por Melissa Thaxton
(Julio 2005) La costa norte de Tanzania, en el Océano Índico está llena de pequeñas aldeas de agricultores y pescadores. Los pescadores locales llevan pescando en esta área por generaciones tan sólo en busca de sustento, mientras que las mujeres tradicionalmente se han encargado del hogar y de cuidar a la familia.
Pero en las últimas décadas, el comercio de la pesca ha atraído a la región a un mayor número de pescadores no locales, intermediarios y personas en busca de oportunidades económicas, y este flujo de una población sumamente móvil, junto con la pobreza crónica, la baja condición de la mujer y una creciente falta de esperanza ha llevado a generar entre dichas comunidades una cultura de comportamientos de alto riesgo (especialmente de tipo sexual). Como resultado, los trabajadores de salud dicen que los índices de prevalencia del VIH en la costa norte de Tanzania son entre dos y tres veces superiores al 7% registrado en el país entre los adultos con vida sexual, entre 15 y 49 años de edad1.
Las mujeres deben ahora contribuir considerablemente al ingreso familiar, pero como no tienen forma de hacerlo, cada vez se dedican en mayor número a la prostitución, lo que ha facilitado la propagación de la epidemia. El VIH/SIDA es en la actualidad una parte importante del círculo vicioso de pobreza, deterioro de los recursos naturales y mala salud en estas comunidades. Las intervenciones para abordar tales problemas tienen que considerarlos en su totalidad, y tener especialmente en cuenta los papeles tradicionales que ponen tanto a los hombres como a las mujeres en mayor riesgo de contraer el VIH2.
La movilidad de los hombres, el concepto de la masculinidad y el VIH/SIDA
Los pescadores y otros hombres, tanto de las aldeas locales como de lugares tan distantes como Dar es Salaam, Zanzibar, y las ciudades del interior de Tanzania, emigran hacia toda la costa norte de Tanzania, en búsqueda de oportunidades económicas entre cuatro y seis meses al año, para pescar, comerciar, o participar en el transporte de la industria del pescado y el marisco. En aldeas como Saadani , cuya población aumenta de 1.900 a 3.000 entre marzo y junio, durante la temporada de la pesca, los nuevos establecimientos, como bares y lugares que proporcionan comida o alojamiento a los trabajadores emigrantes, son un foco de intercambio de drogas, alcohol y sexo.
Estos emigrantes han formado un entramado de relaciones sexuales que ha elevado las oportunidades de propagación del SIDA entre muchas de las pequeñas aldeas pesqueras y agrícolas en el área, así como en sus propias comunidades de origen. Muchos de los emigrantes generalmente están poco informados sobre el uso de los condones y sobre el VIH/SIDA. Los estudios realizados en Tanzania descubrieron que los pescadores tenían cinco veces mayores posibilidades de morir de SIDA que de otra causa, que los agricultores de la misma región3.
Estos hombres también son más vulnerables a contraer la infección del VIH por las relaciones de género y las estructuras de poder en las comunidades. Aparte del tedio y la soledad de trabajar como emigrantes, los hombres soportan condiciones laborales peligrosas y desagradables, mal alojamiento y aislamiento social, y con frecuencia responden con una exagerada "masculinidad" y haciendo alarde de su sexualidad. El consumo de alcohol es sumamente alto en las aldeas pesqueras de Tanzania, y tener múltiples parejas sexuales o contratar servicios sexuales es algo común y socialmente aceptable.
"Corremos el riesgo de morir del SIDA para sacar adelante a nuestros hijos"
En la costa norte de Tanzania las mujeres siempre han tenido la responsabilidad primordial de la crianza de los hijos y de asegurarse de que haya suficientes recursos para satisfacer las necesidades familiares, pero los nuevos factores económicos y sociales (incluida la menor cantidad de pesca, la menguada producción agrícola y el hecho de que sus maridos gastan más en alcohol y sexo) las ha llevado a buscar ingreso para mantener el hogar.
Pero sus oportunidades han ido disminuyendo. La agricultura se ha convertido en una opción menos atractiva. Las mayores temperaturas del agua en la zona costera y su entorno en los últimos dos años han eliminado una gran parte de los criaderos de algas, y las cosechas de anacardos y frutas han sufrido considerablemente por las enfermedades de las plantas y los estragos causados por los animales no domesticados que merodean el lugar. Las mujeres de Tanzania también tienen muy poco acceso a educación, empleo, crédito y transporte, por lo que las mujeres de la costa norte (casadas o solteras, y jóvenes o viejas) están cada vez participando más en el trabajo sexual, lo que las expone a un alto riesgo de contraer el VIH.
"Aceptamos que somos ahora las mujeres quienes tenemos la responsabilidad de sacar adelante a los niños", dice una mujer de la aldea de Mkwaja. "Nos arriesgamos a morir de SIDA por el bien de nuestros hijos".
Se desconoce el verdadero alcance de la prevalencia del VIH en la región costera porque el diagnóstico es bajo y se han hecho pocas pruebas, pero el personal de salud local se basa en el considerable aumento de las enfermedades oportunistas para calcular que entre el 12% y el 20% de las mujeres en la costa de Tanzania están infectadas por el VIH. Según los datos de los hospitales del distrito de Pangani, en la costa norte, la prevalencia del VIH entre las personas que se sometieron a la prueba en 2004 era un 29% entre las mujeres y un 17% entre los hombres. (El 58% de todos los adultos que viven con el VIH/SIDA en Tanzania son mujeres).
Pero pocas son las mujeres que optan por hacerse la prueba, debido al estigma que existe en estas comunidades respecto al VIH. "Tememos saber si estamos infectadas por el VIH", explicó una de las mujeres de la pequeña aldea de Sange, "porque ese conocimiento nos hará morir antes, y nuestros esposos nos divorciarán antes de que muramos".
Por otra parte, las mujeres y las adolescentes en todas partes son especialmente vulnerables a la infección, por razones biológicas, sociales y culturales. Las niñas en estas comunidades suelen casarse a los 12 ó 13 años de edad, generalmente después de la primera menstruación. Las normas religiosas y culturales permiten que los hombres tengan varias esposas, por lo que las jóvenes normalmente se casan con hombres mucho mayores, con experiencia sexual. Asimismo las mujeres tienen más tendencia a no mostrar síntomas de infecciones de transmisión sexual, y es mucho menos probable que busquen tratamiento si están infectadas, lo que eleva la posibilidad de que contraigan el VIH.
La pobreza debido al VIH/SIDA también contribuye a la degradación de los recursos naturales y la inseguridad alimentaria
Debido a que el VIH/SIDA con frecuencia afecta a la gente en las edades de mayor actividad laboral (entre los 25 y los 45 años), la pobreza que precipita la epidemia puede tener efectos negativos sobre la producción agrícola y los recursos naturales, lo que puede mellar con especial dureza en una región como la zona costera norte de Tailandia, donde el sustento de la población depende en gran parte de la agricultura y la pesca.
A medida que los hombres y las mujeres mueren o se ponen demasiado enfermos para trabajar, los familiares tienen que buscar nuevas formas de mantener a la familia. La falta de ingreso cuando el hombre es el cabeza de familia supone una carga adicional para la mujer y sus hijos, y estos tienen que buscar fuentes alternativas de ingreso que pueden llevar en último término a una extracción de los recursos naturales más intensa y menos sostenible.
En la costa norte de Tanzania, entre dichas prácticas alternativas suelen encontrarse la explotación insostenible de los bosques y los productos forestales, como alimentos silvestres y plantas medicinales, que luego se venden en los mercados locales. También es común la mayor tala de árboles para producir carbón vegetal para la venta (especialmente cuando las familias sufren escasez seria de alimentos y tienen que obtener dinero rápidamente para comprar comida), y el empleo de pequeñas redes para la pesca marina y de agua dulce en aguas poco profundas, que cada vez tienen menos que ofrecer, también se ha elevado, porque las viudas y sus hijos buscan desesperadamente ganarse la vida.
El impacto del VIH y el SIDA también puede exacerbar el riesgo de inseguridad alimentaria y pobreza cíclica. Sin la presencia de los hombres, para que se encarguen de las labores duras de labrar la tierra y la cosecha, las mujeres a veces tienen que sustituir los cultivos tradicionales con otros, (como cultivar maíz en vez de frijoles) que requieren menos esfuerzo (y son menos nutritivos). Los niños también empiezan a participar en el trabajo, recogiendo agua o leña, y su asistencia a la escuela pasa a segundo plano.
Sólo funcionan las intervenciones multifacéticas
Es crucial entender las diferentes percepciones, papeles y responsabilidades de los hombres y mujeres, y las relaciones de poder entre ambos sexos en la sociedad, para poder abordar de forma eficaz las causas reales de los problemas más acuciantes en la costa de Tanzania.
En el caso de las mujeres, las intervenciones deben tratar de proporcionarles mayor autonomía en la generación de ingreso y mayor diversificación de las actividades que pueden realizar, así como mayor acceso a la atención sanitaria (incluidos servicios de consultoría y pruebas voluntarias de detección del VIH), servicios de educación sobre nutrición, el VIH y el SIDA, e información sobre su derecho a heredar. También es igual de importante capacitarlas para promover su liderazgo y darles mayores oportunidades para participar en los procesos de toma de decisiones.
Los hombres también necesitan oportunidades para diversificar su ingreso, recibir información sobre el VIH y el SIDA, y tener un papel activo en la gerencia de los recursos naturales costeros. La fuerte relación entre la pobreza, la movilidad de la población y el VIH/SIDA requiere soluciones integradas y creativas que se concentren en promover la igualdad de género y crear mayor conciencia del peligro del VIH/SIDA, así como promover formas sostenibles y viables de ganarse la vida.
Melissa Thaxton es analista de políticas en el PRB.
Referencias
- USAID, "Tanzania HIV/AIDS Indicator Survey (THIS)" (Dar es Salaam : USAID/Tanzania, Dar es Salaam , 2005).
- Este artículo se basa en información obtenida en enero y febrero de 2005 de una evaluación de riesgos, para el proyecto Population, Equity, AIDS, and Coastal Ecosystems Project (PEACE). Se trata de un proyecto piloto, financiado por USAID, que explora la relación entre el VIH/SIDA, la población y el medio ambiente en Tanzania. La evaluación de riesgo la realizaron PRB, el Centro de Recursos Costeros de la Universidad de Rhode Island (URI/CRC), la Unión Mundial para la Naturaleza y el Tanzania Coastal Resource Management Project (TCMP).
- Martha Ainsworth y Innocent Semali, "Who is Most Likely to Die of AIDS? Socioeconomic Correlates of Adult Deaths in Kagera Region, Tanzania," trabajo presentado en la 13ava Conferencia Internacional sobre el VIH/SIDA, del 8 al 14 de julio, 2000, en Durban, Sudáfrica.