por Eliza Barclay
(Septiembre 2005) Tanto los mexicanos que emigran a los Estados Unidos para trabajar, como muchos de los que regresan a su patria están participando cada vez más en conductas de alto riesgo que les exponen a mayores posibilidades de contraer el VIH, especialmente considerando que suelen quedar al margen de los programas normales de prevención del VIH.
Dos estudios recientes de la Iniciativa California-México contra el SIDA (un programa coordinado conjuntamente por la Secretaría de Salud de México y la oficina del rector de la Universidad de California) muestran crecientes índices de infección del VIH entre los emigrantes mexicanos, en México y California. El estudio descubrió que el 0,6% de los emigrantes mexicanos que se sometieron a pruebas en California, y el 1,1% de los emigrantes rurales adultos encuestados en México estaban infectados por el VIH. Esta última cifra es más de tres veces superior a las tasas de la infección notificadas por la población mexicana en general, entre las edades de 15 a 49 años1.
Si bien la muestra en ambos estudios se concentró en poblaciones en lugares de alto riesgo, como son los bares, los investigadores se muestran preocupados por las cifras. "Según la información que tenemos actualmente sobre la conducta sexual de la población emigrante, parece que hay mayores posibilidades de que el número de casos de SIDA aumente", dice el Dr. Carlos Magis, director de investigación del Centro nacional para la prevención y control de VIH/SIDA (CENSIDA), en México. "Esta nueva información pone de relieve la necesidad de invertir en servicios de prevención para las comunidades en los Estados Unidos y México".
Los emigrantes exhiben un nivel considerable de conductas de alto riesgo
La investigación previa muestra que los emigrantes mexicanos en California exhiben conductas de alto riesgo y pueden estar expuestos a la epidemia del VIH. En 2004, los investigadores del programa University Wide AIDS Research Program (UARP), de dicha universidad, no encontraron ninguna infección del VIH en un estudio de 75 varones representativos de las comunidades mexicanas de emigrantes; pero sí hallaron significativos niveles de conductas que ponen a la gente en riesgo de contraer el VIH, según la epidemióloga de UARP Melissa Sánchez. (UARP y CENSIDA administraron los dos nuevos estudios.)
Alrededor del 10% de los hombres en el estudio indicaron haber tenido relaciones sexuales con hombres, mientras que un 11% recibía dinero a cambio de favores sexuales, y el 51% había utilizado por lo menos una droga ilegal en los 12 meses anteriores al estudio. Alrededor del 58% de los emigrantes dijeron que habían tenido contacto vaginal sin protección en su última relación con compañeras sexuales no habituales, mientras que el 85% dijo haber tenido sexo vaginal sin protección con su pareja.
Los emigrantes también señalaron que el 25% de sus compañeras sexuales eran trabajadoras sexuales, y el 20% dijeron que su relación sexual más reciente había sido bajo los efectos de drogas o alcohol. Finalmente se detectó la presencia de clamidia tracomatis (una infección de transmisión sexual) en 3,2% de los emigrantes encuestados que vivían y trabajaban en California. (Está comprobado clínicamente que las personas con infecciones de transmisión sexual tienen mayores probabilidades de contraer el VIH.)
Mayor vulnerabilidad entre las comunidades de origen
Al tiempo que Sánchez y otros investigadores de UARP investigan las conductas de los emigrantes en California, Magis y sus colegas estudian a los emigrantes de cinco estados mexicanos con altos niveles de migración: Oaxaca, Michoacán, Zacatecas, Jalisco y el Estado de México. Sus hallazgos indican que, si bien en la actualidad no existe una prevalencia del VIH y el SIDA entre la población mexicana en general en dichos estados, ha habido un incremento en el número de casos de SIDA relacionado con el uso de drogas en las ciudades fronterizas con los Estados Unidos, y una incidencia emergente de transmisión heterosexual2.
Existen estudios anteriores que confirman dichos hallazgos. Según un informe de 1998, realizado por dos investigadores del Colegio de México, los emigrantes tienden a cambiar su comportamiento sexual debido al transitorio estilo de vida, y su contacto con la cultura estadounidense3. Por ejemplo, puede que el número de compañeras/os sexuales de los hombres se eleve al viajar de un lado a otro. La soledad, su aislamiento y la falta de mujeres en su vida, así como su llegada a una sociedad más permisiva puede hacer que los emigrantes tengan relaciones sexuales con otros hombres o con trabajadoras sexuales que sean usuarias habituales de drogas intravenosas.
En 2000, el 12,7% de todos los casos de SIDA registrados en México correspondían a personas que habían vivido en los Estados Unidos4, y a juzgar por un informe de 2004, preparado por Magis y otros investigadores mexicanos, la mayoría de las conductas sexuales de alto riesgo de los emigrantes surgen cuando están en los Estados Unidos, donde existe mayor prevalencia del VIH/SIDA (0,6% de la población total, comparado con 0,3 en México)5.
Magis dice que CENSIDA está especialmente preocupado por la transmisión del VIH/SIDA en áreas rurales mexicanas. Los servicios de sanidad son escasos en muchas de dichas comunidades, y cuando existen no están equipados para ofrecer el tratamiento específico y los servicios de prevención del VIH/SIDA6. Según el informe de 2004, la proporción de personas con SIDA que habían vivido en los Estados Unidos era mayor entre los residentes de áreas rurales (lugares de menos de 5.000 habitantes) que en las áreas urbanas (más de 500.000 habitantes). Los dos estados con mayores índices de VIH/SIDA cuyas poblaciones tienen un historial de períodos de residencia en los Estados Unidos son Michoacán y Jalisco, y ambos registran índices de infección superiores al 20%7.
Dificultades de prevención y tratamiento entre los emigrantes
Las autoridades a ambos lados de la frontera han descubierto que es sumamente difícil investigar, ponerse en contacto y dar tratamiento a los emigrantes con VIH/SIDA, o en riesgo de contraer la enfermedad. Existe una gran movilidad de población y los servicios y estrategias de divulgación varían ampliamente entre los dos países, y en el seno de los mismos.
"Tratamos de ponernos en contacto con ellos cuando vuelven a México, pero las políticas cambian continuamente en los otros lugares donde están los emigrantes", dice Magis. "Puede que trabajen en California, pero crucen la frontera en Arizona y luego el desierto. Las políticas de California no son las mismas que las de Arizona, y ambas difieren de las nuestras, lo que reduce la eficacia general".
Según Charlene Doria-Ortiz, directora ejecutiva del Centro de desarrollo de política sanitaria en San Antonio, los emigrantes con VIH/SIDA salen perdiendo cuando el protocolo de tratamiento respecto a los medicamentos que se proporcionan varía entre los estados.
"Cuando los emigrantes llegan buscando tratamiento o servicios (si es que llegan, porque muchos de ellos tienen miedo a usar los servicios de salud, por temor a que los deporten si se cuestiona su estado migratorio), quizás no saben exactamente el tipo de tratamiento que han recibido en otro sitio, lo que puede hacer difícil para el personal sanitario reestablecer un tratamiento efectivo", dice Doria-Ortiz. También añade que los recursos de salud pública de algunos estados se gastan más rápidamente que los de otros, lo que hace más difícil que los primeros (especialmente Arizona, Nuevo México y Texas) mantengan programas de divulgación y prevención".
Magis añade que otros factores también elevan la probabilidad de que los emigrantes contraigan el VIH/SIDA. Refiriéndose a estas poblaciones dice: "No hablan el idioma, su estado legal limita su acceso a los servicios de salud, piensan que dichos servicios están sólo a disposición de los inmigrantes legales, y se vuelven adictos al alcohol o las drogas al encontrarse aislados y lejos de sus hogares".
Se comienza a abordar el problema a ambos lados de la frontera
A pesar de estas dificultades las autoridades de salud a ambos lados de la frontera han comenzado a abordar el tema y a encontrar formas de combatir el problema. Por ejemplo, el Grupo fronterizo de planificación y evaluación (BPEG), en la Universidad de Texas-El Paso (UTEP), está colaborando con los proveedores de asistencia sanitaria y los programas de mejora de la capacidad para encontrar soluciones de prevención y tratamiento en Texas.
"Las soluciones han sido pocas y distanciadas en los últimos 10 años", dice Rebeca Ramos, una especialista de salud pública del BPEG. "Nos concentramos en elevar la capacidad de los proveedores de servicios sanitarios y otros programas alternativos de divulgación, inclusive los que se imparten entre personas como ellos".
El programa de Promovisión (un esfuerzo de colaboración entre UTEP, la Asociación de salud fronteriza de México-Estados Unidos, y los Centros para el control y la prevención de enfermedades) usa trabajadores de la comunidad de habla hispana (denominados promotores) para que los proveedores de atención sanitaria puedan ponerse en contacto con los pacientes con VIH/SIDA, la población móvil y los inmigrantes.
Y en México, el Instituto nacional de migración ha comenzado a mostrar videos educativos sobre el SIDA en los autobuses de los emigrantes que viajan por la zona fronteriza y sus alrededores. Existen muchos otros programas de divulgación a nivel local, como el Proyecto binacional por la causa del SIDA (PROCABI) en Tijuana, que ofrece tratamiento antiretroviral y otros servicios a pacientes de SIDA en la zona fronteriza de Tijuana-San Diego.
Magis y otros investigadores creen que los servicios de prevención serán más efectivos si se ofrecen en los Estados Unidos. "La prevención debe proporcionarse donde existe el riesgo, donde se contrae antes de recibirla", declara; pero otros expertos como Doria-Ortiz creen que la coordinación entre fronteras es igual de importante.
"Lo que necesitamos es algo como las zonas de potenciación establecidas por el gobierno federal estadounidense con fines de desarrollo económico, pero en este caso con fines de salud pública y a lo largo de la frontera", dice Doria-Ortiz. "En la actualidad existe muy poca coordinación sobre vigilancia de la situación, su medición y los esfuerzos de prevención e intervenciones de tratamiento, y ninguno de los dos países ofrece muchos servicios".
Eliza Barclay es una periodista autónoma basada en la Ciudad de México.
Referencias
- Puede obtenerse un resumen de los dos estudios en la dirección de Internet de University Wide AIDS Research Program en (http://uarp.ucop.edu). Visto el 24 de agosto de 2005.
- Carlos Magis-Rodríguez et al., "HIV/AIDS Risk Factors for Injection Drug Users in Tijuana", BC Revista Salud Fronteriza 2 (1997): 31–4.
- Carlos Magis-Rodríguez, Enrique Bravo-García, y Pilar el Rivera, "AIDS in Mexico in the year 2000", in The Mexican Response to AIDS: Best Practices, ed. Patricia Uribe y Carlos Magis–Rodríguez (Ciudad de México: Consejo nacional para la prevención y el control del SIDA, AIDS Angles Series, 2000): 13–26.
- Carlos Magis-Rodríguez et al., "Migration and AIDS in Mexico: An Overview Based on Recent Evidence", Acquired Immune Deficiency Syndrome 37, Suplemento 4 (2004): 1–11.
- Magis-Rodríguez et al., "Migration and AIDS in Mexico: An Overview Based on Recent Evidence".
- V.N. Salgado de Snyder, "Migración, sexualidad y SIDA en mujeres de origen rural: Sus implicaciones psicosociales", en Sexualities in Mexico: Some Approximations From the Social Science Perspective, ed. I. Szasz y S. Lerner (Ciudad de México: El Colegio de México, 1998): 155–71.
- Magis-Rodríguez et al., "Migration and AIDS in Mexico: An Overview Based on Recent Evidence".