P. Butz es el presidente del PRB.



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