por Karen Stanecki
(Diciembre 2004) Aunque Asia raramente ha sido un punto de concentración en la respuesta mundial contra el SIDA, dicha región y Europa del Este son dos de las áreas con el más rápido crecimiento en nuevas infecciones a nivel mundial.
ONUSIDA calcula que más de 7 millones de asiáticos están infectados por el VIH; la mayoría contrajo la infección inyectándose drogas con agujas usadas o en intercambios sexuales comerciales sin uso de condones. De hecho el rápido incremento de nuevas infecciones en Asia, la región más poblada del mundo, se debe en gran parte a la combinación de las inyecciones de drogas en condiciones de riesgo y el sexo comercial sin protección.
Las cifras de vigilancia nacional de algunos países muestran que la epidemia crece rápidamente (ver el Gráfico 1). Por ejemplo, el aumento en las infecciones del VIH entre los usuarios de drogas inyectadas en la provincia china de Guangxi ha ido acompañada posteriormente de un aumento en dicha infección entre las trabajadoras sexuales; y la situación es similar en Yakarta y Hanoi.
Hay que preguntarse por qué el incremento en el VIH entre las trabajadoras sexuales aparece unos pocos años después de observarse un aumento entre los usuarios de drogas inyectadas (UDI)
Gráfico 1
Crecimiento en la infección del VIH entre los usuarios de drogas inyectadas, seguido por un aumento de la infección entre las trabajadoras sexuales
Fuente: Monitoring the AIDS Pandemic Network, "AIDS in Asia: Face the Facts," visto en Internet, en www.mapnetwork.org/docs/map_aidsinasia2004.pdf el 30 de noviembre, 2004.
La transmisión del VIH es fácil si se comparten agujas hipodérmicas. El índice de prevalencia del VIH entre los usuarios de drogas inyectadas tiende a ser alto. En muchos lugares de Asia la mitad de todos los usuarios de drogas inyectadas están infectados, y si bien muchas personas en la comunidad de atención sanitaria pensaban que dichos drogadictos no tenían mucha actividad sexual, existen datos recientes que sugieren todo lo contrario.
Una considerable proporción de usuarios de drogas intravenosas en muchos países de Asia acuden a trabajadoras sexuales (más del 80% en Surabaya, y por encima del 50% en Hanoi y en la zona central de Bangladesh) y la mayor parte no usan condones. En algunos países, como en Viet Nam y partes de la China, también existe una alta proporción de trabajadoras sexuales que se inyectan drogas.
Para prevenir drásticos crecimientos en la infección, los usuarios de drogas necesitan disponer de agujas no contaminadas, y el uso de condones tiene que volverse normal en el sexo comercial.
Los ejemplos de Asia demuestran que la epidemia puede combatirse
Si bien los datos sobre Asia revelan aspectos que generan gran preocupación, también hay signos de avance en la región. Algunos de los mejores ejemplos de la eficacia de las tareas de prevención a nivel mundial proceden de los países asiáticos que han sabido aceptar la realidad y tomado medidas al respecto.
El éxito de la campaña de "uso de condones al 100%" en Tailandia es de todos conocido. Gracias a que el uso de condones entre las trabajadoras sexuales tailandesas es tan alto, la propagación del VIH entre los usuarios de drogas inyectadas no ha degenerado en una epidemia sexual. En Bangkok, la mayor parte de los usuarios de drogas inyectadas usan condones cuando acuden a trabajadoras sexuales.
Camboya, país vecino de Tailandia, ha tenido un éxito similar con un programa en el que se alienta a la gente joven a evitar conductas peligrosas. Gracias a campañas de información pública, dicho programa también ha combatido el estigma que sufren las personas infectadas con VIH; y se insta encarecidamente a los hombres a usar condones en sus relaciones con trabajadoras sexuales. El rápido incremento en el uso de condones en el sexo comercial en Camboya ha ido acompañado de un considerable descenso en la infección del VIH entre las propias trabajadoras sexuales, y la prevalencia de la infección entre sus clientes también ha disminuido.
Bangladesh ha hecho frente asimismo al peligro de la propagación del VIH entre los usuarios de drogas inyectadas. La prevención del VIH entre dicho grupo es normalmente una de las medidas que presentan mayor dificultad desde el punto de vista político, si bien es uno de los pasos más sencillos y efectivos.
Una ciudad en Bangladesh tiene un programa de reducción del daño que suministra agujas no contaminadas y servicios de salud sexual al 88% de los usuarios de drogas inyectadas en dicho lugar. Quienes no se beneficiaban antes del programa tenían muchas más probabilidades de compartir agujas con otros y tener relaciones sexuales sin protección, aparte de su menor tendencia a buscar tratamiento adecuado cuando sufrían alguna infección de transmisión sexual (ITS).
Algo más importante es que Bangladesh tuvo la visión de permitir que una organización no gubernamental estableciera el programa antes de que se detectara la infección del VIH entre ese grupo de población. El programa ha contribuido a mantener la prevalencia de la infección a niveles bajos y no se han detectado hasta la fecha casos seropositivos en el área entre los usuarios de drogas inyectadas, lo que se contrasta con la situación de la India, Indonesia, Myanmar, Tailandia y Viet Nam, donde la infección del VIH entre los usuarios de drogas inyectadas ha pasado en unos pocos años de casi nada a niveles del 50% o superiores.
Los programas de Asia ofrecen lecciones valiosas
Como muestran estos ejemplos, Asia no sólo se ha visto obligada a enfrentar la epidemia del SIDA, sino que ha demostrado capacidad para combatirla. Los países con buenos resultados ofrecen estas tres lecciones:
- Las autoridades normativas y los planificadores de programas deben ajustar su respuesta a las conductas que propagan la epidemia. En Asia dichas conductas son las drogas inyectadas, el sexo comercial y el sexo entre varones. Los países con buenos resultados han adoptado un enfoque práctico sin juzgar las conductas en cuestión.
- Es esencial que existan servicios que reduzcan directamente el riesgo de la transmisión. Los programas deben pasar de simples campañas de banderines y octavillas, a facilitar el acceso a condones, lubrificantes, agujas no contaminadas, análisis de detección y tratamiento de las infecciones de transmisión sexual.
- Si bien no es necesario ofrecer dichos servicios a todos, tienen que estar disponibles para la gran mayoría de la población que participa en conductas de alto riesgo. A los 20 años del inicio de la epidemia del VIH queda claro que no basta con pequeños proyectos piloto.
Se ha hablado mucho sobre el "acceso", y especialmente sobre el acceso a tratamiento para las personas que viven con el VIH. Asia es afortunada en el sentido de que en muchos países el número de personas con necesidad inmediata de terapia antiretroviral es todavía limitado porque las epidemias son relativamente recientes. Los países de la región pueden tratar de lograr una alta cobertura de tratamiento, al tiempo que establecen los sistemas que se necesitarán para dar servicio a mayor número de personas en el futuro.
Pero, como lo muestran los datos de Indonesia (ver el Gráfico 2), la gran dificultad de la región sigue siendo proporcionar amplio acceso a los servicios de prevención. Se calcula que tan sólo entre las poblaciones de alto riesgo en Indonesia, aproximadamente medio millón de personas necesitan servicios de prevención diariamente (como condones, agujas no contaminadas, pruebas de detección y tratamiento de infecciones de transmisión sexual). Comparados con dicha cifra, los 8.500 hombres y mujeres que requieren terapia antiretroviral en el país parecen pocos.
Gráfico 2
Es esencial el tratamiento, y los servicios de prevención del VIH siguen siendo una gran prioridad en Indonesia
Fuente: Monitoring the AIDS Pandemic Network, "AIDS in Asia: Face the Facts," visto en Internet, en www.mapnetwork.org/docs/MAP_AIDSinAsia2004.pdf, el 30 de noviembre, 2004.
Karen Stanecki es una asesora de alto nivel en temas y datos demográficos, en el Departamento de Movilización Social e Información de ONUSIDA, y forma parte del equipo de expertos de epidemiología de ONUSIDA. También es la actual directora de la red de observación de la pandemia del SIDA (Monitoring the AIDS Pandemic Network).