por Barbara Crossette
(Este artículo se adaptó, con permiso, de un informe del Programa de Población de la Fundación de William y Flora Hewlett.)
(Agosto 2005) Cuando los líderes de más de 170 de los 191 miembros de las Naciones Unidas se reúnan en Nueva York a mediados de septiembre del 2005, para celebrar el 60o aniversario de la institución, el tema de reducción de la pobreza tendrá prioridad en el orden del día.
Pero la importancia crucial que los derechos reproductivos de la mujer tienen en reducir la pobreza a nivel de las comunidades no recibirá reconocimiento oficial en la Cumbre de septiembre, a pesar de los meses de esfuerzo del Proyecto del Milenio, auspiciado por las Naciones Unidad y por una gran variedad de organizaciones no gubernamentales y unos pocos gobiernos. Una vez más, la mayoría de los gobiernos se preparan para ignorar oficialmente que la libertad de la mujer para tomar decisiones sobre su salud sexual, en todos los aspectos (desde elegir el tamaño de su familia hasta protegerse contra el VIH y el SIDA), es un requisito para el desarrollo sustentable y equitativo.
Ausencia en los documentos de la plenaria de la Cumbre
En la mesa de la reunión de septiembre (junto con temas políticos de envergadura, como la reforma del Consejo de Seguridad, la creación de una comisión de mantenimiento de la paz, y la eliminación de la actual Comisión de Derechos Humanos), se reafirmará el compromiso internacional con los Objetivos de Desarrollo de las Naciones Unidas para el Milenio, adoptados como resultado de la sesión de la Asamblea General en 2000.
Entre los objetivos de desarrollo del Milenio (ODM) se encuentran erradicar la pobreza y el hambre extremas, promover la igualdad de género y la potenciación de la mujer, mejorar la salud materna y combatir el VIH y el SIDA, pero para evitar disputas internacionales se dejan a un lado los derechos sexuales y de reproducción. (Para ver una descripción completa de cómo dichos derechos quedaron fuera de los OMD lean mi anterior informe para la Fundación Hewlett1.) Por otra parte, existe un acuerdo universal de que los objetivos y metas, así como los indicadores para medirlos, no pueden, ni van a volver a expresarse o ampliarse en la actualidad, como algunos esperaban.
Ello deja únicamente la declaración de los dirigentes de gobierno al final de la cumbre como lugar para poner de relieve, y dejar constancia en actas, que los derechos de reproducción de la mujer son esenciales para lograr familias de menor tamaño, niños más sanos y mejor educados, menor mortalidad materna, menos mujeres con SIDA y otra gran variedad de beneficios sociales. La pobreza simple y sencillamente no podrá reducirse si no se da a las mujeres poder para cambiar sus vidas y las de sus familias.
Por el momento parece que la declaración que se espera que los dirigentes nacionales asistentes a la cumbre adopten al finalizar el evento podría incluir el compromiso de lograr la igualdad de la mujer, así como sugerencias de expertos independientes sobre cómo hacerlo, pero el documento sigue evitando la cuestión clave de los derechos de reproducción de la mujer. Sólo pide que las naciones aseguren "el acceso" a servicios de salud reproductiva, no el derecho a los mismos o la total libertad para usarlos. Desafortunadamente en el mundo en desarrollo muchas mujeres simplemente tienen prohibido usar dichos servicios o son objeto de violencia si lo hacen, y las clínicas en el Hemisferio Sur en su conjunto son generalmente escasas o están lejanas en las áreas rurales, y no están bien equipadas o carecen de suficiente personal en áreas urbanas.
Asimismo el compromiso del documento con los derechos de la mujer en general ya se ha debilitado y condicionado antes de la cumbre, si se compara con una versión anterior preparada en julio. La redacción actual de la declaración de los dirigentes gubernamentales se refiere a la igualdad de la mujer en el contexto del futuro de sus hijos, no como derecho valorado en sí mismo.
Esto es lo que la versión del 22 de julio, 2005, del documento decía en el párrafo 12: "Reafirmamos que la igualdad de género y la promoción y protección del pleno ejercicio por la mujer de la totalidad de los derechos humanos y libertades fundamentales es esencial para promover el desarrollo, la seguridad y los derechos humanos."
En unas pocas semanas de manipulación entre bastidores, este compromiso se ha difuminado, de forma que el párrafo 12 del borrador del 5 de agosto aparece como sigue: "Reafirmamos que la igualdad de genero y los derechos para todos, y en particular para las mujeres y los niños, son esenciales para promover el desarrollo, la paz y la seguridad. Estamos comprometidos a crear un mundo acorde a las necesidades de las generaciones futuras, considerando lo que sea mejor para los niños."
Estas revisiones han sido comunes a nivel internacional por más de una década. Los gobiernos que no tienen una declaración de derechos de la mujer (especialmente los derechos de salud reproductiva) llevan trabajando dentro de todas las instancias posibles para debilitar o retractar las promesas que algunos de ellos hicieron en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo, en El Cairo, en 1994, y la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, en Beijing, en 1995, así como en otras reuniones internacionales.
Un ambiente de descuido a nivel internacional
El clima internacional varía, desde la falta de atención hasta incluso la hostilidad, en lo relativo a los derechos de reproducción de las mujeres y las niñas. Parece clarísimo que la mayoría de los gobiernos (aunque existen excepciones) no entienden la importancia del concepto: que la atención a las necesidades sexuales de la mujer no es un tema feminista, o incluso una cuestión simplemente de interés para la mujer, sino algo de lo que depende el progreso de las naciones.
Es desalentador ver que mientras numerosos gobiernos declaran que expresaran públicamente su apoyo a los ODM en los discursos de septiembre, tan sólo muy pocos (hasta ahora Canadá, Israel y varios países nórdicos) planean declararse explícitamente a favor de los derechos reproductivos. los propugnadores de estos derechos dicen que la Unión Europea se ha expresado a favor de que se mencionen en la declaración final de la cumbre, pero hasta el momento ningún país ha logrado mencionar los derechos sexuales (de los hombres o las mujeres) en el documento final.
Stephen Lewis, que es el enviado del Secretario General de las Naciones Unidas para dar seguimiento a la situación del VIH y el SIDA en África, se ha sentido encolerizado y pesimista en los más de tres años que lleva tratando con los gobiernos africanos, y dice: "Cuando viajo, la dimensión de la pandemia que me resulta más desalentadora es la situación de las mujeres, y lo difícil que es lograr que los gobiernos se pronuncien".
"De hecho, incluso sigo entrando en debates con personalidades a muy alto nivel de gabinetes [de los gobiernos africanos], y en el momento que se menciona a las mujeres, la conversación toma un carácter bromista, como de chistes entre amigotes", añade Lewis. "Uno pensaría que, por Dios, estamos en el año 2005, y no deberían seguir existiendo ese tipo de payasadas; pero se sigue dando por hecho la autoridad masculina y el poder y los derechos del hombre, cosa que destruye toda posibilidad".
Noeleen Heyzer, Directora Ejecutiva de UNIFEM, el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer, añade que, a pesar de los años de insistencia en que el tema del género se trate como otro más, no siempre está convencida de que sus colegas (que en su mayoría son hombres) en los altos niveles del sistema de las Naciones Unidas consideren el tema de la mujer como algo central de su trabajo, en términos concretos.
"Cuando se trata de la igualdad de género y de la potenciación de la mujer no hay una clara asignación de recursos", dice Heyzer, y observa que el fideicomiso que estableció la Asamblea General de las Naciones Unidas para apoyar el trabajo sobre la violencia contra la mujer está pésimo de fondos y depende de las contribuciones que recibe.
"Hay mucha conciencia a nivel retórico de que la igualdad de género y la potenciación de la mujer son esenciales para el logro de todos los objetivos", añade. "Hablan de reducir a la mitad el nivel absoluto de pobreza, pero ¿qué mitad es la que se está dejando atrás? Espero que no sean las mujeres".
¿Son los OMD irrelevantes respecto los derechos de reproducción de la mujer?
Quienes abogan por establecer enlaces más claros entre los derechos de reproducción y la sexualidad de la mujer y los OMD coinciden en que el acontecimiento más importante que ha tenido lugar este año ha sido la publicación en enero de los informes de los grupos de trabajo del Proyecto del Milenio. Dicho Proyecto fue creado por instrucciones del Secretario General Kofi Annan como un ente asesor independiente sobre la mejor forma de lograr los ocho objetivos de desarrollo para la fecha meta de 2015.
El Proyecto del Milenio congregó a más de 265 importantes expertos de desarrollo, tomados de instituciones académicas, ONG, entidades del gobierno, el sector privado y organismos de las Naciones Unidas. Estos se dividieron en 10 grupos de trabajo que prepararon informes aparte sobre diversos aspectos de los objetivos. Los resultados totales se destilaron en un documento matriz, titulado Investing in Development: A Practical Plan to Achieve the Millennium Development Goals. Los valiosísimos informes separados de los grupos de trabajo pueden obtenerse en el la página de Internet del proyecto2.
Desafortunadamente los informes de los medios de comunicación sobre el Proyecto se refirieron primordialmente al dinero (el costo estimado en dólares de reducir o poner fin a la pobreza). Se prestó menos atención a las consideraciones sociales, culturales y políticas de alcanzar los objetivos. De nuevo, es un descuido típico: las mujeres en el sistema de las Naciones Unidas no reciben el mismo nivel de publicidad y atención de personalidades cuando tratan continuamente de promover las necesidades particulares (y con frecuencia no reflejadas en los presupuestos) de las mujeres en los países en desarrollo.
De hecho las voces de las mujeres pobres del planeta no se han escuchado de forma significativa en ningún lugar en el proceso de la cumbre de septiembre, y ciertamente no van a estar presentes en las salas de la Asamblea General de las Naciones Unidas durante la reunión en sí. Si bien la causa de estas mujeres necesita promoción, lamentablemente no constituye una inquietud oficial de importancia incluso para el grupo de los 77 (G-77), formado por más de 130 naciones en desarrollo.
Cuando el presidente actual de dicho grupo, Stafford Neil, el embajador jamaiquino a las Naciones Unidas, resumió el pensar del G-77 en el borrador del documento para la cumbre, que se circuló a finales de julio, no hubo mención alguna de las mujeres, que son activas participantes de las sociedades y economías de caribeñas. No, lo que preocupaba al G-77 era obtener más recursos y concesiones de los países desarrollados, así como reforzar sus declaraciones de soberanía nacional.
El borrador de la declaración de la cumbre sólo se refiere tangencialmente a la relación entre la salud reproductiva de la mujer y sus derechos, al reafirmar la Declaración de Beijing y la Plataforma de Acción que surgió de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en 1995. La total aplicación de esos acuerdos, dice actualmente el borrador, "es esencial para lograr los objetivos de desarrollo acordados internacionalmente". Pero si dicha frase permanece en el documento final en septiembre habrá mucha munición en los documentos de Beijing para que las mujeres los usen en impulsar mayores logros de salud reproductiva y los derechos que conlleva.
La plataforma de acción de Beijing observó que las necesidades de salud de las mujeres son iguales pero diferentes a las de los hombres, y que las mujeres se enfrentan a obstáculos singulares al ejercer su derecho a los servicios de salud. Por ejemplo, la plataforma dice que "la prevalencia entre las mujeres de pobreza y dependencia económica, la violencia que sufren y las actitudes negativas hacia ellas y las niñas, la discriminación racial y de otro tipo, el limitado control que muchas mujeres tienen sobre su vida sexual y reproductiva, y su falta de influencia en la toma de decisiones son realidades sociales que afectan negativamente su salud".
Los propugnadores de los derechos de reproducción quizás tengan que dejar de lado la cumbre del LX Aniversario de las Naciones Unidas, e incluso los OMD, en su campaña a favor de las mujeres y las niñas pobres de todo el mundo. Los materiales de referencia para dicha campaña serían la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la Mujer (CEDAW), las plataformas de acción que surgieron de El Cairo y Beijing, y los informes ahora pertinentes de los grupos de trabajo del Proyecto del Milenio, que se basan en la realidad de las vidas de las mujeres y se expresan claramente sobre el precio que las naciones acabarán pagando por ignorar los derechos de la mitad de su población.
Barbara Crossette escribe sobre asuntos internacionales y fue jefe de la sección de redacción de asuntos de las Naciones Unidas en el New York Times.
Referencias
- Barbara Crossette, "Reproductive Health and the Millennium Development Goals: The Missing Link," Studies in Family Planning 26, no. 1 (2005): 71-9. Ver también, Yvette Collymore, "Igualdad entre los sexos: Nuevas oportunidades de cara al futuro" (Washington, DC: Population Reference Bureau).
- UN Millennium Project, Task Force Reports (New York : United Nations, 2005). Visto en Internet en www.unmillenniumproject.org, el 18 de agosto , 2005.