por Heidi Worley
(Noviembre 2005) Al extenderse la pandemia del SIDA a nivel mundial y afectar cada vez más a la población femenina (ver la figura), las mujeres en los países en desarrollo (inclusive las casadas) corren mayor riesgo de contraer la infección. Los índices de la infección del VIH entre mujeres casadas o las que se encuentran en unión estable van rápidamente en aumento en todo el mundo: En el África subsahariana, donde las mujeres han sido más afectadas por la pandemia, el 57% de los casos seropositivos corresponden a mujeres y al menos una tercera parte de las mismas están casadas1.
Porcentaje de adultos (de 15 a 49 años de edad) que viven con el VIH y son mujeres, 1985- 2004
Fuente: ONUSIDA y OMS, La mujer y el SIDA (2004).
Pero la gran mayoría de las mujeres casadas en riesgo de contraer la infección no está utilizando ningún método de barrera en sus relaciones sexuales. Según ONUSIDA, tan sólo el 4,9% de las mujeres casadas en todo el mundo usan condones, y en el África subsahariana el porcentaje es tan sólo del 1,3%2. En vista de lo anterior muchos analistas piensan que el condón femenino debería convertirse en un importante medio para la prevención del VIH, especialmente entre las mujeres casadas.
En la actualidad el condón femenino es la única alternativa al condón masculino como medio de protección contra las infecciones de transmisión sexual (ITS) y el embarazo. Los estudios sobre su introducción en más de 45 países han confirmado la aceptación del método por ambos sexos3, y la investigación demuestra que, con práctica y apoyo, las mujeres pueden superar las dificultades comunes en la inserción y el uso del método4. (Organizaciones como PATH, una ONG internacional dedicada a cuestiones de salud, están tratando de desarrollar mejores condones femeninos más fáciles de insertar.)
Sin embargo los estudios también concluyen que los condones femeninos los utilizan predominantemente las mujeres que ya están acostumbradas a un método de barrera, y que prefieren alternar este método con el condón masculino5. Su uso en la práctica entre las mujeres casadas (que generalmente no encajan en la descripción anterior) no se ha estudiado lo suficientemente hasta ahora, debido en su mayor parte a que las mujeres casadas no se han considerado como grupo con alto riesgo de contraer el VIH.
El condón femenino se enfrenta a tres obstáculos para su uso generalizado: la falta de investigación sobre su aplicación en la prevención de las ITS, la dificultad de contar con la participación masculina para su uso, y el costo del método. Las autoridades encargadas del establecimiento de políticas y la comunidad de sanidad tienen que tratar activamente de superar estos obstáculos (que se detallan a continuación), para poder ofrecer a todas las mujeres otra forma de protección contra la infección del VIH.
Efectividad incierta como medida de prevención
El método se introdujo por primera vez en 1993, con el fin inicial de ofrecer un método de barrera bajo el control de la mujer que le proporcionara "doble protección" (contra las ITS y los embarazos no planeados). Si bien hay estudios recientes no publicados financiados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que validan la eficacia del condón femenino en contra de los embarazaos no deseados, los que corroboran su eficacia contra las ITS y el VIH son pocos y a pequeña escala.
Un estudio de laboratorio y tres sobre el terreno (en lugares tan variados como una clínica de ITS en los Estados Unidos, prostíbulos en Tailandia y comunidades agrícolas en Kenya) muestran que el condón femenino es por lo menos tan eficaz como el masculino para prevenir las ITS6. Pero a pesar de dichas pruebas el entusiasmo inicial por el método no se ha traducido en su acceso universal. La cantidad de condones femeninos disponibles a nivel mundial es menos del 0,5% de los condones masculinos7. Aunque al incrementar la variedad de opciones anticonceptivas de la comunidad generalmente se aumenta el nivel de protección contra las ITS, queda por analizar suficientemente si el condón femenino eleva el nivel de protección durante el coito.
Algunas investigaciones dicen que sí. Un estudio concluyó que, después de tres meses, la introducción del condón femenino había resultado en un incremento en el porcentaje de protección durante el coito, sin reducir el nivel de uso de los condones masculinos8. Otros estudios que han considerado el uso del condón femenino a largo plazo entre poblaciones de alto riesgo muestran entre pequeños y modestos incrementos en los niveles de protección durante el coito9; pero los encargados de la toma de decisiones sobre programas y políticas necesitan investigación adicional que corrobore la eficacia de este método en la prevención de las ITS y el VIH.
La importancia de la participación masculina
El uso eficaz del condón femenino también depende de una variedad de factores, incluida la participación masculina en la decisión de usarlo. Los planificadores de programas y sus defensores se refieren actualmente al condón femenino como el método por iniciativa de la mujer, con lo que subrayan que es importante una mayor participación de los hombres para su éxito futuro; y la investigación ha revelado que la reacción del hombre al condón femenino suele ser un factor importante en el uso del método por su pareja10.
Algunos estudios han revelado que los hombres están dispuestos a aceptar el condón femenino. En un estudio en Zimbabwe se descubrió que, si bien las mujeres inician el diálogo sobre el uso del método, los dos miembros de la pareja deciden su uso conjuntamente11. De hecho las mujeres casadas suelen recurrir a estrategias en lugar de una negociación directa para convencer a sus parejas de usar el condón femenino, diciéndoles por ejemplo que el coito será más placentero, o que podrán tener relaciones durante la menstruación.
Las campañas de mercadeo social también han demostrado que en ciertos contextos la comercialización del condón femenino para fines anticonceptivos eleva su aceptabilidad entre los dos miembros de la pareja12. Finalmente la satisfacción con el método va ligada a su uso continuado, y las mujeres que consideran que es fácil de utilizar suelen indicar que su pareja no ofrece objeción13.
Pero otras investigaciones han descubierto que las objeciones masculinas son cruciales en la decisión de la mujer de no usar el método. En Sudáfrica, donde el condón femenino ha sido incorporado al programa nacional de planificación familiar, la objeción del compañero sexual fue el principal obstáculo que llevó a las mujeres a abandonar el método14. Otros analistas han descubierto que algunos hombres pueden pensar que el condón femenino y otros métodos a disposición de la mujer dan a ésta demasiado control sobre la relación sexual15. Dichas objeciones pueden indicar que la relación sexual suele ser sin protección: en el estudio de Zimbabwe casi el 25% de las mujeres dijeron que su compañero se oponía a que usaran el condón femenino, y alrededor del 50% de las mujeres acabaron teniendo coito sin protección.
Claramente las consecuencias de la influencia masculina son importantes para el futuro del condón femenino, especialmente entre las mujeres casadas; pero, si bien se ha descubierto que para elevar la aceptación general del método es eficaz concentrarse en la postura masculina, también se necesita estudiar cómo la negociación sexual en diferentes contextos afecta los índices de uso del condón femenino16.
Uno de los principales obstáculos es el costo
Por último, el costo actual del condón femenino es excesivo para la mayoría de las mujeres en riesgo de contraer la infección del VIH, así como de los directores de programas con presupuestos limitados. El precio por unidad para los gobiernos de los países en desarrollo varía entre 57 y 70 centavos, comparado con el condón masculino que cuesta entre 3 y 5 centavos17. Este alto costo influye en los programas, y como consecuencia en los índices de uso. Se estima que los donantes invierten tan sólo 5 centavos en la compra de condones femeninos por cada dólar que gastan en los programas de condones masculinos18.
La empresa Female Health Company, el principal fabricante de condones femeninos, anunció recientemente que ofrecería un descuento por la adquisición de grandes volúmenes de su condón femenino de segunda generación (el FC2), pero la cantidad tiene que ser sumamente grande para recibir el descuento: entre 60 y 120 millones, a 38 centavos por condón, y menos de 60 millones a 60 centavos por condón. (En 2003 se vendieron entre 10 y 12 millones de condones femeninos.)
Otra opción (la reutilización del condón femenino tras su desinfectación en una solución de agua y cloro) podría llevar a reducir la totalidad del costo, pero puede que no sea una solución práctica considerando las condiciones en que viven la mayoría de las mujeres19. Mientras tanto algunas agencias están explorando el desarrollo de condones femeninos más económicos, que usan látex en vez de poliuretano y requieren menor costo de producción.
Los costos a corto plazo del condón femenino tienen que compararse con los costos a largo plazo de las economías y las sociedades donde las mujeres están contrayendo el VIH. Puede que al mostrar a las autoridades normativas el ahorro proyectado al estabilizar o reducir la incidencia de la infección entre las mujeres se logre atraer mayor inversión hacia el condón femenino.
Seguir avanzando para elevar el acceso
A pesar de los obstáculos anteriores, los principales protagonistas a este respecto están tratando de ampliar la disponibilidad del condón femenino. A finales de septiembre, PATH convocó una "Consulta Mundial sobre el Condón Femenino" a la que asistieron investigadores, propugnadores de la salud de la mujer, funcionarios de los ministerios de salud, autoridades de ONUSIDA y representantes de las organizaciones patrocinadoras, como el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), USAID, la Fundación de Bill y Melinda Gates, la Fundación de William y Flora Hewlett, y el Departamento del Reino Unido para el Desarrollo Internacional20. Las partes se comprometieron a un plan de acción enfocado en lo siguiente:
- liderazgo mundial para justificar que los países inviertan en el condón femenino;
- "justificar su uso" recabando evidencia convincente sobre la efectividad del condón femenino;
- compartir información mediante capacitación, vigilancia e instrumentos de evaluación, así como con el intercambio de recursos por Internet y otros mecanismos;
- esfuerzos de investigación sobre el establecimiento de estrategias para superar el sesgo de los proveedores contra el condón femenino, elevar la capacidad de las mujeres de lograr relaciones sexuales con protección, y promover el método entre los hombres; y
- desarrollo de productos mediante un cronograma de creación de nuevos productos y un grupo de desarrolladores que facilite el intercambio de información técnica y aborde los problemas de autorización.
Con su compromiso final (de propugnar la total incorporación del condón femenino en los programas de prevención del VIH) la consulta mundial resaltó lo apremiante de la situación de la mujer en la crisis del SIDA. Si bien se necesitan pruebas más contundentes para demostrar la protección de los condones femeninos contra las ITS y el VIH, la acelerada pandemia del VIH entre las mujeres (especialmente las casadas) amerita elevar el acceso al condón femenino y a la información sobre el mismo en todo el mundo.
Heidi Worley es analista de políticas de alto nivel en el Population Reference Bureau.
Referencias
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- Las presentaciones en PowerPoint hechas por los participantes en la consulta pueden verse en www.path.org.