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¿Se ha reducido en algo la desigualdad mundial entre 1960 y el 2000?

por Robert Lalasz

(Septiembre 2005) El alivio de la deuda, la reforma del subsidio agrícola, los objetivos de desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas, todo esto y muchas otras cuestiones normativas mundiales dependen de un sólo concepto: Mientras la población más rica del planeta continúa enriqueciéndose, los pobres se quedan cada vez más atrás.

Un estudio reciente aduce lo opuesto: que el mundo se volvió considerablemente menos desigual entre 1960 y el 2000, debido a los increíbles incrementos en el promedio de la esperanza de vida en los países menos desarrollados durante dicho período. Según los autores, dichas mejoras más que compensaron la creciente disparidad entre el ingreso per cápita de los países en desarrollo y los desarrollados.

El estudio apareció en el ejemplar de abril de 2005, del American Economic Review, y fue escrito entre otros por el economista de la Universidad de Chicago Gary Becker, que recibió el Premio Nobel en 1992 por su aplicación del análisis de mercados a temas no convencionales, como las pautas de divorcio, las decisiones sobre la fecundidad y la delincuencia. En esta investigación, Becker y los co-autores del artículo, Tomas J. Philipson y Rodrigo R. Soares combinan los índices de esperanza de vida al nacer con los datos de ingreso nacional per cápita, para crear un índice de "ingreso total" que luego utilizan al comparar el nivel de bienestar entre países y regiones.

"El artículo nos recuerda que el ingreso per cápita no es la única forma de medir el bienestar", dice David N. Weil, profesor de economía de Brown University. "Como persona, a mí me importa más cuántos años puedo vivir, que lo rico que soy. Si pensamos en el bienestar como una combinación de vida y consumo, este índice muestra que los países pobres se han puesto al día".

Pero Rachel Nugent, una economista especializada en desarrollo internacional y directora del proyecto BRIDGE en el Population Reference Bureau, dice que el estudio oculta el reciente retroceso en bienestar entre los más pobres del planeta. "En casi todos los países en desarrollo se vive mejor ahora que hace 45 años (antes de su modernización en comunicaciones, transporte, fabricación y comercio)", dice Nugent, "pero muchos de ellos están en peores condiciones que hace 25 años, antes de la crisis de la deuda, el VIH/SIDA y la brecha en tecnología digital".

El problema con otros índices de bienestar

En las últimas cuatro décadas del siglo XX ha habido una convergencia impresionante en las esperanzas de vida al nacer. La Organización Mundial de la Salud informa que el promedio de esperanza de vida se elevó en 23 años, por término medio, en los 50 países más pobres, pero sólo nueve años en el 50% de los más ricos (ver el cuadro). Asia y el Pacífico ocuparon la delantera, con un incremento medio de 29 años (de 42 a 71), mientras que la esperanza de vida al nacer en América del Norte se elevó tan sólo siete años, de 70 a 77.


Tendencias mundiales en la esperanza de vida al nacer y el ingreso per cápita, 1960-2000

1960
2000
Mejoras en E.V. * expresadas en términos de ingreso anual
Índice de crecimiento anual del ingreso total (porcentaje)
E.V.*
Ingreso per cápita
E.V.*
Ingreso per cápita
Europa y Asia central
68
$6.810
76
18.281
$1.809
2,7
Asia oriental y el Pacífico
42
$1.317
71
5.866
$2.600
4,8
América Latina y El Caribe
56
$3.459
70
7.161
$1.365
2,3
Oriente Medio y África septentrional
48
$1.935
69
5.525
$1.817
3,4
América del Norte
70
$12.380
77
32.880
$2.804
2,7
Asia meridional
44
$892
63
2.346
$635
3,1
África subsahariana
41
$1.470
46
1.573
$72
0,3
50% de los países más pobres en 1960
41
$896
64
3.092
$1.456
4,1
50% de los países más ricos en 1960
65
$7.195
74
18.162
$2.076
2,6
Nivel mundial
49
$2.983
67
7.236
$1.627
2,8

*E.V. = Esperanza de vida.

Observaciones: El ingreso per cápita es el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita a precios de 1996, ajustado para reflejar los términos de intercambio (Penn World Tables 6.1). La esperanza de vida es la esperanza de vida al nacer (World Development Indicators, World Bank). Los promedios regionales han sido ponderados con respecto a la población del país. La muestra incluye 96 países, que representan más del 82% de la población mundial. Valor de las mejoras en esperanza de vida según los cálculos de los autores.

Fuente: Gary S. Becker, Tomas J. Philipson, y Rodrigo R. Soares, "The Quantity of Life and the Evolution of World Inequality," American Economic Review 95, no.1 (2005): 277-91


Pero reflejar esta tendencia en un índice de bienestar comparativo ha sido problemático por mucho tiempo para los economistas. Los índices tradicionales, como el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, consideran factores como los niveles de alfabetización y la esperanza de vida (ponderación que Becker y otros economistas consideran arbitraria).

Para resolver este problema, Becker y los co-autores calcularon el valor monetario en dólares del cambio en el promedio de la esperanza de vida al nacer en 96 países, entre 1960 y 2000. Los investigadores hicieron estos cálculos utilizando un amplio acervo de datos de investigación sobre cómo la gente cuantifica el riesgo; por ejemplo, cuánto más están dispuestos a pagar por un vehículo seguro, o aceptar como salario por un trabajo peligroso comparado con uno relativamente sin riesgo. "Nos basamos en cuánto valora la gente el cambio en la esperanza de vida", dice Becker.

El estudio razona que la salud mejoró drásticamente en el mundo menos desarrollado después de la década de 1960, incluso contando los devastadores efectos del SIDA en la década de 1990. Mientras que el "ingreso total" en la mitad más pobre de los países creció a un promedio anual de 4,1%, en la mitad más rica creció tan sólo 2,6% por año, aunque esta cifra representó de todas formas alrededor de $600 dólares anuales más para los ricos que para los pobres (ver el cuadro). El incremento en ingreso total en los países menos desarrollados atribuido a la salud (1,7%) fue más de cuatro veces superior al registrado en los países más ricos (0,4%).

"Ha habido mayores logros en materia de salud que en ingreso", dice Weil, "probablemente porque es más fácil transferir el conocimiento sobre salud que los medios para elevar el ingreso. Se puede vacunar a alguien contra la viruela, pero para hacer rica a una persona pobre generalmente el país necesita instituciones económicas y legales que funcionen, y un gobierno relativamente libre de corrupción, entre otras cosas".

Transferencia de tecnologías médicas claves y económicas

Becker y los co-autores también desglosaron los avances médicos que representaron mayores cambios en aminorar la disparidad de ingreso, y descubrieron que las reducciones en mortalidad por enfermedades infecciosas, trastornos respiratorios y digestivos, las enfermedades congénitas y las que surgen durante el puerperio (que generalmente ocurren antes de los 20 años de edad, o entre los 20 y los 50) eran responsables de la mayoría de la reducción en las desigualdades de esperanza de vida. Tan sólo el menor número de muertes por enfermedades digestivas y respiratorias representó el 81% de la reducción.

Por otra parte las reducciones en mortalidad atribuibles a enfermedades del sistema nervioso, los órganos de los sentidos y las enfermedades cardiovasculares se refirieron mayormente a gente de la tercera edad en los países más ricos y no tanto en los pobres (lo que eleva la desigualdad en salud a nivel mundial). Becker y los coautores concluyen que la reducción en la disparidad en el ingreso total se debió principalmente a "programas de educación sanitaria e intervenciones simples".

"Creo que es razonable suponer que la transferencia internacional de tecnología y conocimientos médicos es bastante buena", dice Becker. "Los países pobres están realizando avances contra enfermedades [como las diarreicas] que son relativamente baratas de combatir, pero no en tratar el aumento en las crecientes enfermedades cardiovasculares, que puede ser caro (como en el caso de la cirugía a corazón abierto o la angioplastia) para ser efectivo.

¿Son los países la mejor unidad de análisis?

No todos los analistas tienen buena impresión del nuevo índice. Nugent, del PRB, dice que cuando se usan promedios de país se pierden de vista los cientos de millones de personas en el mundo en desarrollo que siguen sin tener suficiente acceso a los servicios de salud.

"El estado de salud se refiere a personas, no países", afirma. "Incluso en los países en desarrollo donde no existen grandes disparidades en riqueza e ingreso, sigue habiendo una gran variación en el estado de salud de los diferentes miembros de la población, y si los programas se diseñaran para lo que se considera el promedio de salud de un país no se atendería a quienes ocupan los niveles inferiores de ingreso".

Nugent también piensa que el índice del ingreso total pone mayor énfasis en la cantidad que en la calidad de vida. "Uno siempre quiere aumentar los años de vida", continúa, "pero cuando se extiende la vida de un niño en Zambia por un año más, la mayor parte de ese tiempo sufre de malaria, cosa que no se tiene en cuenta en este enfoque transnacional combinado".

Weil dice que los datos que existen no permiten hacer comparaciones más sutiles. "En teoría uno podría considerar la desigualdad en la esperanza de vida de un país (comparar el cuartil más pobre con el más rico), señala, "pero esos datos no existen de forma comparativa para un gran número de países". (Las cifras de mortalidad infantil y de lactantes, un gran factor al determinar los índices de esperanza de vida, existían expresados por quintiles en las encuestas demográficas y de salud de 56 países, en 2002).

La reducción en la desigualdad está en peligro

Nugent teme que las autoridades normativas usen los resultados de este estudio como pretexto para recortar la inversión en salud e incluso la asistencia al desarrollo en general, pero Becker dice que el estudio recomienda más inversión sanitaria, no menos.

"Las implicaciones normativas más importantes del estudio son que las mejoras de salud están justificadas porque la gente las valora muchísimo (yo diría que tremendamente)", afirma Becker. "La política sanitaria tiene que tener eso en cuenta".

Becker declara asimismo que nadie debe pensar por las divergentes tendencias en ingreso y desigualdad sanitaria que el gasto en salud limita de alguna forma el desarrollo económico.

"La inversión sanitaria mejorará los índices normales de crecimiento del ingreso, así como la salud", afirma. "Si se invierte en mejorar la salud, especialmente entre la gente joven, se obtiene una fuerza laboral más enérgica y capaz de trabajar mejor".

Pero Nugent aduce que las tecnologías médicas para combatir las enfermedades de los países pobres suelen quedar rezagadas en su desarrollo, porque el incentivo de ganancias es poco; y aclara que "los pobres de todo el mundo necesitan inversiones específicas, y no sólo la transferencia futura de tecnologías concebidas para los ricos".

Desafortunadamente es posible que factores como la propagación de la epidemia del SIDA en África, la existencia de nuevos principios de enfermedades infecciosas en Asia y el gasto en costosas tecnologías médicas por parte de los países en desarrollo hayan de hecho puesto ya fin a esta tendencia de 40 años de contracción de la desigualdad en el ingreso total.

"Reflejamos parte del efecto del SIDA en nuestras cifras, pero no lo suficiente, debido a falta de datos y tiempo", dice Becker. "Los países más ricos están haciendo considerable inversión en modificaciones genéticas y atención médica de las personas mayores, lo que puede revertir la tendencia a menor desigualdad".


Robert Lalasz es un redactor de alto nivel en el PRB.


Referencias

Gary S. Becker, Tomas J. Philipson, y Rodrigo R. Soares, "The Quantity and Quality of Life and the Evolution of World Inequality", American Economic Review 95, no. 1 (2005): 277-91.



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