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Las políticas de Brasil contra el SIDA enlazan estrechamente la prevención y el tratamiento

por Flavia Sekles

(Marzo 2005) A principios de febrero de este año, como de costumbre, prácticamente todo estaba cerrado en Brasil por las fiestas del carnaval; pero durante los cuatro días de festejos, voluntarios de más de 1.800 organizaciones no gubernamentales (ONG) distribuyeron por lo menos 11 millones de condones, pagados por el Ministerio de salud de Brasil, por encima de los 20 millones que se entregan normalmente cada mes.

Las labores de distribución de condones son una de las dos cosas que caracterizan las audaces políticas brasileñas contra el SIDA, que en la opinión de la mayoría son las más efectivas del mundo entero. La otra característica es la declaración del país de que, dispongan o no de medios económicos, los brasileños afectados por la pandemia tienen un derecho constitucional a los medicamentos antiretrovirales que se utilizan para el tratamiento del VIH y el SIDA.

“El programa brasileño del SIDA ha demostrado contundentemente que es posible paliar la epidemia en los países en desarrollo si se ligan estrechamente la prevención y el tratamiento”, dice el Dr. Mauro Schechter, profesor de enfermedades infecciosas y jefe del Laboratorio de investigación sobre el SIDA en la Universidad Federal de Río de Janeiro.

Si bien el número de brasileños con VIH sigue en aumento, puede entreverse el éxito del país si se considera lo mucho peor que podría ser la situación. El SIDA, que se identificó por primera vez en Brasil en 1983, podía haber resultado tan devastador para este país (el mayor de América Latina) como lo ha sido en África.

A principios de la década de 1990, el Banco Mundial calculaba que Brasil tendría 1,2 millones de personas con VIH para el año 2000; pero ONUSIDA estima que a finales de 2001 la población brasileña con VIH/SIDA ascendía a 630.000, entre adultos y niños; y para finales de 2003 la cifra había crecido en menos de un 1%, puesto que se calculaba que llegaba a 660.0001.

La prevalencia del VIH entre los adultos es del 0,7%. Si bien esta proporción es pequeña comparada con la de países como los del Africa Meridional (Sudáfrica tiene una prevalencia de más del 20%, por ejemplo), la enormidad del tamaño de la población brasileña significa que la epidemia podría llegar a afectar a un mayor número de personas2. Brasil es un país con 179 millones de habitantes y, según ONUSIDA, representa aproximadamente 1 de cada 4 personas, del total de la población de América Latina que vive con el VIH.

La prevención y el tratamiento, una relación clave

Han pasado 20 años desde que Brasil instauró su programa nacional contra el SIDA, que ha evolucionado hasta adoptar el doble enfoque actual de prevención y tratamiento.

En lo que respecta a la prevención, Brasil promueve abiertamente y de forma activa las relaciones sexuales sin riesgo entre los grupos de alto riesgo y los expuestos a la infección, inclusive las prostitutas y los adolescentes. Según las cifras del Ministerio de salud, el 96% de los brasileños saben que los condones sirven para prevenir la propagación de las infecciones de transmisión sexual; el 25% de los brasileños utilizan condones en todas sus relaciones sexuales; y el 67% en el contacto con un compañero sexual no habitual3. Brasil también ha impuesto programas de “reducción del daño” para usuarios de drogas, como el de suministro de agujas gratuitas, para poner paro a la transmisión del VIH.

En lo referente a tratamiento, el gobierno de Brasil proporciona medicamentos antiretrovirales gratuitos a los brasileños que los necesitan. Comenzó a hacerlo en 1996, y en la actualidad 150.000 brasileños reciben dichos medicamentos del sistema de salud pública. El gobierno calcula que la prevención y el tratamiento en las etapas tempranas de la infección han ahorrado al país más de $2.200 millones en costos de hospitalización desde que se inició la crisis4.

Según Schechter, las políticas brasileñas respecto al SIDA han cambiado como resultado de diversas presiones sociales, y su evolución no ha sido producto ni del gobierno, ni de ningún partido político.

“A principios de la década de 1980, el SIDA en Brasil era un problema de clase media y afectaba primordialmente a la población blanca residente en zonas urbanas, que no podía obtener de su seguro privado de salud los medicamentos necesarios para el tratamiento, por lo que se vio forzada a acudir al sistema de salud pública”, dice Schechter, y “al hacerlo transformó dicho sistema.”

Cooperación entre el gobierno y las ONG

Actualmente Brasil es un modelo de cooperación entre el gobierno y el sector civil.

El Banco Mundial señala que las ONG que trabajan en cuestiones sobre el SIDA han proliferado en el país, pasando de 120 grupos registrados en 1992, a más de 500 seis años después. Las ONG brasileñas se han concentrado en combatir la exclusión social y presionar al gobierno para que responda a la evolución de la crisis; y el Banco sugiere que algunas iniciativas de prevención no habrían tenido éxito sin su participación. Asimismo, las ONG fueron claves en la promulgación de las leyes que hicieron obligatorio someter las donaciones de sangre a pruebas de VIH, así como en la creación de los programas de atención en el hogar, los grupos de apoyo para los infectados con VIH, y otras labores de prevención y educación.

El Ministro de salud de Brasil y el Banco Mundial alientan la colaboración del gobierno y las ONG en cuestiones relacionadas con el VIH y el SIDA. Por ejemplo, las ONG forman parte del Consejo Nacional del SIDA, que vigila las políticas del país sobre el tema. Asimismo, se han contratado investigadores de ONG para proporcionar asistencia técnica a receptores de fondos gubernamentales destinados a combatir el VIH y el SIDA, y a diseñar, dar seguimiento y evaluar actividades relativas a nuevos proyectos sobre el SIDA5.

Continúan aumentando los nuevos casos de SIDA

Si bien ha habido avances en la prevención y el tratamiento, la situación dista que desear. En 2003 se registraron más de 32.000 casos nuevos de SIDA, en las redes de notificación de casos coordinadas por el Ministerio de salud. Este número se compara con los 18.000 casos nuevos registrados 10 años antes. El Ministerio también reconoce que existe un problema de subnotificación6.

En el último Boletín epidemiológico del SIDA y las ETS, el Dr. Pedro Chequer, Director del programa Nacional de Brasil sobre el SIDA y las ETS, pone de relieve algunas de las tendencias en la epidemia en el país7:

  • Los índices de prevalencia del VIH entre los hombres disminuyeron aproximadamente de 26 casos por 100.000 habitantes en 1998, a cerca de 23 casos por 100.000 en 2003. Entre las mujeres, dichos índices aumentaron, de alrededor de 13 casos por 100.000 en 1998 a 14 casos por 100.000 cinco años después.
  • La transmisión por uso de drogas intravenosas entre los hombres parece que va en declive, mientras que los casos nuevos debidos a hombres que tienen relaciones sexuales con hombres parecen haberse estabilizado en 26%. Los casos nuevos atribuidos al contacto heterosexual siguen aumentando.
  • Entre 2001 y 2004, más del 60% de los nuevos casos de VIH en hombres tenían lugar entre la población blanca. En lo referente a las mujeres, la incidencia de nuevos casos se ha reducido entre la población blanca, pero ha aumentado entre la raza negra. En general los blancos, que constituyen el 54% de la población, representan el 51% de los casos de SIDA del país. La población negra y la de razas mezcladas constituyen el 33% de los casos, y el resto corresponde a población india, asiática y de otras razas.
  • La incidencia está creciendo en todas las áreas geográficas de Brasil, excepto por el sudeste (la región económicamente más avanzada, que incluye Sao Paulo, Río de Janeiro, Minas Gerais y Espíritu Santo). Este dato confirma otra tendencia: La mayor incidencia tiene lugar entre los grupos menos educados de Brasil. Aproximadamente la mitad de los nuevos casos registrados representan grupos de población con poca o ninguna educación, comparado con el 30% que corresponde a personas con educación secundaria o superior.
  • Finalmente, el número de muertes de SIDA registradas se elevó en 2003, después de un descenso de varios años. En 2003 se registró el fallecimiento de más de 11.000 personas por causas relacionadas con el SIDA, lo que constituye un incremento del 2% respecto a 2002.

“El virus continuará en aumento”, dice Schechter. “Y estas personas acabarán necesitando tratamiento, lo que elevará el costo para el gobierno, tanto en términos de medicamentos como en la infraestructura necesaria para entregar los medicamentos y tratar los casos avanzados de SIDA.”

Otro problema de cara al futuro es la débil relación de Brasil con la industria de investigación farmacéutica. Antes de que Brasil aprobara las leyes de protección de la propiedad intelectual a finales de la década de 1990, los científicos brasileños en la Fundación Oswaldo Cruz comenzaron a copiar siete antiretrovirales. En la actualidad Brasil fabrica ocho de los 15 medicamentos del cóctel de tratamiento contra el SIDA8.

Si bien Brasil todavía no ha quebrantado ninguna patente, el futuro del programa se complica a media que el país responde a la necesidad de imponer leyes de protección de la propiedad intelectual, en respuesta a la modernización de su economía, y a medida que salen nuevos medicamentos al mercado, muchos de ellos patentados. Brasil aduce que el SIDA representa una emergencia nacional de salud, y que por ello puede acogerse a ciertas disposiciones especiales para obligar la expedición de licencias y producir los medicamentos en los laboratorios del gobierno.

Para evitar esa situación las empresas farmacéuticas han acordado vender a Brasil grandes cantidades de antiretrovirales a descuentos que oscilan entre el 45% y el 70%.

El costo del tratamiento por paciente se redujo de $3,810 en 1996 a $1,591 en 20039.

El anuncio que el Dr. Chequer hizo en diciembre de 2004, de que Brasil planea copiar cinco medicamentos nuevos en 2005, ha llevado a una nueva ronda de negociaciones con la industria farmacéutica. Pero dicha política eleva el riesgo con el tiempo; en este caso, porque existe menor innovación farmacéutica. Según un estudio publicado en 2003 por Pharmaprojects, cuya sede está en Londres, el número de compañías farmacéuticas envueltas en investigación sobre el VIH/SIDA se ha reducido en un 25% desde 1997, y el número de nuevos medicamentos antiretrovirales en proceso de desarrollo también ha menguado en un 33%.

Brasil promueve la cooperación entre los países afectados por el VIH

Según el Ministerio de salud, más de 30 países han adoptado alguna parte del programa brasileño contra el SIDA. Brasil recibe frecuentes consultas de países afectados por la pandemia, y promueve mayor operación económica entre los mismos.

En enero Brasil auspició una reunión de la Red Internacional de Cooperación Tecnológica sobre el VIH/SIDA, en Río de Janeiro, a la que asistieron representantes de China, Cuba, la India, Nigeria, Tailandia y Ucrania (que junto con Brasil representan casi 5 millones de personas con VIH)10 y donde se debatieron cuestiones de estrategia, epidemiología y leyes sobre la propiedad intelectual, así como la posibilidad de los países de producir antiretrovirales.

Brasil espera que la red crezca y que aumente su capacidad de negociación a medida que se unan más países. La afiliación implica un compromiso político de controlar la epidemia, la voluntad de adoptar una actitud flexible respecto a la propiedad intelectual, y la capacidad técnica para producir y desarrollar las materias primas y las medicinas.

“Brasil tiene mucho que ganar a nivel internacional si mantiene su relación actual con la industria de investigación farmacéutica”, dice Schechter. “En mi opinión personal, seguir adelante, sin un acuerdo previo, y violar patentes para mantener el modelo actual, será una pérdida para todos, y nadie saldrá ganando. Todos los que están envueltos en la crisis (los pacientes, los países y la industria farmacéutica) acabarán perjudicados a medio y largo plazo, si no existe cooperación entre todas las partes que deben actuar de forma conjunta para combatir la enfermedad”.


Flavia Sekles es una periodista brasileña y directora del Centro de información brasileño (una organización sin fines de lucro) en los Estados Unidos.


Referencias

  1. Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA), Informe sobre la epidemia mundial de SIDA 2004 (Ginebra: ONUSIDA, 2004).
  2. ONUSIDA, Informe sobre la epidemia mundial de SIDA 2004.
  3. Ministerio de salud de Brasil, Programa Nacional sobre las ETS y el SIDA, Boletim Epidemiologico: AIDS e DST , Año I, no. 1, 2004.
  4. Ministerio de salud de Brasil, Programa Nacional sobre las ETS y el SIDA, Oficina de Prensa (basado en declaraciones del Dr. Roberto Teixeira).
  5. Barbara L. Boyd y John Garrison, “NGO Participation in HIV/AIDS Control Project in Brazil Achieves Results”, World Bank Social Development Note No. 47 (Mayo 1999), visto en Internet en http://lnweb18.worldbank.org, el 14 de febrero, 2005.
  6. Ministerio de salud de Brasil, Programa Nacional sobre las ETS y el SIDA, Boletim Epidemiologico: AIDS e DST.
  7. Ministerio de salud de Brasil, Programa Nacional sobre las ETS y el SIDA, Boletim Epidemiologico: AIDS e DST.
  8. Ministerio de salud de Brasil, Programa Nacional sobre las ETS y el SIDA, Oficina de Prensa, visto en Internet en www.aids.gov.br/imprensa, el 14 de febrero, 2005.
  9. Ministerio de salud de Brasil, Programa Nacional sobre las ETS y el SIDA, Oficina de Prensa.
  10. Ministerio de salud de Brasil, Programa Nacional sobre las ETS y el SIDA, Oficina de Prensa.



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